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Tras el rastro del legado minero de Siero y la singularidad del castillete de hormigón armado de Lieres

El arquitecto Miguel Ángel García-Pola identifica los antecedentes del castillete de Lieres y edita un libro con un catálogo de estructuras

El arquitecto Miguel Ángel García-Pola, con los libros de su investigación. Miki López

En los terrenos de la antigua explotación de carbón de Lieres, en el concejo de Siero, se yergue uno de los pocos castilletes de hormigón armado que se construyeron en España. Data de los años 40 del pasado siglo y fue construido para la empresa belga Solvay & Cía, que por entonces abastecía su planta química de Torrelavega, en Cantabria, con el mineral que extraía en la localidad sierense.

La ingeniería Leon Monnoyer et Fils, también belga y que en España operaba bajo la marca Monnoyer S. A. E., fue la que realizó la estructura. En 1995 la mina de Lieres se incorporó a Hunosa, que la cerró en 2005. El arquitecto Miguel Ángel García-Pola redactó el plan especial de protección de las antiguas instalaciones del pozo Siero y la Consejería de Cultura le encargó la restauración de la sala de máquinas y la sala de embarques del castillete.

“Después de esos dos trabajos quise buscar el origen de estos castilletes de hormigón armado, que son muy poco usuales. Este es el único en Asturias y en España hay muy pocos”, explica. Hay constancia de uno en la provincia de Barcelona y otro en la de Cáceres.

El castillete del pozo Siero.

Con el confinamiento de 2020 dispuso de tiempo para hacerlo y el resultado de aquella investigación es un libro, “Primeras estructuras de extracciones mineras de hormigón armado (1909-1919)”, en una edición no venal, repleto de información, de fotografías antiguas, planos y esquemas, que se puede consultar en la Biblioteca de Asturias, en la del Colegio de Arquitectos, en la del Museo de Alemania, en Munich, en la estatal de Alaska y en las de las muchas otras instituciones con las que ha colaborado durante todos aquellos meses.

El castillete del pozo Siero es, en palabras de García-Pola, “una sugerente estructura de impecable factura”. Entre sus posibles antecedentes el arquitecto asturiano, que tiene su estudio en Oviedo, ha localizado 21 estructuras en Europa, Estados Unidos y Canadá, de las que solo nueve se mantienen en pie, algunas en proceso de restauración.

“Shaft house” del pozo Perseverance, en Alaska.

“Shaft house” del pozo Perseverance, en Alaska.

Son piezas muy singulares, que ha catalogado como castilletes, torres de extracción, “belles-fleurs” (una tipología de las anteriores) y “shaft houses” (donde se deposita el mineral).

Algunas de una altura considerable, de hasta 50 metros. “El edificio de la Jirafa, excluido el basamento ocupado por oficinas, locales comerciales... tiene exactamente 17 plantas, una altura similar a la que tenía la torre de extracción del pozo Klein”, construida en Alemania y que pone como ejemplo.

“Es imposible localizar el primero, antes los había hasta de madera”, comenta el arquitecto. El de Siero está construido tardíamente, según ha constatado. En Europa, refiere, se llegó al consenso de que la primera torre de extracción construida en ese material es la de Camphausen, en Alemania, y el primer castillete uno del ingeniero Charles Tournais, en Micheroux, en Bélgica. En el continente americano, la primera de la que se tiene noticia está en Alaska.

Instalaciones del pozo Micheroux, en Bélgica.

Instalaciones del pozo Micheroux, en Bélgica.

Entre todas las estructuras que Miguel Ángel García-Pola ha localizado, la que más ha llamado su atención es el castillete de la compañía Béthune, en Francia, por sus dimensiones y porque su configuración expresa nítidamente el cometido estructural de sus componentes. “Este gran castillete de Béthune fue muy cuestionado en su época incluso desde el punto de vista estético. Se decía que obedecía más a los criterios de las estructuras de acero que a los de las nuevas estructuras de hormigón y a los requerimientos del nuevo material. Se debatía hasta donde determinaba el material la forma de las construcciones. Muchos ingenieros pensaban que el nuevo material tenía que propiciar nuevas estructuras”, comenta.

En la ejecución de algunos de estos edificios mineros colaboraban arquitectos y, también en el caso de los ingenieros, en ellos se aprecia cierto toque de autor. Charles Tournais, indica García-Pola, es, entre los ingenieros, el que utiliza más adornos, todo un repertorio de arcos, balaustradas, molduras. “Esa voluntad estética va en demérito de la propia obra, que cuanto más nítida mejor”, opina el arquitecto.

Miguel Ángel García-Pola redescubrió a muchas instituciones con las que contactó la singularidad de ese patrimonio industrial. Consiguió que, en medio del encierro por la pandemia de covid-19, rebuscaran en sus archivos y rescataran antiguas fotos y dibujos de esos castilletes olvidados.

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