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Sidra Fran saborea su éxito en el Festival de Nava y da la clave para hacer el mejor caldo: “Mimo y cariño”

“El 80 o 90 por ciento de la sidra que facturamos es para los asturianos, y cada vez son menos”, afirma uno de los dueños del llagar

Por la izquierda, los hermanos Javier y Víctor Ramos, con el premio obtenido en Nava. | I. Gago

Por la izquierda, los hermanos Javier y Víctor Ramos, con el premio obtenido en Nava. | I. Gago

Si Asturias fuera una botella de sidra, estaría a la mitad. Hay quienes la ven medio llena, mientras que otros, como Víctor Ramos, no tienen tanta esperanza. “El 80 o 90 por ciento de la sidra que facturamos es para los asturianos, y cada vez son menos”, afirma uno de los dueños del llagar Casa Fran, en Lugones. Sabe de lo que habla: la marca de su familia adscrita a la DOP, Ramos del Valle, ganó el pasado domingo el premio a la mejor sidra a nivel regional en el Festival de Nava.

Ramos del Valle es el apellido del padre de Víctor. Se llama así porque cuando nació la Denominación de Origen Protegida, en el 2003, no se podía tener el mismo nombre que el resto de botellas del llagar. Casa Fran, sin embargo, nació hace mucho más tiempo, en el 1918, de la mano de un tío del padre de Víctor, Francisco Villanueva. Y, mientras que Víctor lleva alrededor de diez años de lagarero, su hermano Javier se ha criado entre manzanas y toneles: “A los 16 entré a trabajar, y hasta ahora, que tengo 52”. Los dos hermanos, que afirman haber bebido más sidra que leche, son los responsables de hacer la sidra, mientras que el restaurante lo llevan junto a los otros tres hijos de Víctor Ramos del Valle.

Entre ellos se nota la complicidad. Javier es más callado. Su hermano le denomina “maestro catador” porque es quien decide cuándo la sidra está en su punto. “Hay que probarla de la botella, que si no, cambia el sabor”, cuenta. Acaba de abrir una para probarla, y lo primero que hace es ofrecerle un vaso a Víctor: “Aún está algo caliente”, dice Javier, con el ceño fruncido mientras saborea.

Víctor Ramos, ante dos de sus toneles. | I. Gago

“No es tan importante ganar como participar, porque con este tipo de concursos, se promociona la sidra”, señala el mayor. Aún tienen los dos premios guardados en la caja: la placa que da el Ayuntamiento de Nava y el nuevo trofeo del Principado de Asturias, que “ahora mismo está ayudando bastante”. Lo que no lo hace es la pandemia: con la reducción de las reuniones sociales y el cierre de las barras, la sidra ha perdido, en cierta medida, presencia e incluso hasta un poco su razón de ser: beber sidra es compartir hasta el vaso.

Los hermanos Víctor y Javier no lo hacen: cada uno con su vaso con la pegatina de la DOP. “La manzana tiene que ser asturiana. Luego, hay que tratarla con mimo y cariño para que sepa bien”, cuenta Víctor, revelando los “secretos” de su sidra. Tiene, además, otra ventaja: que se compra a productores locales, favoreciendo así que se pueda vivir del campo. “Si los jóvenes, marchan, se acaba la sidra. Nosotros trabajamos por los clientes, y verdadero secreto: seguir mejorando”. Y Víctor vacía de un trago el vaso de sidra, pero la botella aún está llena.

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