La "pequeña Laponia", el pueblo más visitado de Siero en Navidad: "Está todo precioso, estas semanas son un no parar"
Norias, renos, trineos y decenas de figuras convierten la localidad en un paraje de cuento de la mano de sus vecinos, que este año emplean más de 600 pilas en la iluminación

Lucía Rodríguez
Lucía Rodríguez
Nada más y nada menos que la friolera de dos décadas lleva Azucena Díaz decorando su pueblo por Navidad. Hasta el año pasado, contaba con la única ayuda de su marido, Manuel Suárez, un albañil, ya jubilado, que trabaja la madera y que, poco a poco, fue elaborando diferentes decoraciones, varias casitas y muchas figuras. Tantas, que ha perdido la cuenta de cuántas ha hecho. Entrar en el jardín de su casa es transportarse a un mundo de ensueño. Norias, renos y hasta un trineo son algunos de los adornos que Suárez ha ido haciendo durante este tiempo.
Llamadas por su pasión por la Navidad y la decoración, el año pasado Irene Pérez y Soledad Ortiz se unieron a Díaz y a su marido y comenzaron a colaborar con los distintos decorados. "Manuel me enseñó a hacer cosas con madera y, la verdad que me encantó, así que poco a poco vamos incluyendo más cosas", explica Pérez. Todos ellos son varios de los artífices del logro que ha llevado a popularizar a El Cuto, en Siero, como uno de los pueblos de Navidad más visitados.
Velas, belenes, camellos y "un montón de detalles"
Una de las principales novedades de este año son unas velas navideñas, en concreto 46, que han repartido entre los vecinos que, animados por su ilusión, han decidido colaborar. La aceptación ha sido tal, que en esta ocasión, serán necesarias más de 600 pilas para que las luces hagan su magia, duplicando la cantidad que usaron el año pasado.

El Cuto, en Siero, un pueblo de cuento por Navidad / L. R.
Cada Navidad intentan ir decorando un poco más. "Este año, Soledad colocó una lona en una parte de su terreno, haciendo las veces de portal de Belén y puso tres camellos enormes". Su casa, junto a la de Pérez, son dos de las que más se esmeran a la hora de la ornamentación: "Hay un montón de detalles". Además, se han incluido "pasillos con luces y mucha más iluminación que no tiene nada que ver con cómo estaba el pueblo el año pasado", explican.
Sin embargo, el punto que más llama la atención es el Belén. "Para nosotros es el sitio más especial, además de ser el más visitado, y es bonito tanto de día como de noche", comentan. Las vecinas aprovechan una ladera por donde pasa un riachuelo para colocar el nacimiento, cuidando hasta el más mínimo detalle.
Ayudas y colaboración ciudadana
Decorar el pueblo "tiene un coste alto, sobre todo en cuanto a material". Si bien es cierto que muchos de los adornos están realizados artesanalmente, bien con la ayuda de Manuel Suárez con la madera, bien con materiales reciclados como neumáticos, "lo cierto es que nos supone un gran esfuerzo".

Uno de los rincones de la localidad. / L. R.
Por eso, el año pasado instalaron un buzón para donativos. "Invitamos a los visitantes a colaborar con pilas o lo que puedan, y la respuesta fue espectacular", comenta Irene Pérez. Además, el Ayuntamiento de Siero "nos ofreció ayuda para comprar pintura y madera". Y es que, además de construir nuevas decoraciones, "muchas veces tenemos que arreglar las que se van estropeando y eso también requiere una inversión por nuestra parte, aunque solo sea en pegamento, por ejemplo".
Colgando el cartel de completo
El pueblo adquirió su mayor fama las pasadas navidades, cuando fue denominado por muchos visitantes como "La pequeña Laponia de Siero". El año pasado "las visitas empezaron en el puente de diciembre y este vamos por el mismo camino", comenta Irene Pérez. El problema es que "no es un pueblo grande con sitio suficiente y la gente aparca en la misma carretera. Alguno se ha llevado alguna multa". Añade, además, que "si alguno de los vecinos va a pasar el día fuera, intentamos regresar a casa de noche para poder entrar con el coche".

Visitantes, haciéndose fotos en el pueblo. / L. R.
Esta misma semana, recibieron la visita de nueve usuarios de Residencial Palacio de Tiroco (Siero), acompañados por personal del centro. Durante el paseo por el pueblo, los mayores pudieron regresar durante un tiempo a su infancia. Sorprendidos con cada detalle de la decoración, igual que un niño que lo vive por primera vez, hasta bailaron y cantaron villancicos. "Está todo precioso", repetían sin parar.
Ellos no son los únicos. "Estas semanas son un no parar", admite Irene Pérez. Y es que la ilusión no entiende de horarios ni días de la semana. Aunque bien es cierto que "sábados y domingos son los días de mayor afluencia", por semana es fácil encontrarse con algún que otro visitante que, huyendo de las multitudes, elige disfrutar tranquilo de la magia navideña de El Cuto.
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