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El patrimonio medieval de Siero apareció en bicicleta: un desafío ciclocultural para 13 parejas

El Patronato Deportivo organiza con éxito una jornada de reto ciclista y cultural para conocer el concejo y hacer deporte

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13 parejas ciclistas en busca del patrimonio cultural de Siero A. R.

Trece parejas ciclistas anduvieron perdidas durante la mañana del sábado por caminos y caleyas del concejo de Siero en busca de pistas y tesoros medievales. Las trece participaban en un entretenido y esforzado reto ciclocultural ideado por el Patronato Deportivo Municipal de Siero para despertar en los vecinos el interés por el patrimonio local y por la movilidad más sana y sostenible: la bicicleta.

Los dúos, montados en bicis BTT, respondieron a la llamada de los organizadores para participar en un desafío cicloclutural que les llevó a conocer parajes naturales y sobre todo -porque en eso consistía el reto-, seis construcciones medievales ubicadas en La Pola y alrededores. La ermita de la Bienvenida, la iglesia de San Martín de Vega de Poja, los puentes de Romanon y Recuna, la torre de los Vigil y la iglesia de Aramil y la capilla de las Justicias eran los rincones que se dejaron descubrir a base de pistas y de orientaciones por gps.

Dos horas de tiempo era el que tenían las parejas para llevar a buen puerto el desafío. Lo hacían en salida escalonada y con rumbos diferenciados desde el polideportivo nuevo de la Pola, para que nadie facilitara el reto a nadie. La teoría era realizar 21 kilómetros de circuito en bici. Pero hubo de todo: los que fueron aguilillas, los que se tomaron mucho más de las horas marcadas y hasta algún abandono hubo por avería mecánica.

Dos participantes, dispuestos a iniciar el reto.

“La idea que nos ha movido es la de hacer una actividad deportiva que no sea competitiva, que permita a la gente socializar y disfrutar del entorno de Siero. Alrededor de la bici, en años normales sin covid, hay un calendario muy amplio de pruebas y carreras, pero no hay tantas convocatorias que no sean de competición. Queríamos poner en marcha algo de ocio, de relación, que combinara la actividad física con la cultural”, explicó el director del Patronato Deportivo de Siero, Virginio Ramírez.

El Patronato está involucrado, como todo el Gobierno local, en estimular a los vecinos lo suficiente, con inversión y actividades, como para que Siero se convierta en punta de lanza en Asturias en la movilidad sostenible. Es tarea para largo, dice Virginio Ramírez: “Aquí cuando se habla de la bici todo se concibe como medio para hacer deporte, pero no se concibe como medio de transporte ideal para los trayectos cortos. Queda mucho por trabajar para que se vea como lo que es, un medio de transporte eficiente y sostenible. Y no es un problema de orografía ni de tiempo, sino de educación y de conciencia y a la larga tenemos que llegar a eso”, argumenta.

La ermita de Bienvenida.

Al menos ese gusanillo, aunque sea por la vía del ocio, se lo metieron esta mañana a trece parejas “de perfil muy variado, la mayoría adultos pero también se sumó una niña de 10 años y un niño de 13”. Un grupo perfecto al que ayudarle a descubrir que “al lado de casa hay sitios muy interesantes que no siempre nos preocupamos por conocer. Hay mucho por descubrir, tanto de patrimonio industrial como de patrimonio arquitectónico, industrial… y ese también era un objetivo de la actividad, que los vecinos se sorprendiesen de lo que tienen cerca de casa, que lo valoren y que eso lleve a garantizar su protección en el futuro”, reseñaba el director del Patronato.

Javier Martínez, de 49 años, vecino de Gijón, fue uno de los que se sumó a la actividad. Y la encontró “muy entretenida. Es una manera diferente de darle a la bici y de conocer el patrimonio cultural”. Lo que no quita para que no se viera, él y su acompañante, en problemas: “El problema nuestro fue que teníamos localizados los sitios, pero es difícil encontrar los caminos y atajos para llegar. Miras Google maps, lo tienes claro, y cuando te das cuenta has ido en dirección contraria. Es lo que pasa”, decía entre risas. Para él “la experiencia ha sido muy entretenida y me ha gustado mucho conocer sitios que a veces ni la gente de la zona no conoce”.

Chechu Rubiera y Laura Pozuelo, en la iglesia de Vega de Poja.

También estaba encantada con la ruta mañanera la benjamina del grupo, Verónica Suárez, de 10 años. “El desafío me gustó mucho. Ta muy completu. Se trata de que tú resuelves acertijos… y al final te pierdes”, contaba entre carcajadas. Tuvo que reconocer que “no conocíamos ni un monumento, y topemos dos. Igual en todo el fin de semana hubiéramos dado con alguno más”, contaba con enorme gracia.

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