La historia acerca de los problemas con el ruido de una amasadora de una panadería de La Fresneda tiene varios protagonistas y dos versiones muy distintas. La primera, la del dueño del local, que temía que le precintasen el comercio a causa de las denuncias vecinales y finalmente, por el momento, solo ha tenido que dejar fuera de servicio la máquina. La segunda, la de familia afectada por los ruidos. “Tengo una niña pequeña y tuvimos que dejar el piso porque era imposible vivir”, dice la titular de la vivienda, que ha contado su situación aportando para ello toda la documentación al respecto de la que dispone.

El pasado jueves, la Policía local de Siero se presentó en la panadería ante la reiterada situación de quejas y el hecho de que, hasta la fecha, no se hubieran adoptado las medidas correctoras necesarias para poner fin a los problemas de ruido del local. Uno de los responsables del establecimiento aceptó dejar fuera de servicio la amasadora y aseguró que se le había avisado solo un par de días antes de que iban a acudir a su local para proceder a tomar medidas. Pero los problemas vienen de mucho tiempo atrás y así lo explica María Alonso, la vecina que denunció la molestia que le generaba en su domicilio y el calvario que afirma ha pasado en los últimos meses.

Ella adquirió un piso que se sitúa sobre la panadería, en noviembre de 2020. “El primer día ya vimos que con ese ruido no podíamos vivir. No nos permitía dormir y tenemos una hija pequeña. Tuvimos que dejar el piso por el ruido de la panadería y estoy al paro, pagando una hipoteca y sin poder hacer nada con él”, resume.

Insonorización

Según muestra con la documentación de los escritos presentados en el Ayuntamiento y las respuestas obtenidas por parte del Consistorio, ya puso la primera denuncia el pasado mes de noviembre. Posteriormente, en enero de 2021, se personó en el registro municipal para solicitar la licencia de apertura de la panadería. Al recibir el documento, que data de 2015, descubrió que no tenía permitido contar con maquinaria en el interior, por lo que no se le había obligado a insonorizar.

Sin embargo, tras la denuncia y como demuestran los documentos sobre los requerimientos municipales, el Ayuntamiento instó al propietario de la panadería a insonorizar por completo el local, tras realizar una medición de decibelios, en el mes de enero.

Tras no recibir respuesta al requerimiento, los responsables municipales encargaron una segunda medición del ruido, volviendo a superar los límites. Acabado el plazo para la insonorización, el pasado día 11, tuvo que pagar una multa. Finalmente, según los documentos municipales, consta que el propietario entregó una memoria en la que aseguraba haber solucionado el problema a fecha 31 de marzo.

En él, se lee que separó la máquina de la pared para evitar vibraciones, puso un soporte aislante de ruidos bajo la amasadora y revisó que las placas del techo estuvieran bien. A continuación, se hizo una tercera medición del ruido, volviendo a superar los límites, lo que derivó en la presencia policial del pasado jueves.

La Policía Local se presentó en el negocio, tal y como había notificado ya el Ayuntamiento al dueño, para precintar la máquina, en ningún caso el local, como aseguraba inicialmente el propietario que iba a suceder.

La vecina afectada confiesa estar “harta” de la situación y del ruido. “Este hombre está haciendo dinero y yo mientras sin poder usar un piso que estoy pagando”, dice con la esperanza de que el problema cese.