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Una versión "formalina" del Carmín de la Pola

El ambiente familiar, las meriendas de amigos y los reencuentros marcaron una fiesta sin multitudes ni excesos

El "no" Carmín llena las terrazas de Pola de Siero Amor Domínguez

Fue un Carmín de escuela, de portarse bien y reencontrarse. Parecía que no había aliciente, pero en realidad sí que había que celebrar que, después de todo, la humanidad pervive y resiste a la pandemia. Las charangas animaron discontinuamente un día de calor plomizo y terrazas llenas, en sustitución, por segunda vez, del mítico prao de La Sobatiella, esperando precintado a que la normalidad deje de llevar adjetivos delante. "Hay que celebrar, sea como sea". La consigna era esa y también la de "evitar problemas manteniendo las medidas", a pesar de que sí que hubo algún que otro abrazo de reencuentro para los que llevaban dos años sin verse.

Uniformados, como en la escuela, pero de camiseta blanca y pañuelo, los romeros comenzaron a desafiar las elevadas temperaturas poco después de la una de la tarde. Ese escenario tempranero era el patio de recreo de dos pequeños mellizos, Valeria y Martín Sánchez, recién llegados de comprar su primer pañuelo en la sede de festejos: "Les prestó por la vida", decía su madre Sofía Camblor, encantada mientras no dejaban de besuquearle las mejillas.

Ella, polesa y romera de siempre, se enfrenta a un Carmín sin prao recordando la fiesta que para ella fue la mejor de su vida: "Hace dos años subí al prao estando embarazada de siete meses de ellos. Es un recuerdo muy emotivo para mí", relata cuando el reloj marca las dos menos cuarto.

Empieza seguidamente la música de las charangas. Tocan la canción de Oliver y Benji, es un carmín de escuela. Los jóvenes que lo escuchan ya sentados en la plaza Les Campes lo saben y lo respetan. "Disfrutaremos, pero controlando. El año pasado salimos en una foto con la mascarilla quitada y nos cayeron por todos los lados. Es verdad que esto es portarse bien, como de niños", ríe Paula García, con un numeroso grupo de amigos a su alrededor.

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Las imágenes del Carmín 2021: a falta de romería, terraceo LUISMA MURIAS

Las barreras del comportamiento las superan levemente los que llegan de fuera, tras dos años sin pisar la Pola. Les sale darse un abrazo. Ya hay comida sobre la mesa y se reencuentran en la terraza de una sidrería dos polesas residentes en Madrid y Roquetas. De nombre se conocen, son Lucía Pozueco y Eva María Sánchez, "Evina la polesa", y de alma se echan de menos. "Llevamos sin vernos y a nuestra familia ya dos años, desde que empezó la pandemia". Por eso, aunque sus madres, romeras de siempre, ven descafeinado el lunes festivo sin prao, ellas coinciden: "Qué más podemos pedir a la vida". La resignación es un gran valor en este Carmín. Como la vuelta al cole tras el verano, tres meses sin ver a los amigos, abrazo y a portarse bien.

Tras la comida, la hora del recreo. El sol aprieta y se toman copas frías. Suena algo de música "indi" en directo en una terraza y de fondo resuena un comentario con mucha retranca: "A estas horas ya llevaría muchas carteras mangadas". Resulta que lo dice Carlos Canal, quien comanda cada año a "Los Cascaos", que lideran el desfile hacia la Sobatiella.

Lleva calcetines de rayas coloridas, camisa azul elegante y le pega la ironía del robo -una frase en clave del Carmín-, porque mantiene un parecido razonable con David Niven, protagonista de películas como "La Pantera Rosa". Mantiene las formas, "es un Carmín tranquilo", pero reconoce que no siempre fue tan formal: "Había veces que a la hora de estar en el prao, por la intensidad del festejo, tenía que volver a casa para recuperarme y salir de noche".

Él ya es veterano y al final, cuando dan las seis, deja paso a los jóvenes. Desfilan los niños de la pequeromería y el ambiente de meriendas parece que revive tímidamente, concluido el horario escolar. La fiesta sigue, moderada, a la espera de la vuelta de un Carmín más de Erasmus.

Quizá el próximo año.

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