Suscríbete

La Nueva España de Siero

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La despedida a un referente empresarial de la comarca

La dama de las luces

Amante de la lectura y la escritura y gran aficionada a la música, Maruja Díaz González de Lena fue una figura clave en el éxito de Electra Norte

Maruja Díaz González de Lena, en 2019. | LNE

La biografía de Maruja Díaz González de Lena, la matriarca, presidenta de honor y máxima accionista de Electra Norte, fallecida este martes en Oviedo a los 92 años de edad, resume una vida de trabajo, afán emprendedor y entrega a la familia. Su labor fue decisiva para que la histórica Electra de Carbayín, fundada en 1923 por su suegro, Perfecto Díaz, sea hoy la única firma del sector con actividad en la región que sigue en manos asturianas. Amó la lectura y la escritura casi tanto como la música. Tocó el piano, cantó en un orfeón y, cuando llegó a los noventa años, recogió en un libro los textos personales que había ido redactando casi en secreto a lo largo de su vida. Cumpliendo un deseo personal, sus restos mortales han sido donados con fines científicos.

Maruja Díaz nació en Ciaño-Santana, lo que hoy es El Entrego, en el año 1929. Fue la suya una familia con una madre “vehemente y apasionada” y con un padre “tranquilo y sereno”, según ella misma recordaba en las memorias que dictó a LA NUEVA ESPAÑA en noviembre de 2019. Siendo una niña vivió tanto la Guerra Civil como, pocos años antes, la Revolución de 1934. Los milicianos se llevaron a su padre, que estuvo preso casi hasta el final del conflicto bélico.

La joven Maruja, que desde los quince años trabajó en la tienda familiar, asistió a clases de solfeo y también tocaba el piano. De los estudios de taquigrafía y mecanografía sacaba tiempo para ser la capitana del equipo de baloncesto del Frente de Juventudes y para cantar en el orfeón. Su vida comenzó a cambiar el día que el mayor de sus hermanos, que estaba interno en un colegio de Villaviciosa, trajo a casa a Julio Díaz, un notable futbolista que acabaría siendo su novio. La boda se celebró en 1954 y la pareja se fue a vivir a Candín (Siero). Tuvieron seis hijos: Carmen, Julio, Luis, María, Mati y José Manuel.

Julio Díaz tenía por aquel entonces tres negocios: un comercio de ultramarinos, paquetería y almacén de piensos; una panadería y una distribuidora de energía eléctrica, Electra de Carbayín. Su esposa no se quedó en casa. Coloma Suárez se encargó de cuidar a la extensa prole mientras ella trabajaba de nueve de la mañana a nueve de la noche. “Cada negocio tenía su responsable. Yo llevaba el comercio, la eléctrica la llevaba Pepe Montes, primo carnal de mi marido, y de la panadería se encargaba Rogelio, del que no recuerdo el apellido. La administración corría a cargo de Luis Vázquez”, recordaba esta laboriosa mujer en las memorias publicadas por este diario cuando había cumplido los noventa años. A finales de los sesenta del pasado siglo, Julio y Maruja decidieron cerrar la tienda y la panadería, para centrarse en la compañía eléctrica. “Cuando la cogimos había en Asturias cerca de treinta empresas pequeñas de distribución como la nuestra, pero ninguna de ellas llegó a sobrevivir. Lo nuestro fue gracias a que había una política de austeridad muy buena y una administración ideal, y, además, otros negocios que lo compensaban. Somos la única empresa eléctrica pequeña que queda, y la única asturiana”, comentaba Maruja Díaz en 2019, con satisfacción por el trabajo bien hecho.

La firma llevó a cabo en la década de los ochenta del pasado siglo una inversión importantísima, financiada en parte por el Estado. Se renovó el material, que hasta entonces se averiaba con cierta facilidad, y empezó a producir y comercializar, convirtiéndose en Electra Norte. La llegada de la tercera generación a la dirección, con Luis Díaz al frente, supuso el inició de la producción de energía verde, tanto solar como eólica. Maruja Díaz afirmaba con cierta resignación que “me jubilaron” cuando cumplió sesenta años, momento en que se trasladó a vivir a Oviedo.

“Habíamos tenido una vida de trabajo intensísimo, en una casa donde no había horarios, y de repente me vi en Oviedo con un teléfono que solo sonaba cuando te llamaba la familia”, recordaba Maruja, viuda desde 2013. Cuando iba a cumplir los 90 años, le dijo a su hija Carmen que le gustaría hacer una recopilación de los textos que había escrito sobre la familia: “Me preparó un libro precioso, que es una recopilación de mi vida y de la de los chavales, que les regalé a todos los hijos el día que cumplí 90 años, y tuvo mucho éxito. Les gustó mucho”. Se trata, sin duda, del testamento vital de una gran mujer, referente de la empresa sierense y asturiana en el siglo XX.

Compartir el artículo

stats