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Una sidrería sube treinta céntimos la botella escanciada y baja veinte la que no echa

"Hay que reivindicar la labor de los escanciadores", subraya Loreto García, propietaria de El Madreñeru, en Pola de Siero

Loreto García escancia ante, desde la izquierda, José Luis Santaugenia, Víctor Vallina, Jamín García y José Luis Piñera. | L. Palacios

La de escanciador es una categoría profesional aún sin reconocer y la hostelera polesa Loreto García ha dado un paso al frente para conseguir más dignidad para esa actividad. En El Madreñeru, establecimiento que regenta en plena plaza de Les Campes, una botella de sidra ha subido treinta céntimos si es escanciada por uno de los camareros, pasando de 3,20 a 3,50 euros en el caso de la variedad normal y de 3,70 a 4 euros en las acogidas a la Denominación de Origen Protegida (Dop). Por contra, el precio de la botella ha bajado veinte céntimos cuando es el cliente quien se encarga de servirla. En este caso, la sidra normal que estaba a 3,20 euros queda en 3 euros y la de Denominación de 3,70 euros sale ahora a 3,50 euros. Es la primera vez que se aplica este criterio en Asturias.

Luis Alberto Díaz, Noa Díaz y Estela Castañedo. Luján Palacios

La iniciativa fue anunciada por García en sus redes sociales y reconoce que "se montó una revolución, con todo el mundo hablando del tema". Sin embargo, sigue firme en sus planteamientos. "No es lo mismo un camarero de mesa que un camarero que escancia, y la categoría de escanciador no se reconoce ni se paga", razona. Por eso, desde el pasado 1 de diciembre, en su local, la sidra sin escanciar es 20 céntimos más barata y la que echan los camareros sale por 30 céntimos más que antes. "Los precios están al alza y nos estamos poniendo al nivel de otras ciudades", indica la hostelera, quien acompasa ese incremento con una bajada del coste de las botellas que se echan con tapón o con escanciador eléctrico. En conclusión, una botella de sidra servida por un echador profesional cuesta 50 céntimos más que una sin escanciar. En ese medio euro radica una diferencia que Loreto García quiere que sirva, sobre todo, para llamar la atención sobre la situación de los escanciadores.

"Cuando llamas a un cortador de jamón profesional, se le paga. Pues a los escanciadores profesionales, igual. Y mira que es tirar piedras contra mi propio tejado. Como empresaria voy a pagar más a los empleados, pero es necesario y llevo años diciéndolo", sostiene García. "Es más, se debería pagar más a los productores de manzana; la desigualdad empieza por ahí", añade.

En el chigre se ha montado un buen debate, pero "la gente ha seguido tomando la sidra escanciada como siempre. El sábado vendí catorce cajas de sidra y se escanciaron trece. El que la toma bien echada, la sigue pidiendo así", indica la hostelera, quien asegura que "si no hubiera puesto carteles explicando la diferencia de precios, nadie se hubiera enterado. Pero es que quiero reivindicar a los escanciadores".

Entre los parroquianos la medida ha sido acogida sin ningún problema. "Voy a seguir tomándola como siempre, solo quiero que esa diferencia vaya para el bolsillo del que escancia", señaló ante una botella Luis Alberto Díaz. Eso sí, "hay que pensar en el productor de manzana, que es un trabajo muy sacrificado y no siempre hay buena cosecha", añadió Estela Castañedo.

José Luis Piñera, del llagar del mismo nombre, defiende esta medida. "La tradición es muy bonita, pero hay que mantenerla y pagarla como es debido", dice. Por su lado, el lagarero Víctor Vallina sostiene: "Habrá que cuidar muy bien los tiempos y la atención para que los consumidores perciban por qué están pagando un poco más". Y ahí Loreto García le da la razón: "Precisamente es para eso, para buscar la excelencia y la calidad. Y quien no quiera pagar más, puede seguir echándose la sidra a su manera. Es mi humilde opinión, y todos tan contentos", concluye.

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