Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Sidros con alma de mujer en Valdesoto: "Hacemos nuestro papel desde el mayor de los respetos a la tradición"

Cuatro jóvenes de Valdesoto se ponen el traje del personaje más representativo de la parroquia sierense que hasta hace pocos años solo se enfundaban hombres

Por la izquierda, Isabel López, Olaya Bermúdez, Cristina García y Paula Moro, con la melena de sidro, en Valdesoto.

Por la izquierda, Isabel López, Olaya Bermúdez, Cristina García y Paula Moro, con la melena de sidro, en Valdesoto. / L. R.

Lucía Rodríguez

Valdesoto (Siero)

"Yo tenía siete años cuando la tradición de los Sidros y Comedies se recuperó en Valdesoto", recuerda Cristina García, una joven que vive en Pola de Siero aunque sus raíces están vinculadas a la parroquia sierense. Desde pequeña, García veía como "mi madre se vestía de dama, mientras mi padre y mis amigos del pueblo se vestían de sidro, pero a mí no me dejaban". Por aquel entonces, no entendía el porqué, pero según fue creciendo, "fui atando cabos y me di cuenta de que era, simplemente, por el hecho de ser mujer".

Tras muchos años peleando, la primera vez que la joven tuvo oportunidad de enfundarse la melena de piel de oveya fue en 2019, "y no fue en propio día de los Sidros y Comedies, sino en un viaje que hicimos a Viana do Bolo, en Orense". Según cuenta, "acabábamos de ser declarados Bien de Interés Cultural (BIC) y, ese año, hicimos una comedia un poco feminista (con un texto de José Ramón Oliva) en la que reivindicábamos el respeto a las tradiciones y respetando la igualdad entre mujeres y varones, y, por fin, me dejaron vestirme".

Cristina García fue la primera mujer sidro de la historia y abrió un camino, no sin mucho pelear, para muchas de las que luego vinieron detrás.

"Exactamente lo mismo"

Actualmente, junto a Cristina García, entre las chicas que encarnan este personaje de les mazcaraes, están también Olaya Bermúdez e Isabel López, ambas de dieciocho años, y Paula Moro de 19, que comenzaron en el desfile de Güevos Pintos de la Pola del año 2023. "También están las hermanas Ana y Andrea Díaz, Nayara Sánchez, y las pequeñas Ana y Llara, aunque algunas de ellas hace tiempo que no se viste", añaden.

Las más jóvenes aseguran que "de pequeñas nos daban un poco de miedo, pero cuando empezamos con las comedias en el colegio fue picándonos la curiosidad". Moro, por su parte, no tenía a nadie en su familia vinculado a esta tradición, pero tanto ella como Cristina García explican que "para nosotras, era el personaje más vivo, el más representativo, y queríamos probar".

Ninguna de ellas pide un trato de favor, ni en cuanto a la labor que desempeñan los sidros dentro de la tradición de Valdesoto ni tampoco en cuanto a la vestimenta. "Hacemos exactamente lo mismo que los varones y, cuando ponemos el traje, nadie sería capaz de distinguirnos o señalarnos como mujeres".

El respeto como clave

Los padres de Cristina García pertenecieron al grupo de personas que recuperaron la tradición de los Sidros y Les Comedies en Valdesoto. "Yo llevo mamándolo desde pequeña", dice. Al igual que el resto de sus compañeras. Además, todas ellas participan en las respresentaciones que se hacen en el campo de la iglesia de San Félix de Valdesoto el primer domingo después de Reyes. Es por eso que cuando se les pregunta qué sienten al enfundarse el traje de sidro, todas coinciden al unísono: "Respeto". No quieren ser ni más ni menos que los varones. Solo quieren ser iguales. Porque la tradición "no tiene por qué estar reñida con la igualdad".

Utilizan exactamente el mismo traje que el resto de sus compañeros. "Cuando empecé me dijeron que me pusiera unos vaqueros, pero me negué y dije que yo me ponía los pantalones de mi padre", recuerda García. Con todo, sí que tienen algunos trucos que "hemos ido perfeccionando a lo largo de este tiempo".

El traje de sidro se compone de pantalón y camisa blanca, faja roja, cinturón de esquiles, polainas negras, máscara de tela roja y la melena de piel de oveya, rematada con un rabu de raposo. Y, cómo no, el palo de avellano para saltar. "La faja se usa principalmente para que el cinturón con los cencerros no te haga daño", explican. "Nosotras tenemos caderas, así que tenemos que ponerlo un poco más abajo que un hombre para que nos quede apretado y no se nos caiga", indican.

Además, la melena va fijada con un casco que lleva en el interior. "Algunas de nosotras vamos heredando los de los más pequeños, porque los otros nos quedan un poco grandes", pero aun así, "nos apañamos con lo que haya".

Reconocen que cuando se visten, además de "una profunda sensación de respeto", sienten también mucha "libertad". "Te sale correr, te sale saltar, te sale moverte, te sale, no lo sé, que te sientan, que te oigan".

Una cuestión de género

A pesar de todo, y aunque dentro de su propia asociación se sienten totalmente aceptadas, coinciden en que "a veces, fuera, y sobre todo en otras mazcaradas que hay en la península, este es todavía un tema un poco tabú". Tienen la sensación "como de que te ven y piensan '¿por qué una mujer si la tradición dice lo contrario?".

Sin embargo, "desde mi punto de vista y, creo que hablo en nombre de todas, lo hacemos con el mayor respeto y no hacemos nada que no haga otro sidro y, siempre, siguiendo todas aquellas directrices que se nos marcan y manteniendo la esencia de la tradición". En resumen, "lo vivimos a tope", dice Cristina García.

Todavía son muy jóvenes para saber qué les deparará el futuro. Lo que sí tienen claro Cristina, Olaya, Isabel y Paula es que, si el día de mañana deciden formar una familia, "nuestros hijos lo vivirán desde pequeños, independientemente de que sean niñas o niños". Porque lo importante "es que la tradición perdure a lo largo de los años", concluyen.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents