Suscríbete La Nueva España de Siero

La Nueva España de Siero

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Siero es un vergel: así son sus tres jardines históricos incluidos en el Inventario de Patrimonio de Asturias

El Ayuntamiento ampliará en 2023 el parque Alfonso X de la Pola, uno de los tres destacados del concejo junto al de La Cebera de Lugones y el jardín del palacio de Valdesoto

Una vista de los jardines del palacio de Valdesoto, de estilo francés. | LNE

Siero actuará el año que viene sobre el parque Alfonso X el Sabio de la Pola para proceder a su ampliación hacia la zona este, ocupando la calle Navia Osorio hasta el edificio municipal de Urbanismo. Con ello, se intervendrá en uno de los tres jardines históricos del concejo incluidos en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias desde el año 2013, junto con los jardines del palacio de Valdesoto y la gran mancha verde de La Cebera, en Lugones. Los tres hacen del concejo sierense todo un vergel de historia.

El parque de la Pola, conocido antaño como Jardín o Huerta del palacio del Marqués de Santa Cruz de Marcenado o Ería del Jardín, cuenta con una superficie de 11.719,01 metros cuadrados. Toma su nombre del rey Alfonso X el Sabio, por ser fundador de la localidad a través de una carta puebla otorgada a los moradores de la tierra de Siero en el año 1270.

El espacio de recreo se configura en el primer tercio del siglo XX, como otros muchos primeros parques públicos asturianos. Por aquel entonces, los terrenos que ocupaba eran conocidos por el nombre de Ería del Jardín, rebautizados en 1922 como parque de Alfonso X. En él destacan el palomar, realizado en la década de los años sesenta del pasado siglo, o la bolera, de reciente creación, junto con el kiosco de la música, construido en la década de 1920 en hierro sobre basamento de ladrillo y cantería de piedra.

El parque de la Pola, con el kiosco de la música al fondo. | LNE

La fuente habilitada en 1999, durante las obras de rehabilitación del parque, es el elemento acuático más destacado, con 190 varillas de metal por las que sale el agua. Como estructuras vegetales destaca la estructura de la pérgola y la rosaleda. En cuanto al arbolado singular se pueden citar los fuertes y añejos plátanos de sombra del paseo central y los cedros del Himalaya que los acompañan.

Con todo, es el de Valdesoto es el espacio más llamativo por su vinculación al conjunto histórico del palacio. Con una superficie de 32.694 metros cuadrados, su denominación oficial es la de Jardines del Palacio del Marqués de Canillejas, aunque habitualmente se lo reconoce como jardín del palacio de Valdesoto a secas. Tal y como consta en el expediente del Inventario del Principado, este enclave representa uno de los ejemplos de mayor entidad de la región. Fue construido en el siglo XVII y constituye un ejemplo destacado de la arquitectura palacial asturiana del estilo barroco desornamentado, con algunos añadidos y reformas datables en el siglo XIX. Del linaje del palacio nació la abuela paterna de Gaspar Melchor de Jovellanos, quien se alojó allí en 1790 durante una de sus expediciones a las zonas mineras.

El palacio de Valdesoto vivió con los marqueses de Canillejas su época de esplendor, acogiendo diversos actos sociales, fiestas y todo tipo de celebraciones familiares. Se afirma que fue visitado por el rey Alfonso XIII y, asiduamente, por su tía, la infanta Isabel de Borbón, conocida como La Chata. En 1924, también recibió la visita del entonces Príncipe de Asturias, Alfonso de Borbón y Battenberg, atraído por una amplia finca que "constituye un oasis de arquitectura y jardinería cultas entre las praderías del agro poleso", tal y como se apunta en el expediente.

Clásico

La obra de jardinería tiene una superficie de 70.000 metros cuadrados y se considera uno de los mejores ejemplos de jardín clásico de Asturias, con parterres geométricos, galería de estatuas, escalinatas, balaustradas, cenador, columnas de piedra y plaza de azulejos esmaltados. Parte de su diseño, de tintes versallescos, se debió a un autor francés de finales del siglo XIX. En concreto, se trata de los jardines barrocos situados en el área más próxima al edificio principal, organizados en dos ejes perpendiculares que se cruzan en el centro de un rectángulo adornado con setos de boj, haciendo dibujos geométricos.

La laguna de La Cebera, en Lugones. | L. Palacios

Cerca de la entrada principal y en el extremo más alejado del palacio se extiende una gran pradera en la que destacan las coníferas. A la izquierda, se encuentra un huerto de frutales. A la derecha, un bosque de camelios. Frente a la cancela de entrada, en un extremo, se abre una plazuela de aires sevillanos, donde había un conjunto muy elaborado de fuente y bancos de azulejos hoy desaparecidos.

