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“Tito”, un cura contra la droga que se volcó en la ayuda a los toxicómanos

Eustasio Sánchez, fallecido el martes, se volcó en la ayuda a los toxicómanos y es recordado como una persona “buena y servicial”

Eustasio Sánchez, oficiando una misa de San Antonio en Pola de Siero. | F. Torre

“Conoció la marginación, el dolor y la pobreza que generaba el mundo de la droga y, para tratar de cambiar eso, decidió hacerse cura”. Es lo que cuenta el expárroco de Pola de Siero, Sergio Martínez, sobre el recientemente fallecido Eustasio Sánchez Fonseca, “Tito”, quien fuera su mano derecha durante su época a la cabeza de la parroquia polesa. Lo recuerda como un hombre “bueno, servicial y con muy buen carácter, que se ordenó tarde y que luego dedicó su vida a ayudar”.

Rememoran los que le conocían, incluido Martínez, que “Tito” era “un chaval de la Pola de toda la vida”. Se buscaba las habichuelas trabajando “en lo que pillaba”. Primero, en la construcción. Luego, montando muebles y, por último, de camarero. “Ahí fue cuando se dio cuenta del problema con la droga y decidió ordenarse”, recuerda un conocido.

Habla sobre la juventud del sacerdote César Loredo, conocido hostelero sierense, con el que compartió centro educativo. “Era un chaval normal. Anduvimos juntos por muchos sitios. Él y sus hermanos eran muy conocidos”, rememora.

Eustasio Sánchez acabaría ingresando en el Seminario Metropolitano de Oviedo y, tras recibir la ordenación como diácono, fue destinado a la parroquia de San Nicolás de Bari de El Coto (Gijón) como diácono adscrito en el curso pastoral 1987-1988. Concluida su formación, recibió la ordenación sacerdotal en la catedral de Oviedo el día 15 de mayo de 1988.

Ese mismo año se fue como vicario parroquial a Santa María Magdalena de Cangas del Narcea, donde estuvo hasta 1991. Durante esa etapa, fue miembro del equipo de sacerdotes de Linares del Acebo, Carceda, Limés y Entreviñas.

Su siguiente etapa fue la de párroco en San Juan de Campo Caso, San Bartolomé de Orlé, Santa María Magdalena de Pendones, San Salvador de Sobrecastiello y San Pedro de Tarna, donde permaneció hasta 1998. Esa época es una de las que destaca Sergio Martínez de su trayectoria, ya que Sánchez Fonseca tuvo comunidades terapéuticas para tratar a toxicómanos en Caso. “Sacó a mucha gente de la droga. Era la persona de referencia del Arzobispado en esa materia”, asegura el religioso. Aquel tiempo tampoco estuvo exento de polémicas, ya que hubo vecinos que pidieron el traslado del cura, asegurando que las personas que trataba estaban consumiendo estupefacientes por los pueblos.

“Conoció el dolor y la marginación del mundo de la droga”, destaca el sacerdote Sergio Martínez

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Sobre su dedicación a combatir la drogadicción, César Loredo insiste en que el fallecido sacerdote “luchó siempre por grupos conflictivos y por el cristianismo de base”.

En 1999, entró como capellán en el centro penitenciario de Asturias (Villabona), donde desarrolló su labor durante un año. Fue el mismo tiempo que estuvo, entre 2000 y 2001, como adscrito a la parroquia de San Pedro de Pola de Siero. La vuelta a su localidad natal fue efímera y pronto tuvo nuevo destino, uno de los más importantes de su trayectoria. Llegó Sánchez Fonseca a San Román de Candamo, atendiendo también como párroco a Santiago de Aces, San Nicolás de Cuero, Santa María de Fenolleda, Santa Eulalia de Llamero, Santa María de Murias, Santa María de Valle y San Juan Bautista de Ventosa.

En Candamo permaneció hasta el año 2012, cuando fue desplazado tras una serie de desavenencias con parte de sus feligreses, aunque otros le mostraron un apoyo sin fisuras. “A los que se enfrentan al sistema se les quita del medio”, lamentó por entonces el religioso.

Volvió en aquel momento a sus orígenes, a Siero, como adscrito a San Pedro de la Pola, San Félix de Valdesoto y a la unidad pastoral sierense. Asimismo, se hizo cargo de Cáritas en Valdesoto, en cuya casa parroquial residía.

Fue en esta última época en la que coincidió con Martínez, expárroco de la Pola. “Lo conocí en esos años como adscrito. Era una persona muy sencilla, muy servicial. Como compañeros nunca teníamos ningún problema para hacer nada. Era de estas personas que tienen muy buen carácter. Todos los problemas que surgían éramos capaces de arreglarlos” recuerda. Sus feligreses destacan su “dedicación a los pobres” y especialmente a la lucha contra las toxicomanías. “Es una pérdida tremenda. Cuando me lo dijeron, no me lo creía. La genética jugó en su contra. Su padre y sus dos hermanos varones murieron de un infarto a esa edad”, concluye, entristecido, Martínez.

Una sensación de vacío que comparten los residentes en Valdesoto, donde vivía. “Era una persona muy querida. Se entregaba a los demás y era capaz de quedar desnudo por ayudar al que lo necesitara. A veces, tenían hasta que darle de comer porque lo suyo se lo había entregado a quien no tenía”, subrayó al conocer la noticia Avelino Cabeza, vecino de Valdesoto, quien también destacó el carácter pasional y desenfadado de sus homilías. “Sus misas gustaban. No era de los que insistía tanto con Dios o Jesucristo. Era un hombre pegado al pueblo”, afirmó.

Sánchez Fonseca falleció en la tarde del martes en la casa parroquial de Valdesoto a los 63 años de edad. Tras haberse sentido indispuesto en la jornada previa, cuando la parroquia tuvo que reajustar las misas, sufrió un ataque al corazón y pereció de manera fulminante.

Al lugar se desplazaron religiosos polesos, conmocionados por lo sucedido. Entre ellos, el párroco, Fermín Riaño, que tampoco escatimaba en elogios hacia la figura de Sánchez Fonseca. Ayer, en la Pola, se habló mucho de la pérdida del religioso, muy conocido en la localidad, donde se crió junto a su familia.

El funeral por su eterno descanso se celebrará hoy, a las 13.00 horas, en la iglesia de San Pedro de Pola de Siero. Será presidido por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes. A continuación, sus restos mortales recibirán cristiana sepultura en el cementerio parroquial.

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