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La matrícula repunta en las aulas de Faes, Viella y Aramil, que ya suman 117 alumnos este curso

“Son datos esperanzadores”, dice el director del Colegio Rural Agrupado de Siero, que destaca la llegada de familias a los pueblos tras la pandemia

Alumnos de Viella, en una actividad en las aulas. | CRA de Viella

Alumnos de Viella, en una actividad en las aulas. | CRA de Viella / Luján PalaciosLuján Palacios,

Luján Palacios

Luján Palacios

Aramil (Siero)

Las tres aulas rurales de Siero, ubicadas en Faes (Valdesoto), Viella y Aramil están experimentando un alza de la matrícula en los últimos años, que se prevé pueda mantenerse a futuro gracias a la llegada de nuevas familias a los pueblos del concejo, animadas algunas de ellas por la tendencia iniciada tras los confinamientos por la pandemia que propiciaron la búsqueda de viviendas en entornos menos masificados y más en contacto con la naturaleza.

“Se están construyendo muchas viviendas en los pueblos del concejo después de los confinamientos y cada vez más familias optan por llevar a sus hijos a colegios pequeños, en entornos naturales y rurales que permiten otro tipo de educación más personalizada y cercana”, reflexiona el director del CRA (Colegio Rural Agrupado) de Viella, Javier de la Roz.

De ahí que en los últimos cursos las aulas tengan un buen nivel de escolares, con 51 niños actualmente en las de Viella, 55 en el caso de las instalaciones de Faes y unos meritorios once escolares en el centro más pequeño y quizás desconocido: el de Aramil. Son números esperanzadores, porque “se están incorporando una media de entre cuatro y cinco niños a cada centro por curso, el año pasado en Viella sin ir más lejos sumamos nueve alumnos”, indica el director. En el caso de Aramil, para el curso que viene se esperan tres nuevos estudiantes, “niños de familias que se están haciendo una casa en la zona o que se han trasladado a vivir a la parroquia después de comprar alguna de las viviendas vacías en el pueblo y que están valorando trasladar a sus hijos a este centro”, especifica De la Roz.

Es quizás el aula más apreciada del CRA por lo que conlleva de “resistencia”, por su proximidad a Pola de Siero, cuyos colegios absorben a la mayoría de los alumnos de los pueblos circundantes. “Es un centro en el que hay un ambiente maravilloso, los cursos están agrupados pero es una gran ventaja, los niños mayores ayudan a los más pequeños y juntos van avanzando, es una forma de educación muy especial”, apunta por su parte la jefa de estudios del CRA, Marta Suárez.

El plazo de presentación de solicitudes para el curso que viene se abrirá el próximo 3 de mayo, pero el colegio ya está notando “llamadas de familias interesadas, están viendo esta opción como interesante por lo que tiene de cercana”, asegura el equipo directivo.

Porque aunque las aulas estén dispersas, se gestionan y administran como un colegio ordinario, con un único claustro y recursos materiales comunes.

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Además de virtudes, los Colegios Rurales Agrupados han de hacer frente a debilidades que pueden lastrar en algunos casos la elección por parte de las familias: no disponen de servicio de madrugadores ni de comedor escolar, lo que puede entorpecer la conciliación de la vida familiar y laboral. Por eso las AMPAS, especialmente en el caso de Viella y Faes, están empezando a movilizarse para solicitar al Ayuntamiento de Siero que les facilite la ejecución de obras que permitan disponer de estos servicios. De manera especial en Faes, dado que la antigua casa del maestro permanece sin uso y podría acondicionarse como comedor para dar un respiro a las familias. “Para nosotros sería fundamental, porque es al fin y al cabo una forma de ayudar a fijar población en el territorio”, advierte el director.

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