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Lázaro Polledo, el “cascao” que se enamoró de Siero y del Carmín: "Es una pena que no pueda celebrarse"

El exprofesor, que llegó a la Pola como maestro, preside desde 2003 el grupo cultural San Pelayo, con gran protagonismo en el Carmín

Lázaro Polledo, en la sede del colectivo. | I. Gago

Lázaro Polledo, en la sede del colectivo. | I. Gago

Lázaro Polledo, presidente de “Los Cascaos” desde el año 2003, aún se acuerda de su primer Carmín, cuando no tenía ninguna relación con el grupo folklórico. Le llamó la atención el colorido de los manteles sobre el prao y la alegría de la gente, que era contagiosa. Había tanta comida, como manos amigas que le invitaban a probarla: “Me enamoré de Siero. Yo creo que cuando llegas a un sitio nuevo tienes que conocerlo, y eso hice”, cuenta el exprofesor, procedente de Mansilla de las Mulas.

Llegó a Asturias fruto de la casualidad en el año 1973. Tenía 35 años, casi cincuenta menos de los que tiene ahora. Fue a raíz de su oficio, de maestro. Estuvo primero en las Escuelas graduadas y cuando en los ochenta se fundaron los dos colegios de la Pola, se dividió el profesorado y a él le tocó Hermanos Arregui. A los cuatro años, el anterior director falleció y él heredó el cargo. Estuvo más de una década y más de novecientos alumnos pasaron por sus manos.

En calidad de director, le llamaron desde el Grupo Cultural y Recreativo San Pelayo, “Los Cascaos”, para organizar un famoso concurso que se llamaba “Así es Asturias”, en la octava edición. “Llegó a tener tanta trascendencia que nos desbordó. También dábamos premios a los ganadores, para incentivar la participación”, recuerda.

Miembros de “Los Cascaos”, en una edición del Carmín de hace años. | LNE

Al Grupo Cultural y Recreativo San Pelayo se le conocía, sobre todo, por su” pelea” en el Carmín con la asociación de “Los Pepitas”. Se alternaban por cerrar las fiestas desde el año de fundación de “Los Cascaos”, en 1976. El apodo, por el que son más conocidos, vino a raíz de su otra afición, además de la juerga: hacer excursiones por la montaña. Esto era, en gran parte, por culpa del párroco Carlos Sánchez Martino, que les invitaba a hacer todo tipo de actividades: ciclismo, senderismo… Una muy famosa fue la que realizaron a Covadonga, “a llevar piedras a la capilla”. Cuenta Polledo que, aunque él no participó, conoce la leyenda: no todos pudieron llegar al final. Acabaron reventados, “cascaos” más bien.

“Ver piedra y comer bien”

También son famosos sus viajes para “ver piedra y comer bien”, ríe Polledo. Con ver piedra, se refiere a visitar ciudades y monumentos. Y “comer bien” es una exigencia: no valen bares de carretera. Paralizaron su actividad desde marzo del pasado año por el covid. Su “misión” más famosa, traer la charanga que cierre en el Carmín: “El propio Ayuntamiento nunca nos pregunta, pero da por hecho que nosotros cerraremos las fiestas. Es una pena. Si se pudiera hacer algo, los más jóvenes, que tienen más energía, se encargarían de ello”.

Lázaro Polledo, en el local de la asociación cultural. I. Gago

Cuando baja la charanga del Carmín, relata Polledo, salen “Cascaos” por las esquinas: vienen de Gijón y de otras partes de Asturias y dicen que, aunque ya no son socios, el sentimiento se mantiene.

Son los hijos y los nietos, que van al prao de la fiesta a honrar a sus antepasados, juerguistas y trabajadores a partes iguales.

Aunque ya no tienen la competencia de Los Pepitas, sigue habiendo mucha ilusión detrás del grupo cultural: un sentimiento de pertenencia y un amor por la Pola, que también comparte Polledo.

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