Suscríbete

La Nueva España de Siero

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Las 159 piezas que empiezan a salvar a los hórreos de la ruina

Un arqueólogo, un carpintero especialista y un peón rescataron durante meses de entre los escombros de paneras centenarias, secciones de castaño “irremplazables”

Algunas de las maderas de hórreo apiladas en el Centro de la Madera, durante la visita de la Consejera Berta Piñán y miembros de Amigos del Hórreo Asturiano. A. Rubiera

“Hay muelas, subidorias, pilpayos, muchos pegoyos de madera y de arenisca, engüelgos, trabes, moños, lliños... piezas irremplazables de construcciones del siglo XVII y XVIII”. El recuento lo hace Fernando Mora, arqueólogo de la Asociación de Amigos del Hórreo Asturiano, y se refiere a las 159 piezas en total que han pasado de tener un final seguro hecho astillas o malviviendo entre maleza, a quedar depositadas, tratadas, catalogadas y a resguardo en el Centro Tecnológico y Forestal de la Madera de Carbayín.

En los almacenes del Cetemas esperarán, en estanterías y convenientemente apiladas, a que se les pueda dar una segunda vida recolocadas en las rehabilitaciones de hórreos y paneras de Asturias.

Con esas 159 piezas ha comenzado el proyecto “Pegoyu, almacén d’horros”, una iniciativa de la Mesa del Horru y el Principado que se fue fraguando durante el pasado año. Un año que pasó Fernando Mora recorriendo concejos con un carpintero especialista y un peón, para localizar las ocho construcciones etnográficas asturianas en ruinas que la Consejería de Cultura tenía identificadas como susceptibles de recuperación de algunas de sus piezas. En conjunto eran ya construcciones irrecuperables.

Una muela recuperándose de un hórreo derruido, en Carreño.

“La Consejería nos indicó los hórreos y paneras por los que podíamos empezar el trabajo y nosotros nos ocupamos tanto de las gestiones con los Ayuntamientos, como de encontrar a los propietarios para que dieran la autorización para que pudiéramos recoger las piezas”, explica Mora. Una vez entre los escombros de la historia asturiana “decidíamos qué piezas creíamos que se podían reutilizar, buscábamos si había alguna singular tallada o decorada, y descartábamos las que estaban tan podridas que difícilmente iban a servir para algo”, explica.

Recuerda intervenciones “complicadas” y otras en las que “hubo que enfangarse”, pero todo lo da por bueno porque la sensación que ha cundido entre los Amigos del Hórreo Asturiano es que se ha puesto en marcha una iniciativa que mitiga un poco la pérdida irreparable en la que parecía estar sumido el patrimonio más señero de Asturias.

Una de las piezas más singulares, una colondra con la inscripción “Sin/el pecado siempre muera”.

En ese periplo por Illas, Mieres, Aller, Carreño, Piloña, Candamo y Grado -en este último concejo se llevaron a cabo dos intervenciones- al equipo de intervención le esperaban agradables sorpresas. “Como encontrarnos una panera de estilo carreño de la que se pudieron rescatar algunas partes; otra panera también muy grande en Villamayor (Piloña)... En general, en todas había piezas de secciones de castaño que hoy en día no se pueden conseguir de ninguna forma. Por eso decimos que son piezas irremplazables”, relata Mora.

Fue de la panera de estilo carreño de donde sacaron una de las más destacadas maderas para el almacén. “Una colondra lateral, tallada y con ventana respiradero, con la inscripción ‘sin pecado siempre muera -que también podría ser ‘el pecado siempre muera’”, recuerda el arqueólogo. Una pieza tan singular “debe estar destinada a una restauración muy específica, mejor si es a una panera del mismo estilo, porque tiene que ser una reutilización acorde a su procedencia”, asegura.

Pero Mora no desprecia ni uno solo de los elementos que han rescatado. “Todos tienen valor por sí mismos porque ya no hay castaños del tamaño del que tenían los que sirvieron para hacer esas construcciones”.

Algunas de las piezas, en el estado en que llegaron al Cetemas

Por ahora no tienen más hórreos declarados irrecuperables en los que bucear, pero esperan tenerlos en breve. “La primera recogida se cerró el año pasado pero el proyecto tiene continuidad y presupuesto, así que imaginamos que la Consejería nos dará nuevas indicaciones en cuanto sea posible”, comenta el especialista. Desde la propia Asociación “tenemos localizadas algunas construcciones importantes y quizá podamos hacer aportaciones, pero habrá que ver”, añade.

También está pendiente de concretarse el protocolo que determinará en qué casos y bajo qué condiciones se ceden a propietarios particulares las piezas rescatadas y que han sido tratadas por los especialistas del Cetemas. “La idea es que se las peticiones tienen que hacerlas los carpinteros y artesanos profesionales que vayan a hacer las restauraciones, pero para eso hay que explicarles el proyecto y debe quedar hecho el protocolo que fije cómo se va a hacer todo eso. A día de hoy está en marcha la recepción de las piezas y el trabajo que se hace con ellas para entregarlas en el mejor estado posible, pero aún hay que determinar el cauce de salida”.

Pegoyos, muelas y moños de piedra, apilados para su reutilización. | Amigos del Hórreo

Mora destaca el trabajo que se hace en el Cetemas una vez llevado a cabo el depósito. “El proyecto está bien pensado y por eso no se hace solo un acopio de madera o piedras. Los especialistas de la madera realizan una limpieza de las piezas, esperan a su secado, le aplican un material anticarcoma y les hacen también análisis físicos y estructurales para garantizar que cuando se ofrezcan para la reposición, son piezas con garantía”. En ese trabajo ha tenido un papel relevante Abel Vega, ingeniero de montes del Cetemas, experto en el uso del castaño en carpintería, “que aporta otra visión importante y muy complementaria”. Las recuperaciones quedan además perfectamente documentadas con un informe de seguimiento arqueológico y su salida también quedará documentada. El desguace de los hórreos acaba de abrir sus puertas.

Compartir el artículo

stats