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El bailarín Borja Villa, con orgullo poleso y por partida doble

El artista retorna a Siero para trabajar como gestor cultural y apoya un acto local de reivindicación de la diversidad sexual

Borja Villa, en el establecimiento donde el jueves se celebró el  acto de reivindicación del Orgullo. | Inés Gago

Borja Villa, en el establecimiento donde el jueves se celebró el acto de reivindicación del Orgullo. | Inés Gago

El bailarín Borja Villa comienza a hablar citando a Chavela Vargas: “Pregúntame lo que quieras, pero no de dónde vengo, sino a donde voy”. Pero en su caso, la ida y la vuelta son la misma: Pola de Siero. Después de pasar años danzando por los mares (como director de cruceros), ha regresado a su casa, a la que le vio crecer –que no nacer, porque aunque se considera poleso “de siempre”, le “nacieron” en Cabueñes (Gijón)– y donde reside también su familia. Será como programador en el espacio de creación Nave 6 (Polígono Industrial La Tejera). Y aunque ese es “el proyecto de su vida”, también es frecuente su aparición en espacios más pequeños, como el pasado jueves, tarde noche, donde se vistió con una camiseta de “I love Palomos” para reivindicar, a través de un bingo, el Orgullo a pequeña escala en un conocido establecimiento de la Pola.

Nació en el año 1991 y comenzó a bailar después de ver la película de “Billy Elliot”. De una semana para otra, estaba en una escuela de danza; pasó por el Royal School of Balllet, trabajó en Alemania y estuvo años embarcado en cruceros por todo el mundo

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Nació en el año 1991 y comenzó a bailar después de ver la película de “Billy Elliot”. De una semana para otra, estaba en una escuela de danza, hizo las pruebas para el Real Conservatorio de Danza Mariemma y le cogieron. Y así pasó por el Royal School of Balllet, trabajó en Alemania y estuvo años embarcado en cruceros por todo el mundo. La primera vez que se lo ofrecieron se metió en un barco en Hamburgo y llegó hasta Bangok: “Me parecía afrodisiaco y llamativo, que tenía que vivir la experiencia de mi vida”. El 14 de marzo de 2020, con la pandemia, su vida paralizó por completo. Como la de todos. Pero él vio que era una oportunidad para regresar a su tierra, con la que nunca perdió relación: lleva 8 años organizando una gala internacional de danza en la Pola.

“Asturias es mi esencia, es mi yo. Siempre he tenido un arraigo muy fuerte y mi proyecto final siempre era Asturias. Ahora estoy feliz de estar aquí. He cancelado un contrato para quedarme. Soy de vivir y hervir el momento al máximo”, confiesa. Pensó que le costaría adaptarse, porque lleva desde los 15 años fuera y tenía “vértigo de volver”. Pero está ilusionado de trabajar en la Nave 6 junto a Patricia Laruelo, a la que considera una “bailarina maestra”.

"He viajado y he aprendido que todo es cuestión de respeto. Entiendo que tengo sensibilidad, pero no es por ser gay. Conozco a otros que no la tienen. También hay ‘heteros’ que tienen más sensibilidad”, sostiene

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A veces, Villa habla sobre sí mismo en tercera persona porque le cuesta definirse si se le pide que lo haga: “Borja es un chavalín humilde, normal, sencillo, creativo, muy activo, con ganas de vivir, experimentar y conocer, curioso y muy perfeccionista”.

Cambia el tono con los temas más serios sin perder la alegría: “Soy lo que soy. Me gustan los hombres y ya está. Yo no soy de guetto, por así decirlo. Para mí siempre ha sido muy fácil, porque he tenido un padre y una madre que me han apoyado en todo”.

Los prejuicios van en los dos sentidos, como con los países árabes. Recuerda cuando viajó solo a Jordania y acabó bailando “Despacito” con una comunidad entera. “Eso no quita que las cosas sean como son”, afirma. “Fue una experiencia que me chocó mucho. Yo he viajado y he aprendido que todo es cuestión de respeto. Entiendo que tengo sensibilidad, pero no es por ser gay. Conozco a otros que no la tienen. También hay ‘heteros’ que tienen más sensibilidad”.

Y Borja Villa tiene una cosa que no cuenta mucho, sobre todo por no asustar a sus padres, pero hay veces que piensa que se va a morir joven. Por eso, tiene una máxima por la que se guía: “Al nacer, el mundo a tu alrededor está orgulloso y tú lloras. Ve y vive la vida de forma que, cuando tu mueras, seas tú el que sonría y todos a tu alrededor lloren”. Lo sacó de una campaña publicitaria, reconoce. Lo importante para él es llenar a la gente de magia y energía en el momento presente: “Este bingo lo organizó una mujer poderosa y emprendedora que peleó por su sueño. Lo hice por apoyar al comercio local. Pero también la semana del Orgullo, a la que siempre iba cuando estaba en Madrid, llena las calles de color. Yo no soy muy reivindicativo, pero pocos orgullos me he perdido. Y también es por hacer una velada alegre y amena donde nos riamos todos. Eso es lo bonito y lo que nos hace falta”.

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