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El Águila Negra vuelve a levantar el vuelo: recuperan la historia y las imágenes de la gran fábrica de cerveza de Colloto

Francisco Bustamante rescata en un libro la bodega que se convirtió en "el símbolo de Asturias" y dio de beber a los asturianos durante casi un siglo

Francisco Bustamante, con su libro y ante la fábrica del Águila Negra de Colloto, hoy convertida en Bien de Interés Cultural. | I. Collín

Fue un éxito total, pero hoy sería la marca más cancelada del mundo. El Águila Negra, la cerveza de Colloto que nació con el siglo XX en Asturias y se convirtió en la más popular y consumida en la región casi a lo largo de toda la centuria, debe su nombre a las dos pasiones (la política y la caza) del primer presidente y principal accionista de la compañía, Manuel de Vereterra y Lombán (1852-1931), marqués consorte de Canillejas tras casarse con Isabel Armada Fernández de Córdoba. Manuel de Vereterra fue diputado en Cortes y era el jefe en Asturias del partido conservador. El águila negra de San Juan, que introdujeron los Reyes Católicos en su escudo, era el símbolo de esa corriente política tradicionalista. Al cambio actual, sería como si Teresa Mallada, aún presidenta del PP regional, comenzase a vender una cerveza llamada "La Gaviota". Por otra parte, Vereterra, cazador conspicuo con pabellón con osos disecados en Valdesoto, estaba muy orgulloso del águila real (hoy una especie en régimen de protección especial) que él se había cobrado en los Picos de Europa y que mostró, disecada, en la exposición regional de Oviedo de 1902.

La visita de Carmen Sevilla a la fábrica en 1958.

Así que, todo junto, gloria. Cuando hubo que poner nombre a la cerveza que desde 1900 y hasta 1993 se fabricaría en Colloto no lo dudó. Sería "El Águila Negra".

Una imagen de los obreros de la fábrica en 1930.

Todos estos detalles, y muchos más, están contenidos en el libro "Los años dorados del Águila Negra", escrito por Francisco Bustamante, estudioso de la historia de Colloto que ya ha firmado otros volúmenes como "El sueño del indiano", una biografía del empresario benefactor de la localidad Pepín Rodríguez, un emigrante asturiano a Cuba que se convirtió en el mayor vendedor de habanos del siglo XX, y "El olvido del retratista", sobre la figura del pintor Prado Norniella.

Cartel promocional de 1913.

En "Los años dorados del Águila Negra" Bustamante traza, con numerosas fotografías hasta ahora inéditas y nuevos detalles encontrados en diferentes archivos, la historia de una fábrica –hoy restaurada pero abandonada y a la espera de comprador– que se convirtió en "el símbolo de Asturias". Fue una compañía que aún permanece en el recuerdo de muchos asturianos, "especialmente de los pueblos cercanos de Viella, Tiñana, Granda y, sobre todo, de Colloto, donde trabajaron generaciones enteras", escribe el autor en el prólogo de una obra que sale a la luz "en el 120.º aniversario del comienzo de la venta de la cerveza y a los 30 años de su cierre".

Cartel, obra de Alfredo Enguix.

El Águila Negra, explica Bustamante, "nació a partir de la empresa Bodegas Asturianas (antes dedicada a la producción de sidra), como reacción al éxito que estaba teniendo en Gijón la fábrica de cerveza La Estrella. Desde el principio, la empresa contó con el apoyo económico de las grandes familias de la región". La disponibilidad de amplios terrenos en Colloto y, especialmente, proximidad de estos con la línea férrea de Económicos, les brindaban una oportunidad inmejorable para abastecerse y sacar sus productos. Esa fue una de las claves, indica Bustamante, para que la fábrica se instalase donde hoy aún está, convertida en Bien de Interés Cultural.

Cartel, obra de Alfredo Enguix.

La historia de la compañía, apunta el autor de "Los años dorados de El Águila Negra", está llena de iniciativas avanzadas a su tiempo. "Me sorprendió descubrir que, por ejemplo, fueron los primeros en España que tenían la patente para cerrar sus botellas con chapas". También destacaron por sus potentes iniciativas publicitarias. "En 1958, cuando Carmen Sevilla era ‘la novia de España’, la trajeron a las fiestas de San Mateo y luego a la fábrica; le regalaron una medalla de la Virgen de Covadonga. En la ópera de Oviedo, como los señores fumaban puros, regalaban cajas de cerillas que, por dentro, llevaban impreso el programa de la temporada. En los años 60 y 70 usaban pequeños aviones para soltar sobre las playas atestadas unos palillos que en un extremo tenían una botellita o una jarra de cerveza de plástico", explica el autor. Por cierto, junto a cada ejemplar de "Los años dorados del Águila Negra" se regala un original de aquellos palillos que aún están pinchados en los recuerdos de quien hoy tenga más de 50 años. Esta potente ofensiva, unida a un producto de calidad –para cuya fabricación fueron convocados técnicos alemanes y checos– convirtió al Águila Negra en una potencia cervecera. LA NUEVA ESPAÑA (según un reportaje citado en el libro) informaba que en 1961 tenía 210 empleados, producía 35 millones de botellas anuales y consumía 200 vagones de cebada al año.

Francisco Bustamante, con su libro y ante la fábrica del Águila Negra de Colloto, hoy convertida en Bien de Interés Cultural. | I. Collín | I. COLLÍN / F. BUSTAMANTE

Parte muy importante de la identidad de la compañía –y hoy convertida en un clásico de la iconografía retro de Asturias– era la mascota de la compañía: un orondo personaje bebedor de cerveza con el traje regional bávaro. Fue obra del pintor Alfredo Enguix (1930-2018), que se había trasladado a Asturias desde su Madrid natal gracias a su amistad con Alfonso Iglesias (1910-1988), dibujante de LA NUEVA ESPAÑA y creador de los inmortales personajes Telva, Pinón y Pinín. Enguix abandonó el dibujo publicitario en 1975 y se dedicó solo a la pintura, donde los caballos tenían un papel siempre protagonista. Por sus pinceles pasaron, como apunta Bustamante, desde los campeones de la familia real árabe hasta la yeguada de Gabino de Lorenzo, exalcalde de Oviedo.

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