El nuevo dueño del palacio de Celles ha anunciado que su intención es rehabilitarlo. Pero, ¿qué es lo que le hace falta y qué presupuesto pueden alcanzar los trabajos? Y, lo más importante, ¿se está a tiempo para una recuperación que le devuelva su antiguo esplendor? En el año 2013 se elaboró un informe en el que mencionaba las necesidades que tenía la joya arquitectónica ya en aquel entonces para evitar su ruina. Ocho años más tarde, su deterioro ha sido muy considerable.

“Si la pregunta es sí se puede rehabilitar, la respuesta es afirmativa”, responde Marta Rodríguez Bada, una de las arquitectas que elaboró el informe en cuestión. De lo que no hay duda es de que la situación ha ido a peor en el inmueble; aunque la estructura estuviera dañada, el interior, sin vegetación, estaba cuidado. Ahora, la maleza impide el paso e invade todo. “Después de tanto tiempo, impacta verlo así de deteriorado”, afirma Rodríguez Bada, tras ver las imágenes, en su primera impresión. Una de las cosas que más les preocupa, como ya sucedía antes, son las grietas en la torre sudeste, cuya apertura no ha hecho más que ampliarse, circunstancia que de avanzar podría llevar a un derrumbe.

Manual básico para darle una segunda vida al palacio de Celles

El palacio de Celles, según se expone en el informe, fue erigido a partir de una torre altomedieval. Su construcción probablemente se inició en el siglo XVI y fue ampliado y reedificado a finales del siglo XVII por encargo del que era entonces, el deán de la Catedral de Santiago de Compostela, Pedro Quirós y Valdés. Fue el arquitecto responsable Diego González de Gajano, aunque una de sus fachadas la pudo diseñar el gallego Domingo de Andrade. A la muerte del deán, sus nuevos dueños fueron los Navia y posteriormente, los Marqueses de Santa Cruz de Marcenado. Y así, estuvo pasando por diferentes manos hasta la actualidad, cuando acaba de ser adquirido por un empresario gallego que, según diversas fuentes ha actuado como intermediario en la compra para una firma vinculada a Asturias que se hace con propiedades de este tipo para su rehabilitación.

En el año 2003, esta joya barroca fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC), la máxima figura de protección del Principado de Asturias. Pero eso no evitó que el palacio entrara a formar parte de la lista roja de Patrimonio de Hispania Nostra, en el año 2015, por aquellos elementos que están “sometidos a riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores”. Entre medias de esta larga historia del devenir del palacio se elaboró el informe en relación al estado de Celles que explicaba que sí era posible restaurar lo en ese momento. Ahora, aún se puede, sostienen los expertos.

“El estudio ha permitido observar la presencia generalizada de pudriciones y de ataques de xilófagos en los apoyos de las estructuras horizontales sobre los muros de mampostería. La cubierta, en estado de ruina, presenta humedades de filtración generalizada, siendo en gran medida la causa del deterioro estructural del inmueble. Se han detectado hundimientos y desplomes en la esquina Sureste, fácilmente identificables en las fotografías aéreas existentes”, se señala en el informe de 2013. Eso aún no se ha corregido. Y recuerda Rodríguez Bada que, ahora mismo, “el estado de conservación es deplorable, con gran parte de los entramados de los forjados y las cubiertas colapsado”.

Manual básico para darle una segunda vida al palacio de Celles

Pero, por suerte, los muros de carga, que son aquellos que sostienen el edificio, y la fachada, en su mayoría, podrían recuperarse. No solo debería reforzarse tales partes, sino que también hay varios elementos que se añadieron a posteriori, con diferentes usos y soluciones para problemas cotidianos, que deberían ser o bien adaptados o bien eliminados en su totalidad (como algunas de las canalizaciones vistas por el patio y algunas de las paredes).

Por eso, Rodríguez Bada establece los “principios básicos para la rehabilitación de Celles”, siempre bajo la premisa de que se debe “salvaguardar los valores culturales de los elementos preexistentes de interés, en especial la fachada barroca”. Hace algunas propuestas: que se mantenga la volumetría original, recuperando las trazas históricas de las cubiertas (ahora mismo carece de ellas), que se “eviten los usos residenciales” justo debajo (como buhardillas, casetones y lucernarios) y preservar y reforzar los muros de carga.

Rodríguez Bada indica también que se debería “preservar el carácter del edificio representativo singular aislado en el medio rural” y que los usos que se den al mismo sean “compatibles” con las “características arquitectónicas del conjunto y la naturaleza de los elementos que se han mantenido hasta nuestros días”. ¿Cuánto podrá costar? Aún es pronto para saberlo. Lo que está claro es que Celles podrá tener una segunda vida. Si su nuevo dueño quisiera.