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La Nueva España de Siero

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Teresa Medina sueña desde Siero con ser la nueva presidenta de la Academia de Cine

La directora de fotografía, afincada en Asturias desde hace veinte años, se presenta a las elecciones del 4 de junio: “Si queremos, podemos”

Teresa Medina, en las Foces del Río Pino.

“Amo el cine. Amo mi profesión”. La directora de fotografía Teresa Medina quiere ponerse al frente de la Academia del Cine español para hacer realidad “el sueño de lo posible”. Es su lema. Nacida en Madrid en 1965, vive desde hace veinte años en San Miguel de la Barreda (Siero): “Conocí a mi actual marido, empresario, y...” Medina, que estuvo tras la cámara en series populares como “Las chicas Gilmore” o en películas de culto como “Cosas que nunca te dije”, de Isabel Coixet, lidera una candidatura con la documentalista Pilar Pérez Solano y la diseñadora de vestuario Cristina Rodríguez. El día 4 de junio se sabrá quién sucederá a Mariano Barroso: Medina, la productora Valérie Delpierre, la actriz Luisa Gavasa o Fernando Méndez-Leite, director de “La Regenta” televisiva.

Medina inició su carrera en Estados Unidos aprendiendo el oficio en el American Film Institute, siendo la primera mujer directora de fotografía de una tesis de máster. En 2018 fue elegida primera mujer presidenta de la asociación española de dirección de fotografía, un colectivo donde las mujeres solo son el 7% del total.

Tres mujeres dispuestas a aportar buenas y nuevas ideas a la Academia en tiempos difíciles: “Que seamos mujeres es casualidad. Nos conocíamos desde hacía tiempo. Hablamos mucho y así surgió esta candidatura, con ganas de hacer las cosas bien, de integrar y trabajar por un proyecto muy bonito. Decíamos: qué bueno sería esto, qué bueno sería aquello... Estoy convencida de que, si queremos, podemos”.

Su etapa de aprendizaje de Estados Unidos fue enriquecedora: “Un profesor me dijo que debería conocer otra forma de hacer las cosas, otra cultura”. En el American Film Institute fue una de las 20 personas elegidas para el primer año. En el segundo solo permanecieron ocho para el máster: “Trabajé muchísimo. Era un lujo: cámaras, negativo para poder rodar... Mis compañeros me decían: ‘A lo peor te equivocas y no te eligen para el segundo año’... Me da igual, este primer año lo usaré a muerte”.

Su trabajo en la serie “Las chicas Gilmore” fue todo un doctorado: “Era un formato al que no estaba acostumbrada. Yo venía de rodar cine independiente en Los Ángeles y fue muy bonito, con tantos medios; Amy Sherman-Palladino, la creadora, era increíble, nunca tuve la sensación de estar en televisión, pero lo que me tiraba era otro tipo de trabajos. Una productora que me conocía trabajaba con Isabel Coixet y nos pusieron en contacto. Trabajamos dos meses la preproducción de ‘Cosas que nunca te dije’. Una gran experiencia”.

¿Vivir en Asturias perjudica para dedicarse a su profesión? “Actualmente puedes estar en cualquier sitio del mundo. Sería estupendo que mejoraran los sistemas de comunicación. Es como si pasado mañana tengo que ir a Madrid y no tengo avión. ¡Por favor, esto lo tienen que mejorar!”.

El techo de cristal en cine para las mujeres no está roto. Ni mucho menos: “Queda mucho por hacer. Son muchos años de una gran tradición y darle la vuelta a esa tortilla no se hace de la noche a la mañana, aunque parezca que sí”. Si fuera presidenta tiene propuestas que “mucha gente quisiera que salieran adelante. La única forma de lograrlo es que nos voten”.

Llegan los “Goya” y la presencia de mujeres en las candidaturas técnicas es mínima: “Imagínate. Solo ha habido dos mujeres nominadas como directoras de fotografía. En toda la historia. Y solo una ha ganado. Me dicen: ‘Bueno, las mujeres estáis consiguiendo algo’. ¿Ah, sí? Las diferencias son abismales. Y no solo en fotografía. Hay muchas categorías en una situación similar. Música, por ejemplo. Y no es porque las mujeres no quieran. Talento hay”.

Pisemos minas: la gala de los “Goya”. Medina ríe: “Primero la candidatura, luego los ‘Goya’. Sí creo que se pueden adaptar ideas del concepto del espectáculo que tienen en Estados Unidos. El show de la Super Bowl, por ejemplo. ¿Por qué no convertir los ‘Goya’ en un gran espectáculo internacional al que se conecte todo el mundo a izquierda y a derecha?”. Congelamos plano: desde aquella célebre gala del “no a la guerra” a la Academia se le pegó de la politización: “Solo hay que seguir los estatutos: la institución no pertenece a ningún partido político. A ninguna ideología. Solo pertenece al cine. Esa es la única bandera que nos debe unir. El cine y el talento”.

Es un hecho indiscutible que “el cine ha cambiado. Y la sociedad también. Estamos viviendo una revolución industrial en todos los ámbitos. Yo lo veo en mis hijos. ¿Cómo hacemos para que las cosas funcionen bien? Hay que rediseñar lo que estamos haciendo. Y no solo pensando en el público joven. En todo tipo de público. La pandemia se ha cobrado muchas cosas, entre ellas el cine. Vas a las salas y están vacías. La gente se ha acostumbrado a ver las películas en casa. Y luego está también la inflación. Es que por lo que cuestan dos entradas te apuntas a Netflix un mes. Lo comentaba con mis compañeras: aún queda esperanza, vamos a replantearnos el estado de las cosas ahora que aún quedan salas. No es lo mismo ver una película en casa que en el cine”.

En Asturias, afirma, “hay mucho talento. Actores, técnicos. Hay mucha gente que quiere trabajar en el cine y debe ir a Madrid. Debería potenciarse ese atractivo, no solo el paisaje. Como ocurre con otras comunidades como Valencia o Andalucía, donde se recurre a los profesionales autóctonos. Aquí no. Y me duele en el alma”.

Medina guarda un recuerdo imborrable de “Remando al viento”, el clásico de Gonzalo Suárez donde trabajó como ayudante del fallecido Carlos Suárez, un gigante de la fotografía cinematográfica: “Empecé como meritoria suya en ‘Cara de acelga’. En ‘Remando’ aprendí lo divertidísimo que es trabajar en el cine. Me reí tanto, lo pasé tan bien con los hermanos Suárez... Cuando me preguntan en qué película me lo pasé mejor siempre digo ‘Remando’. Qué maravilla hacer cine y estar tan a gusto rodeada de gente tan creativa. Admiraba mucho a Carlos y me asombraba ver cómo Gonzalo planteaba los planos secuencia”.

En la película de 1987 trabajaba un Hugh Grant que aún no era gran estrella: “Había empezado un romance con la actriz Elizabeth Hurley y había momentos muy simpáticos por eso. Estaban a lo suyo. Demasiada pasión”.

¿Esperanzas de ganar las elecciones? “Ni idea. Mucha gente nos dice que somos la candidatura más fresca e innovadora, pero quién sabe”. Continuará...

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