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Carbayín consolida su crecimiento con la constante llegada de familias de toda España en busca de tranquilidad: "La acogida es increíble"

La parroquia de Santiago de Arenas es una de las que más habitantes ganó en el último año, con 36 nuevos vecinos

Por la izquierda, Antonio Díaz, David Ramos, Wilelmina Llopis y Francisco Primo. Delante, los niños Ismael Ramos y Sofía Primo, en Santiago de Arenas

Por la izquierda, Antonio Díaz, David Ramos, Wilelmina Llopis y Francisco Primo. Delante, los niños Ismael Ramos y Sofía Primo, en Santiago de Arenas / Luján Palacios

Luján Palacios

Luján Palacios

Santiago de Arenas (Carbayín)

Llegaron atraídos por la naturaleza, en busca de una vida más tranquila y con el aliciente de unos precios de la vivienda mucho más bajos que los que tenían en sus lugares de origen, pero sin renunciar a buenas comunicaciones y las comodidades que les permiten, por ejemplo, trabajar en remoto. Es la radiografía de los nuevos moradores que están “recolonizando” una zona minera antaño pujante, luego con una caída en picado de la población y de nuevo al alza en los últimos años: la parroquia de Santiago de Arenas, en Carbayín.

Es, según los datos del último padrón de Siero, de las zonas rurales que más crecen: el año pasado ganó un total de 36 nuevos habitantes, y suma ya 1.163 personas. Muchas de ellas son familias con niños pequeños que buscaban un cambio de vida más enfocado a la persona, alejado de la masificación, en pueblos que “tienen todo a mano, en diez minutos estás ya en núcleos grandes donde puedes hacer la compra y tener todos los servicios importantes”.

Lo cuentan Francisco Primo y Willelmina Llopis con su hija Sofía, que llegaron a vivir a La Horria el pasado mes de agosto desde la calurosa Sevilla. Aunque llevan poco en Carbayín, saben que “hemos acertado con la decisión”, y en ello tiene mucho peso el hecho de que la pequeña, que estudia cuarto de Primaria en el colegio de El Cotayu, se ha adaptado a la perfección. “Estamos encantados, hemos pasado de la masificación en las aulas de Sevilla, con 30 alumnos por clase, a un modo de enseñanza muy tranquilo, muy relajado, personalizado, y aunque sólo ha pasado un trimestre, se ha notado una mejora en su rendimiento”, explican los padres orgullosos.

La locura de los precios

Azafato del AVE él, aunque actualmente está de baja, y artesana de impresión en 3D ella, llegaron a Asturias desde Villanueva del Ariscal invitados a la Cometcom de Gijón. Allí tuvieron su puesto de venta y durante el festival localizaron su nuevo lugar en el mundo. “Ya estábamos mirando para cambiar de aires. Cuando llegamos nos pusimos a buscar a ver cuánto podía costar una casa en Asturias, pensábamos que era una locura y no. La locura es en el sur”, subrayan.

Villelmina necesitaba una casa con espacio para su taller artesano, y también buscaban un poco de terreno porque además son casa de acogida de gatos. A Francisco le hacía falta un cambio vital por una depresión, y en La Horria, a un paso de Carbayín, lo encontraron todo en uno. Uno de los mayores problemas en su tierra de origen era que “teníamos la casa en un pueblo y el taller en otro, así que nos pasábamos la vida en el coche corriendo de un lado a otro”. Sumado a que “en Sevilla el tráfico es agotador, y ningún desplazamiento es de menos de una hora para cualquier cosa”, hizo que la opción de instalarse en Siero resultara para ellos “una bendición”. Porque “manejábamos un radio en el que pudiéramos movernos en hora, hora y media, y cuando llegamos aquí vimos que todo está muy cerca, para nosotros las distancias no son nada”.

Una celebración en Carbayín

Una celebración en Carbayín / Luján Palacios / LUJAN PALACIOS

Ahora “lo tengo todo junto, y en un espacio que nos encanta porque nos encanta la naturaleza y estamos rodeados de montaña, con un tiempo que es lo que buscábamos porque estábamos hartos del calor”. A todo ello añaden que sus vecinos “han sido una lotería”. Un grupo de gente que “nos ha acogido con los brazos abiertos, nos han echado una mano con todo y son encantadores; era un miedo que teníamos después de muchas mudanzas, y ha salido todo fenomenal. Nuestra hija va de casa en casa y estamos felices porque están contentos también de que hayamos venido”, resumen. No sólo ellos: en este poco tiempo han recibido a varios amigos del sur, y “ahora todos quieren quedarse aquí a vivir”, bromean.

Vida social

De hecho, aseguran que han tenido “más vida social en lo poco que llevamos aquí que en todo el tiempo anterior en Sevilla”, con “muchísimas fiestas en verano para escoger, actividades en todos los pueblos y todo el mundo encantado de compartir con nosotros”. De manera que “no echamos nada de menos aquello, no hemos tenido tiempo de sentirnos solos”.

Casi calcada experiencia relatan Antonio Díaz y David Ramos, que llegaron junto a su pequeño Ismael al Cuto, el pueblo de la Navidad, el pasado 1 de julio. De toda la vida de Madrid, “a raíz de la pandemia decidimos dar un giro”, explican. Ambos teletrabajan, y llevaban tiempo buscando irse al campo en busca de una vida tranquila, aunque Asturias en principio no entraba en sus planes.

Por trabajo pasaron tres meses “mirando casas en la zona de Navarra, en La Rioja, pero nada nos cuadraba con lo que buscábamos por unos u otros motivos, siempre había un pero”, reconocen. Querían naturaleza y pueblo, pero “con servicios, porque yo necesito ir de vez en cuando a Madrid por el trabajo y quería tener buenas conexiones. Aquí con el tren cerca y el AVE me viene genial”, señala David.

El año pasado llegaron a Asturias en un viaje de desconexión “sin idea de buscar casa”, pero “una vez aquí aprovechamos el tiempo para curiosear, vimos algunas casas y finalmente encontramos la del Cuto, fue un flechazo casi a la primera”, relatan, con un precio que resulta "mucho más asequible" que en otras provincias. Y así, sobre la marcha, se instalaron en Carbayín, donde también se han sentido “como en casa, ha sido una maravilla”, porque “cuadró todo: la casa, el colegio, el entorno, los servicios y los vecinos”, con muchas nuevas familias en el pueblo en los últimos tiempos: hasta de Hungría, también con niños.

"Para siempre"

Están “encantados”, porque “el cambio ha sido excelente, ya nos quedaremos aquí para siempre. La acogida ha sido espectacular, en un pueblo pequeño que hace mucha piña. El pasado sábado estuvimos de comida todos juntos para festejar el fin de la Navidad”, cuentan entusiasmados. Y como sus vecinos sevillanos, no sienten haber perdido vida pasando de la capital a un núcleo con 40 personas. Porque “en realidad es en Madrid donde no ves a nadie, del trabajo al parque, la compra y a casa, sin saber ni cómo se llama el del cuarto”. En el Cuto, “todos nos conocemos, nos hablamos, el niño coge la bici y va de casa en casa y los vecinos encantados”. Y en el cole “todo son facilidades, da gusto”.

Como anécdota de lo que se han encontrado en Carbayín: “El otro día me di cuenta cuando ya había empezado a cocinar de que me faltaban dos patatas. Le pedí a una vecina para no tener que bajar a comprar a esas horas, y me trajo patatas, pimientos, cebollas y de todo para una semana”, recuerda Antonio con una sonrisa.

Satisfechos, porque encontraron lo que buscaban, y la vida es ahora “infinitamente mejor”.

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