El mercado nacional de ganado de Siero, en la Pola, recupera niveles de reses y operaciones previos a la pandemia. Pero las cifras no son las de hace años ni de lejos. Porque hay menos ganaderías, sobre todo de leche, y eso implica que cada vez nacen menos terneros y así también va progresivamente bajando el número de animales presentes para su comercialización. “No hay relevo generacional, la ganadería de leche que cierra ya no abre y cada vez hay menos reses”, explicaban ayer por la mañana en el recinto sierense.

Tratantes, durante la cita.

Una buena cita de los jueves llega ahora, dicen los tratantes y ganaderos, a los mil terneros mamones presentes en el mercado poleso. Si es periodo de vacaciones o la convocatoria se ve afectada por otras vicisitudes como alguna huelga, se quedan en los ochocientos. “Pero hace mucho tiempo, más de una década, dos igual ya, podíamos hablar de tres mil y pico o cuatro mil animales. Pasaban de cuatro mil cuando todavía estábamos en Avilés,”, explica José Manuel Gómez, de Ganados Payaro, de Navelgas (Tineo). “La venta no se puede recuperar, porque hay muy pocos animales ahora. Las ganaderías de leche se van cerrando y hay menos volumen de animales. Ha sido un proceso de años. La gente se va haciendo mayor y no hay relevo generacional. Hubo unos años que se quería otra cosa para los jóvenes, cualquier chico estaba mejor fuera que en las ganaderías, sus padres les mandaron dedicarse a otra cosa. Y eso va notando ahora que hay infinidad de ganaderos con 60 años o más sin relevo generacional”, señala Gómez.

Junto a Luis Miguel Orejas, tratante de León, se refiere a una circunstancia que también está afectando al sector. Para llevar animales a un cebadero, detallan, hay que juntar un mínimo de cincuenta animales. “Como hay menos volumen de animales, la gente que los compra para mandarlos a un cebadero lo tiene muy difícil porque al no haber cantidad se dificulta crear el lote”, afirman ambos.

Gómez se muestra apenado porque “lo de la leche no tiene marcha atrás”. “Toda la clientela que tengo está en una franja de edad parecida a la mía, de los 58 a los 65 años. Y detrás nada, ahí se hizo un hueco enorme porque no se quedó nadie en el campo. Eso se va a empezar a ver ahora y no tiene marcha atrás y es general, en occidente y en oriente”, incide, rememorando además que los muchos cambios habidos en el sector y en el modo de vida de la gente tampoco facilita las incorporaciones.

Vista del recinto.

“Cuando yo tenía 14 o 15 años, para esto, para tener ganado de leche, valía cualquier persona. Pero como ha evolucionado hoy el sector, cómo se ha profesionalizado, pues no vale cualquiera. Hay que saber unos sistemas, una serie de cosas... Y luego pues sí, también es importante haberlo visto, nacer y criarse en una ganadería, mamarlo y que te guste, claro”, explica para concluir que “luego, para encima los tiempos no acompañan, con la subida del cereal y otras cosas, pues la poca gente que queda joven se desanima”.

Cerca andan Avelino Gayol y Antonio Iglesias, el primero de Luarca y el segundo de Navia, asiduos también en la cita de los jueves en Siero. “Hay muchos menos animales, la gente vendió las vacas y no hay terneros. La gente joven no quiere esto ya”, coinciden.