Suscríbete

La Nueva España de Siero

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La guerra que vio Campa

El viajero asentado en Pola de Siero, que ya dio tres veces la vuelta al mundo, regresa de la zona en conflicto en el Este

Campa, con un habitante de Ingusetia.

Los pasos del trotamundos Alberto Campa (Nava, 1967) le llevaron en las últimas semanas al avispero del Este de Europa. Este viajero impenitente asentado en Pola de Siero, propietario junto a su mujer de un hotel rural en Castrillón, ha dado ya tres veces la vuelta al mundo. Acaba de regresar de su último periplo: estuvo en la República de Osetia, dentro de la Federación Rusa, y en la península ucraniana de Crimea, bastión de la flota naval de Putin. Ya a salvo en España, confiesa no haber pasado miedo y aporta una visión antibelicista de un enfrentamiento del que, asegura, “se está dando una imagen incompleta, porque tiene muchos matices”.

Campa visitó en las últimas semanas “la práctica totalidad de las repúblicas del Cáucaso”, sumando a su cuenta nuevos “territorios o países”, con lo que ya ha recorrido 220 diferentes desde que inició sus vueltas al mundo. “Cuando inicié el viaje ya había cierta inestabilidad. En Crimea me encontré con muchos barcos rusos entrando y muchos soldados”, explica, antes de señalar que ante este panorama de inseguridad optó por volver, “sin entrar al Donbás, por precaución”. “Pese a todo no llegué a pasar miedo”, añade.

Campa, con dos vigilantes rusos, en el tren de camino a Crimea.

Entiende Campa que el mayor riesgo está en la “zona este de Ucrania”. Esta parte del país ya la conoce de viajes anteriores. “Allí ves que la mayoría de la población es rusa”, explica. Por eso considera que el fin de la guerra llegará “con Rusia haciéndose mediante un acuerdo con la soberanía de esta mitad del país”.

Durante su recorrido por Ingusetia, Osetia, Chechenia, Dagestán y la citada Crimea, el viajero poleso mantuvo algunas conversaciones con la población principalmente rusa sobre la guerra de Ucrania: “En los trenes y las furgonetas se habla con ellos, aunque no entienden casi inglés y es difícil comunicarse. Los rusos son muy fríos y protectores, aunque hay que distinguir entre su población y la figura de Putin”.

Campa, a punto de subirse al autobús “Marshrutka” en la República de Chechenia, desde donde salían los soldados a Crimea.

Explica Campa que en Ucrania “no es todo tan uniforme”. Además de la gran cantidad de población rusa, “el acercamiento de Ucrania a la Unión Europea, con la posibilidad de meter a la OTAN en Kiev, a 700 kilómetros de Moscú, tiene todo que ver con la respuesta rusa”. Pero esa no es la única clave, según su punto de vista, y por ello considera “necesario valorarlas todas para acabar encontrando una solución”. Recalca, en cualquier caso, que no defiende, “ni mucho menos”, la postura de los rusos, pero considera que “la visión que se está dando es muy plana y no el dibujo completo”.

Durante sus días de viaje en Sebastopol pudo bajar a un refugio nuclear que sigue activo y que se construyó en la época de Stalin, en plena Guerra Fría. “Te conmueve entrar dentro. Me imaginaba cómo estará la gente en el metro de Kiev ahora mismo y que, si la OTAN entrase en Ucrania, seguramente iría a por Crimea, desatando la Tercera Guerra Mundial. Entonces serían los rusos quienes tendrían que esconderse allí, en ese refugio. Debemos recuperar el equilibrio”, concluye.

Compartir el artículo

stats