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Maruja Díaz, la excepcional mujer que cedió su cuerpo a la ciencia "porque todos le debemos mucho"

Su hijo compartió durante la misa funeral en Carbayín los motivos de su madre, "una adelantada a su tiempo", para favorecer a la ciencia

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Así ha sido el emotivo funeral por Maruja Díaz en Carbayín Andrés Illescas

Maruja Díaz González de Lena fue una mujer excepcional. Y lo fue hasta el punto de decidir que su menudo cuerpo de 93 años se donara a la ciencia. Su hijo José Díaz, más conocido como José Candín, es consciente de que esa decisión describe en gran medida a la matriarca de Electra Norte. "No todo el mundo lo hace, es algo que puede parecer llamativo", les dijo a los amigos y vecinos en el funeral en su memoria celebrado a mediodía del viernes en la iglesia de Carbayín, localidad en la que esta entreguina de nacimiento era tan respetada como querida.

José Díaz, en un apunte de recuerdos sobre su madre, contó que fue decisión personal la de Maruja, que dejó escrita en una carta en la que confirmaba su deseo. "Cedo mi cuerpo para la ciencia y la investigación. Yo debo mucho a la ciencia. Como ciudadanos, todos le debemos mucho", leyó el hijo. Una mujer que además describió como “muy buena madre, gran mujer, adelantada a su tiempo, lectora, escritora, amante de la música clásica y trabajadora”. "Una gran mujer; y ya puedo decirlo sin que me riña”, dijo.

Más de doscientas personas se juntaron a la puerta y dentro del templo para despedir a una pionera. La mayoría no podían contener la emoción y dejaban escapar la emoción, entre lágrimas, en recuerdo de una figura que fue importante para la zona y que deja recuerdo para siempre. 

De la particular forma de ser de la fallecida habla también otra descripción relatada por su hijo: “Siempre decía que con un libro, radio 2 de música clásica y una luz, le bastaba”. Fue el suyo “un carácter muy afable, muy alegre y muy racional”, con el que nació pero que también forjó en sus años "de trabajo hasta en tres tiendas, tanto en Candín, como en El Entrego. Establecimientos en los que se vendía de todo, desde cosas de electricidad, hasta el pan”. Más adelante participó en la administración de los negocios familiares, incluyendo la eléctrica. 

El pesar por la pérdida de Maruja Díaz González de Lena se ha extendido entre amigos y allegados. Uno de ellos, José Luis Gutiérrez, acompañado de Francisco Reyes, recordaba a la salida del templo que la conocía “desde que nací”. Trabajaba en la panadería de al lado de su domicilio “y era una grandísima persona”. Con ella llegó “incluso a jugar al corro”. Alguna vez hubo, también, en que le hacía un poco la puñeta, tal y como recordaba Reyes: “¿Te acuerdas cuando vinisteis con el dinero del aguinaldo, que os había mandado a pedir, y dijo que para el Domund?”. Sonreía Gutiérrez al acordarse y destacaba, como casi todos los presentes, que la de Maruja Díaz es “una gran pérdida”. 

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