La unidad parroquial de Cáritas Valdesoto (Siero) sufre un auténtico cisma. Exintegrantes del grupo de ayuda denuncian prácticas que consideran “humillantes” por parte del sacerdote encargado; mientras, este defiende sus decisiones.

Entre las críticas figura solicitar un justificante bancario de la situación económica a los que van a pedir ayuda, cambiar las llaves de un local que “utilizan otras asociaciones y tiene libros de los vecinos” o expulsar a las dos voluntarias que firman la denuncia, a la que se han sumado las firmas de más de cincuenta vecinos.

El primer punto que relatan Enedina Orviz e Isabel González -n el documento con el que quieren hacer pública la situación- es la apropiación por parte del cura del denominado local “La Biblioteca”. “Cambió las llaves sin consultar, lo usaban asociaciones y hay cosas dentro de vecinos de Valdesoto”.

Sobre esto, el sacerdote Sergio Andrés Santa recuerda que el local es “propiedad del Obispado” y atribuye la decisión a que “una vecina de Valdesoto alertaba de que había mucha gente con llaves del local y de la iglesia”.

Las dos mujeres también acusan al religioso de expulsarlas del voluntariado. Algo que según Sergio Andrés Santa no fue así: “No querían trabajar con la gente de Carbayín Bajo. Yo no tengo autoridad para separar la unidad parroquial, que incluye a estos, a Carbayín Alto, a El Cutu y a Santolaya. Tampoco me planteaba rechazar la ayuda de los de Carbayín Bajo, por lo que les dejé la puerta abierta. Luego se les envió una carta para que confirmaran su desvinculación, pero fue por hacer el censo de cara a las elecciones a la unidad parroquial, en las que votan los voluntarios”, abunda el sacerdote.

Sigue en el documento enviado por Orviz y González la queja que más ampollas ha levantado: pedir un justificante del banco a los que solicitan apoyo económico. Las voluntarias advierten de que se ha negado ayuda a personas que no quisieron mostrar documentos bancarios que justificasen su pobreza.

Santa no lo niega, pero si lo justifica. “Manejamos el dinero que nos da la gente y dinero público de una subvención. Tenemos que cerciorarnos de que aquellos que lo reciben, en efecto, lo necesiten. Durante meses estuvieron diciendo que el banco no les daba el justificante y tampoco queriendo mostrar la libreta. Así no los podemos ayudar”.

Esta política habría llevado a Orviz, González y más vecinos a montar su propia iniciativa para repartir alimentos entre los necesitados. “No les hemos obligado a hacerlo, para nada. Aquí se sigue atendiendo a quien lo necesita, pero eso no quita que nos parezca genial cualquier iniciativa que tenga que ver con ayudar a la gente”, concluye el sacerdote.