La azarosa historia de la plaza de abastos polesa, que cumple 90 años y cuya "polémica" ubicación llegó al Tribunal Supremo
El edificio se inauguró el 3 de noviembre de 1931, tras una gran polémica por su ubicación que acabó en el Tribunal Supremo

Imagen de las obras de la plaza de abastos, cuando solo se habían edificado pilares y voladizos para soportar la cubierta

La plaza de abastos de Pola de Siero está a punto de cumplir 90 años. El edificio cuyo diseño es obra del ingeniero de caminos Ildefonso Sánchez del Río se inauguró un 3 de noviembre de 1931, así que este próximo miércoles el emblemático inmueble celebrará nueve décadas de vida. Mucho se ha escrito sobre la innovación arquitectónica que supuso en su tiempo el planteamiento de la singular cubierta de hormigón armado a partir de la que se definía la volumetría total del espacio, sin columnas en el interior y cuya estructura fue un ingenio del cálculo de resistencias y apoyos entre los arcos que la componen. Pero se conoce menos la polémica ciudadana que generó inicialmente su ubicación y que el rechazo de una parte de la población acabó con el proyecto sometido a una serie de litigios judiciales que llegaron entonces hasta el Tribunal Supremo.
La documentación que habla de todo ello y permite conocer esta historia se guarda en el magnífico Archivo municipal de Siero, a través del que se hace posible reconstruir la memoria de los avatares que sufrió este proyecto que, pese a todo, sí contó con el respaldo de los tres alcaldes que pasaron por el Ayuntamiento en los apenas cuatro años que duró el proceso administrativo y las obras para hacer realidad la iniciativa.

Estado actual de la plaza de abastos, donde se aprecia el espacio diáfano interior y la singular cubierta

Detalles de las notas y cálculos para el proyecto de Sánchez del Río. | ARCHIVO MUNICIPAL DE SIERO / Paula TAMARGO
José Parrondo Presa, nombrado alcalde de Siero el 4 de mayo de 1927, será el impulsor de la plaza de abastos, que se planifica ante las necesidades de una población creciente en la capital del concejo. En diciembre de 1928, el propio Sánchez del Río y Luis Sanz Fernández, entonces director de Obras Municipales, aconsejan que se compre el terreno sobre el que hoy se ubica, en pleno centro de la villa actual, pero en aquel momento un lugar que se veía alejado del espacio considerado como núcleo urbano y punto neurálgico de la vida cotidiana y que conformaban la plaza de Les Campes y la de Argüelles. La elección del emplazamiento –una propiedad del marquesado de Santa Cruz de Marcenado– que finalmente se acordó en un pleno extraordinario del 13 de diciembre de 1928, supuso enfrentamientos con comerciantes e industriales locales, además del rechazo de algunos ediles y vecinos.

Detalles de las notas y cálculos para el proyecto de Sánchez del Río. | ARCHIVO MUNICIPAL DE SIERO / Paula TAMARGO
Se presentó incluso un recurso de reposición contra el acuerdo plenario acerca de la ubicación aprobada, hubo una moción de rechazo por parte del edil Anselmo Vigil Escalera y distintos escritos de una comisión de vecinos suplicando al Ayuntamiento una rectificación.

La plaza de abastos polesa cumple 90 años / Paula TAMARGO
Con todo, el plan siguió adelante. En enero de 1929 se realiza la escritura de “los terrenos del Pradón”, que así se denominaba la zona, y Sánchez del Río dirige las obras de las primeras calicatas realizadas mientras varios vecinos de la Pola interponen recursos contencioso-administrativos contra el acuerdo municipal de la elección de los terrenos. En junio, el Ayuntamiento abona honorarios a Sánchez del Río por el proyecto y, previa subasta pública, se adjudican las obras al contratista Bernabé Morales Almendros por la cantidad de 331.794 pesetas de la época. La batalla judicial prosigue: en octubre de 1929 industriales polesos formalizan una demanda contra el Ayuntamiento para que revoque el acuerdo del emplazamiento.

La plaza, durante su construcción. | ARCHIVO MUNICIPAL DE SIERO / Paula TAMARGO
A principios de 1930, la situación política en España, con la dimisión de Primo de Rivera en enero, alcanza al Ayuntamiento de Siero. En marzo de ese año, el alcalde José Parrondo Presa es destituido. El nuevo regidor será Ramón Rodríguez Fernández, que revocará algunas decisiones del periodo dictatorial, pero no dará marcha atrás con el proyecto de la plaza de abastos. Entiende que este se impulsó con toda la tramitación legal oportuna y que, pese a la oposición de una parte de los vecinos, no procede otra cosa que seguir adelante con las obras. El 13 de mayo llega a celebrarse una manifestación contra el proyecto.
En junio, “el Tribunal Contencioso-Administrativo de Oviedo dicta sentencia favorable a los vecinos contrarios a la construcción de la Plaza Cubierta”, según puede constatarse en el Archivo de Siero, pero esta es recurrida por el Fiscal ante el Tribunal Supremo. Pese a las peticiones de los detractores, el Ayuntamiento se niega a parar las obras. Y se comienza ya a recabar apoyos que serían de gran importancia para su continuidad: entra en juego el respaldo que, en el verano de 1930, da la Sección del Sindicato Minero de La Llovera y de los vecinos de la parroquia de Arenas.

Detalle de las obras, con los pilares y estructuras para los voladizos de hormigón armado a la vista. | ARCHIVO MUNICIPAL DE SIERO / Paula TAMARGO
Llegado 1931, el 15 de abril de ese año, la Alcaldía de Siero pasa a manos de Inocencio Burgos Riestra, que era afiliado al Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA). No solo continuará con el plan de la plaza de abastos, sino que, entre otras cosas, encargará a Sánchez del Río el proyecto del ensanche de Pola de Siero.
El edificio se inauguró finalmente el 3 de noviembre de ese año, sin celebraciones, pero sí con una gigantesca “manifestación pacífica de obreros” –muchos mineros– que, en esta ocasión, apoyaban la apertura de la plaza. Según la prensa de la época, eran más de tres mil los que llegaron a la Pola para respaldar la puesta en marcha de la instalación, apagando así el movimiento de oposición que se había generado ante la ubicación de un inmueble que hoy, tras décadas como mercado y distintas reformas interiores, ya no es plaza de abastos. Es un espacio para acoger diversas actividades sociales y culturales y que, al paso de los años, no solo es un emblema de la identidad polesa y de su patrimonio, sino que, al ritmo del desarrollo urbanístico, es punto neurálgico de la actividad de la villa y a cuyo alrededor –el diseño de la planta es un triángulo isósceles encajado dentro de tres céntricas calles– discurre la vida cotidiana de la capital del concejo sierense.
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