El 9 de junio de 1982 se abrió el expediente del palacio del marqués de Canillejas para ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Monumento, publicándose en el Boletín del Principado de Asturias del 1 de septiembre de 1982. En 2006 se firmó un convenio urbanístico entre el Ayuntamiento y el grupo inmobiliario Benazaire para la rehabilitación del conjunto para fines hosteleros.

En el centro de la finca se abren unas proporcionadas escalinatas de piedra que unen los dos planos del jardín y conducen al cenador. Cerrando parte del túnel de magnolios y abriéndose hacia la pradera se extiende una balaustrada de cerámica. Otra escalinata aparece salvando el desnivelado terreno desde el punto central del túnel a la zona donde se encuentra la antigua pista de tenis.

En la zona baja del monumental conjunto de Valdesoto hay una piscina y también se conservan jaulas para aves y para fieras, el mirador, el palomar e, incluso, un complejo ingenio hidráulico para el riego en épocas de sequía.

Entre los muebles que se conservan en el jardín destacan varias mesas de piedra, una en el cenador, y un banco vis a vis, posiblemente único en la jardinería asturiana, en forma de letra S y realizado rústicamente en madera y hierro. El expediente destaca entre las estructuras vegetales el parterre de brocado realizado con setos bajos de boj y el largo paseo de magnolias que forman un túnel.

Lo más destacable de Valdesoto es "la variedad de ambientes imbricados de formas tan diferentes y contar con plantaciones de tan alta calidad y cantidad", con arbolado autóctono y exótico de interés como plantones de magnolio, laurel real, palmeras, butias (muy raras de ver con esta edad en Asturias), una araucaria chilena, cedros, una secuoya gigante, varios tilos y tejos, un haya púrpura, una picea, un árbol de Júpiter y cipreses.

La Cebera cuenta con más de 2.000 especies vegetales y un cedro de 30 metros de altura

decoration

"Muy destacable es la gran colección de camelios y una especie única en la provincia, una leycesteria formosa, procedente de China y algunas regiones del Himalaya", apunta el expediente.

El tercer gran jardín histórico de Siero es el parque de La Cebera, en Lugones, que se ha catalogado junto a la finca privada de la familia Tartiere, ocupando un total de 172.987 metros cuadrados. Entre las dos crean un continuo arbolado y, además, están históricamente relacionados con la Fábrica de Explosivos Santa Bárbara de Lugones. En La Cebera se encontraban las instalaciones fabriles, la casa del director y los edificios de los ingenieros. En la finca privada tiene su residencia la familia Tartiere, descendientes de don José Tartiere, creador de la planta de explosivos en 1880.

El origen de este tesoro vegetal, uno de los enclaves más singulares del centro de Asturias, está en la actividad industrial, motor fundamental de Lugones desde los comienzos del siglo XX. En 1972 quedó desmantelada la firma Explosivos de Santa Bárbara. La finca fue comprada por el Ayuntamiento de Siero en 1982 a su anterior titular, la Unión Española de Explosivos Río Tinto. En 2001 se puso en marcha un proyecto de recuperación del enclave para potenciar la zona ajardinada, la limpieza de la laguna interior, la renovación de los caminos y la recuperación del espacio boscoso. Todo ello ha convertido a La Cebera en un área recreativa con mesas y sillas, columpios y parrillas, abierto a la ciudadanía. Una de las zonas que más llama la atención del parque es el estanque, con su islote central y catarata, donde habitan truchas y tortugas.

El conjunto está declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, con humedales que se entienden como espacios de interés vegetal, por las especies ribereñas, y de alto valor faunístico.

El parque cuenta con 2.000 especies vegetales, entre árboles y arbustos. Los hay insólitos o, al menos, poco frecuentes. Se trata d de pinos de Chile, robles americanos, cedros de Líbano, araucarias y hasta secuoyas gigantes. También hay ejemplares de saúcos, carbayos, castaños, avellanos, laureles, fresnos, falsas acacias, acebos, espineras, cornejas y cerezos. La finca cuenta con una gran abundancia de zarzas, enredaderas (hiedras, raspalenguas, madreselvas, nueces negras) y sanjuaninos.

El árbol considerado por el informe del Principado como "rey" de la finca es un cedro del Líbano cuya altura supera los treinta metros.

Compartir el artículo

stats