Presente y futuro de la sanidad privada

Los sistemas público y privado se necesitan mutuamente para resolver sus problemas

sanidad privada 2

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Ignacio Riesgo

Ignacio Riesgo

En España hay más de 10,3 millones de personas que pagan una prima mensual por tener un seguro de salud privado: el 21,6% de la población (ahí no se incluyen los 1,7 millones que tienen opcionalmente cobertura sanitaria por aseguradoras a través del sistema Muface). Es decir, más de uno de cada cinco españoles. Este porcentaje es muy superior en Cataluña y en la Comunidad de Madrid.

¿Qué lleva a esa parte de la población, a pesar de tener una cobertura pública de acceso universal, a pagar una prima para disponer de un seguro privado? Las razones están relacionadas fundamentalmente con problemas reales o percibidos de la oferta pública, y son: acceso directo al especialista (recordemos que en el sector público hay que ir primero al médico primario, que es el que remite al especialista, salvo urgencias); habitación individual en caso de hospitalización; evitar listas de espera (muy presentes y prolongadas en el sector público); trato más personalizado y diferenciado (dónde, en general, el sector público tiene un reto importante). Adicionalmente, hay que decir, que el seguro sanitario en España es relativamente barato, en términos comparativos con otros países.

En paralelo a los seguros sanitarios privados, hay todo un sistema privado de provisión de servicios: el 32% de las camas hospitalarias son privadas. Y en cuanto a actividad, en el sector privado se hacen el 24% de los ingresos hospitalarios; el 21% de las consultas; el 25% de las urgencias; y, el 30% de las intervenciones quirúrgicas.

No es infrecuente oír a los detractores del sistema privado fuertes críticas hacia el mismo, junto con loas al sistema público. Así como lo contrario: los que para ensalzar al sistema privado, necesitan degradar al público. Pero ese no es el enfoque adecuado. Ambos sistemas tienen puntos fuertes y débiles.

Los puntos fuertes del sistema público son: la cobertura universal; un alto nivel profesional; una potente Atención Primaria, a pesar de su actual crisis, que llega a todos los rincones del país; una generosa cartera de servicios; una buena calidad; y, un bajo precio relativo.

Los puntos débiles son: problemas serios de accesibilidad (con prolongadas listas de espera); un régimen de personal inadecuado (que asimila a los profesionales a funcionarios y es un obstáculo para la gestión); un modelo de gestión administrativo (incompatible con modernas empresas de servicios, como son los centros sanitarios); problemas serios de gobernanza; creciente malestar profesional (debido a los bajos sueldos, sobre todo de los médicos, y condiciones laborales); y, una valoración decreciente de la percepción ciudadana de la sanidad pública.

El sistema privado también tiene sus fortalezas y problemas. Las fortalezas son: inmediatez y accesibilidad; la excelente valoración social y la adaptación de su producto a lo que quieren los clientes; proceso de concentración de las empresas sanitarias, acompañado de profesionalización de la gestión; y, un modelo más empresarial que el sistema público.

En cuanto a los puntos débiles del sistema privado se encuentran: el bajo precio de la prima de los seguros sanitarios en España (lo que se traduce en las bajas tarifas hacia los proveedores y en la baja retribución de los profesionales, temas ambos muy problemáticos y difíciles de mantener); problemas crecientes de captación y retención de profesionales; modelo asistencial sin apenas atención primaria, muy concentrado en las especialidades médicas y en los hospitales; y, las relaciones de las aseguradoras con los proveedores basadas fundamentalmente en el pago por acto.

Lo que está claro es que el sector sanitario privado -que cuenta con un notable apoyo social y unas empresas consolidadas- está aquí para quedarse. Algunos ven el crecimiento del sector asegurador privado como una amenaza a la sanidad pública, como si la más que improbable desaparición del sector sanitario privado fuera a resolver los problemas del sector sanitario público.

Lejos del planteamiento anterior, creemos que ni el sistema sanitario público solucionará sus problemas sin la colaboración del sector privado, ni el sistema privado resolverá los suyos sin la colaboración con el sector público. El sector sanitario público puede utilizar al sector privado, aprovechándose de su mayor capacidad de gestión y agilidad, para mejorar el servicio público. Por otra parte, el sector privado solo se desarrollará más si colabora con el servicio público.

¿Hay razones para el optimismo? A corto plazo, no parece. Ni el actual Gobierno parece muy dispuesto a favorecer esa colaboración (antes al contrario, como demuestra el reciente proyecto de Ley de Equidad), ni el partido mayoritario en la oposición parece que tenga las ideas claras sobre esto ni la voluntad de abordar este problema. Por otra parte, la mayoría de las empresas sanitarias privadas –cansadas de las dificultades de las relaciones con la Administración– están en un proceso de alejarse lo más posible de ella, lejos de buscar las oportunidades de colaboración.

No obstante, a medio plazo, no hay que perder el optimismo. Es seguro que prevalecerán las fortalezas del sector público y del privado para favorecer ese marco de colaboración, que garantice un mejor servicio sanitario a todos los españoles. Además, las tendencias internacionales van por ahí.