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El "Black Friday" y las compras para Navidad tensan la actividad de los centros logísticos

La nave de «última milla» de una multinacional implantada en Meres distribuye ahora hasta 20.000 paquetes diarios para toda Asturias

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EN IMÁGENES: Así trabaja Amazon en Asturias durante la campaña del Black Friday Ángel González

El «Black Friday» y las compras navideñas incrementan la actividad de los centros logísticos de reparto. El de Amazon en Meres, llamado «de última milla» porque en él se gestionan los paquetes para su entrega final a los asturianos, se asemeja a una gran coreografía en la que cada actor tiene bien aprendido su papel. Orden y sistematización al máximo son las claves con las que trabaja la multinacional americana para repartir del orden de 12.000 paquetes al día en toda Asturias. En fechas como el próximo lunes, cuando los compradores empiecen a recibir las compras del «Black Friday», pueden llegar a ser 20.000 bultos diarios, y más incluso durante la campaña de Navidad. Un «ballet» perfectamente ensayado con el que llevan manejándose tres años alrededor de medio centenar de trabajadores en la antesala de lo que será el gran despliegue de Amazon en Asturias.

En la nave de Meres se reciben los paquetes procedentes de los centros de almacenamiento de Barcelona, Madrid y Sevilla, que llegan en camiones para una primera clasificación, como explica Víctor Veiga, responsable de la estación logística de Siero. Los bultos se preparan para un primer cribado en el que los trabajadores colocan cada uno de ellos en dos rodillos diferentes que siguen un circuito a lo largo de la nave sierense en función de una etiqueta en cada envoltorio.

Los rodillos por los que circulan los paquetes para clasificar. | Ángel González

«De esta manera, se van ordenando para proceder luego a meterlos en las bolsas antes del reparto», indica Veiga. De los rodillos se pasa a otra fase en la que los paquetes se colocan en grandes bolsas que luego irán destinadas a los repartidores.

Es una de las fases más curiosas, puesto que los empleados están dotados de un lector digital en un dedo para leer los códigos de los paquetes. En función del destino, se ilumina un casillero con la bolsa correspondiente a la que tienen que llevarlo. Cada bolsa, además, no puede pesar más de 15 kilos y los paquetes de más volumen pasan directamente a otra zona. Con ello se permite «agrupar por áreas de reparto» y, si hay un error, los lectores electrónicos avisan de que el paquete no está en su bolsa correspondiente, de manera que se puede revisar para que vaya a dar al lugar adecuado.

El lector digital para colocar los paquetes. | Ángel González

Todo ello se hace fundamentalmente por la noche, puesto que para las nueve de la mañana deben estar preparadas las bolsas para partir en furgonetas. En el muelle entran los repartidores, previa revisión del vehículo y de forma ordenada, para proceder a despachar las entregas más lejanas, a las zonas rurales. Cada uno dispone de un código que automáticamente le dice cuál es su carro con las bolsas llenas de paquetes, para que puedan cargarlos. Las entregas en la zona centro, las más numerosas, salen algo más tarde. Gracias a que el mecanismo funciona perfectamente engrasado, «tenemos un estándar de éxito del 99, 5 por ciento», subraya Veiga.

Mona Povedano, trabajadora de la planta. | Ángel González

Un trasiego diario en el que empleados como Mona Povedano o Diego Rodríguez están encantados, porque «el ambiente es muy bueno, somos una gran familia y todos hacemos de todo», aseguran, a la espera de que Amazon consolide su gran despegue en Bobes.

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