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Con veinte niños, horario reducido de adaptación y "muchas ganas": así fue el primer día de clase en la nueva escuelina de Pola de Siero

"Llegó el día por fin, llevábamos tiempo esperándolo", afirman los padres de los pequeños

Primer día de curso en la escuelina de 0 a 3 Los Polesinos de Pola de Siero

Pablo Antuña

Pablo Antuña

Pablo Antuña

Pola de Siero

Marco Menéndez llega contento, se le escapa alguna que otra lágrima a la entrada, pero rápido se pone a jugar en su aula, con un carrito, y disfruta junto a sus nuevos compañeros de clase. Ya en el día de la inauguración de Los Polesinos, la nueva escuelina en Pola de Siero, fue de la mano del alcalde de Siero, Ángel García, y se puso a jugar en la clase como si llevase toda la vida. “Estamos contentos porque esto ya empieza a rodar, ya llegó el día por fin, llevábamos mucho tiempo esperando”, cuenta Vanesa Martínez, madre del pequeño de 16 meses, que aún está bordando el nuevo mandilón y sigue con el anterior de la guardería. Marco fue uno de la veintena de niños que este jueves iniciaron el curso en Los Polesinos. Fue una primera jornada de adaptación, de hora y media, que irá creciendo progresivamente hasta adoptar la jornada completa ya a mediados de mes. “Es un reto ilusionante empezar un proyecto nuevo desde cero”, coincidieron en destacar los seis profesores, que se encargan de llevar las tres unidades abiertas -hay dos en cada una-, en los tres ciclos de hasta un año, de uno a dos, y de dos a tres años.

"Estamos contentos de que empiece ya, venimos de otra guardería privada, lo único que ahora necesitará un poco de periodo de adaptación, pero había muchas ganas de ver esto abierto”, destaca Silvia Díaz, madre de Lara Venero, de 19 meses. “Veo positivo que hay flexibilidad con la hora de entrada, que le vendrá muy bien, y que será una buena experiencia para ella”, comenta Alberto Ornia, padre de Catalina Ornia, que ya está en el último ciclo.

Alba Miranda tuvo que "hacer malabares hasta última hora" para poder cuidar este tiempo a su hijo, de 21 meses. "Veremos qué tal se adapta”, comenta, antes de añadir: “Lo bonito de esto es que es una escuela nueva, se está creando el proyecto desde cero, y podemos también aportar algo los padres”, enfatiza.

Ilusión para las educadoras

En el aula de dos a tres años, las educadoras Patricia Álvarez y Alba del Valle, ambas polesas, transmiten su ilusión con el proyecto. “Pero a la vez también es un poco aventura, tiene cosas buenas y otras malas, como que todavía faltan cosas o materiales, pero salimos adelante”, comentan. Álvarez cuenta que, tras trece años en una guardería privada, pidió una excedencia para entrar. “Estaba en la bolsa de trabajo, pero no me llamaban, o eran cosas inasumibles como ir a Degaña”, resalta. “Lo que le pedimos ahora a la Consejería es que tenga sensibilidad. Porque en noviembre hay un concurso de traslados, que se hace efectivo en abril, y esperemos que no nos quiten de aquí para meter a gente fija, por el bien de los niños y no tengan que afrontar ese cambio. Que por ejemplo esperen a que acabe el curso, y se valore todo el año que viene, con la posibilidad de abrir otras tres unidades”, comenta, mientras cuenta en una mesa del aula a Lían Méndez y Martina Cernuda el cuento de “El pollo Pepe”.

La falta de material es otra de las reivindicaciones que hacen estas dos educadoras, y que comparten también en el aula contigua, el de uno a dos años, María Blanco y Crístel Fernández, así como Natalia Redondo y José Andrés González, responsables del aula de hasta un año. Ec, por ejemplo, mantas sensoriales con textura, algún andador, juegos con música, mesas sensoriales, cosas manipulativas o simplemente materiales como cartulinas para poder preparar trabajos.

Un nuevo proyecto, con implicación y trabajo

“Lo guapo es que lo echas a andar un poco a tu gusto, pero con mucho trabajo a la vez”, subrayan Blanco y Fernández, mientras atienden a las hermanas mellizas Gala y Lola Casielles, a las que llevaron a este primer día sus padres, Elena Casielles y Valentín Casquero. “Al final necesitamos recursos, porque esto no es una guardería, en las que les sueltan a que jueguen, es una escuela”, destaca Alba del Valle.

En la planta inferior están los niños de 1 a 3 años, en esos dos ciclos, mientras que los bebés, hasta el año de vida, se encuentra en la parte superior, donde cuentan con patio propio. “Teníamos muchas ganas de forma parte de esta escuelina, queremos hacerlo todo bien”, transmite con entusiasmo Natalia Redondo. “En los más pequeños buscamos atender sus necesidades, estimularles lo que podamos, y que se sientan protegidos en un ambiente cálido y acogedor”, asevera.

Periodo de adaptación

La primera jornada, de adaptación, con solo hora y media, irá dando paso los próximos días a tramos ya de tres horas, y horarios más amplios, hasta llegar a la jornada completa. “El problema es un poco el periodo de adaptación, que llega en noviembre, y es difícil de compatibilizar con el trabajo”, analiza Sandra Casielles, madre de las gemelas Noelia y Sofía Pruneda, ya del último ciclo entre dos y tres años. “Pero por fin se abrió, que era lo importante”, apunta, en alusión a que venían de una guardería privada.

La apertura de Los Polesinos y Mundu Feliz en Pola de Siero y Lugones, respectivamente, estaba prevista para 56 niños matriculados, 32 en la primera y 24 en la segunda, aunque finalmente será algo menor, por alguna plaza que finalmente no será ocupada. Se suman estos usuarios a los 85 de las escuelas municipales, la de El Carmín en la Pola (38) y La Manzana en Lugones (47). La consejera de Educación, Eva Ledo, destacó el pasado viernes en la inauguración que la lista de espera se reduce en Siero notablemente, pero dejó también abierta la opción a abrir tres unidades más en Los Polesinos el curso que viene, en caso de que se requiera.

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