–Todo el mundo piensa que soy un esclavo, pero es todo lo contrario aunque sea sacrificado y tampoco vayas a conseguir hacerte rico. Los jóvenes son los peores. Creo que piensan que los que trabajamos en la tierra somos unos burros o algo así. El día de mañana tendremos que vivir del aire.

Olmo Santamaría habla mientras revisa uno de los invernaderos de su huerto de Lieres (Siero). Tiene 27 años y hace cuatro empezó a trabajar en la agricultura ecológica. Su empresa, de momento, no tiene ni nombre, ni redes sociales, ni certificado oficial del Consejo de la Producción Agraria Ecológica del Principado (Copae), pero el joven acude todos los martes al mercado de la Pola a vender lo que cultiva. Con eso, y con unos cuantos clientes fieles a los que les manda la verdura a domicilio, está logrando sobrevivir.

“Empezar es complicado. Te asusta, porque no tienes medios ni recursos”, cuenta. Además, hace falta tener mucho conocimiento para trabajar la tierra. “Más de lo que se cree”, afirma. Él decidió adquirirlo estudiando un grado medio en Lastres sobre agricultura ecológica. Antes, había comenzado un módulo sobre energías renovables, pero se dio cuenta de que esa no era su verdadera vocación. Fue su primer contacto. Todavía le quedaba mucho por aprender.

El siguiente paso fueron las prácticas. Las cursó en Ibias y Sariego. A raíz del grado medio hizo dos amigos, uno de 27 años y otro de 40. Ellos fueron los que le introdujeron, de forma radical, en el mundo de la agricultura ecológica.

Sus dos amigos tenían una “finca enorme” en la zona y un sitio en el mercado de la Pola. Le dejaron un hueco para que pudiera experimentar con sus propias plantaciones y la prueba salió bien. Ellos acabaron dejándolo y Olmo se convirtió en el heredero de su puesto en Siero, aunque tuvo que cambiar de parcela.

Ahora vive bastante cerca de donde tuvo su propia plantación por primera vez. Subsiste a base de lo que cultiva y de lo que vende en una parcela donde tiene su casa, que no es muy grande, y su huerto, que sí lo es. Lleva cuatro años y dice que va “poco a poco”. “Se aceptan sugerencias para el nombre de la empresa”, bromea. No quiere hacerse rico, sino vivir de la tierra: “Todo lo que gano lo reinvierto”, sentencia “fesoria” en mano.