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El drama de Rufino Meana, de 90 años, obligado a abandonar su casa en Pañeda (Siero): "He pasado mucho miedo"

Denuncia que las condiciones de una finca anexa a la suya desde que fallecieron sus antiguos propietarios son de tal insalubridad que le han hecho imposible seguir en un lugar lleno de "roedores y culebras"

Rufino Meana, en su finca de Pañeda, observa la maleza que crece en el terreno anexo a su casa.

Rufino Meana, en su finca de Pañeda, observa la maleza que crece en el terreno anexo a su casa. / L. R.

Lucía Rodríguez

Pañeda (Siero)

Las pasadas navidades han sido las primeras en sus 90 años de vida que Rufino Meana no ha podido pasar en su casa familiar. "La maleza se está apropiando de mi finca, he conseguido acabar con los ratones, gracias a unas jaulas trampa, pero las culebras campan diariamente a sus anchas", explica. Ya hace más de un año que este vecino de Pañeda Nueva, en Siero denunció las condiciones de insalubridad del terreno anexo a su casa, donde, dice, llegó a atrapar cerca de 300 roedores. Sin embargo, llegó un momento en que se le hizo imposible seguir allí "debido a la dejadez" de la propiedad de la finca colidante y se ha visto obligado a abandonar su casa. "Vivo desde noviembre en un apartamento para mayores, en el centro de Pola de Siero", cuenta.

En verano, su principal preocupación era que "hubiera un incendio", pero con la llegada del invierno, su sensación de inseguridad aumentó considerablemente. Temía que con el viento, alguno de los árboles que ocupan la práctica totalidad de la finca "puedan caerme encima o sobre mi casa". En ese caso, "yo no podré ni siquiera salir de mi casa", clama. Y es que Meana camina con dificultad desde que, hace algo más de año y medio, sufriera un accidente con un tractor y tiene que hacerlo ayudándose de un carrito. Asegura, además, que una vecina que vivía "un poco más arriba" ya hace tiempo que se ha marchado de su casa y se ha ido a vivir a Noreña, "por miedo a que pase algo".

Cuenta que uno de sus cinco hijos, que vive en Pola de Siero, era el que se encargaba de ir a verle todos los días para echarle una mano. En su momento, "me ofreció irme a vivir con él, pero yo no quiero ser una carga para nadie". Sus palabras transmiten la tristeza de un hombre que, casi desde su más tierna infancia construyó piedra a piedra lo que hasta hace poco era su casa y que asegura tuvo que dejar por su propia seguridad.

La casa familiar

En el terreno de Rufino Meana, "cuando era pequeño, solo había una chabola y era donde veníamos los fines de semana a compartir tiempo con la familia", recuerda. A día de hoy, aquella chabola sigue en pie, aunque la vivienda principal fue construida después. "Los materiales me los trajo una empresa que ya no existe, La Tejera, en Pola de Siero, y como los tiempos eran muy duros, el dueño, que era una gran persona, ni siquiera llegó a cobrármelos", cuenta. "Esto es lo que me quedó de mis padres", lamenta. Y aunque la casa está algo apartada del pueblo "los vecinos venían todos los días a verme y hablábamos un rato". .

Las paredes del inmueble guardan los recuerdos de toda una vida: "Yo nací en aquí, en Pañeda, y en esta casa llevaba cerca de 50 años". En ella está la memoria de la vida en familia, las conversaciones con su mujer, ya fallecida, o la crianza de sus hijos. "Todo lo que viví, lo he vivido aquí", indica.

Una finca sin dueño

Los dueños originales de la propiedad colindante fallecieron hace más de 15 años y Rufino Meana cree que "deberían ser ahora sus herederos los que se ocupasen del mantenimiento, pero por aquí no ha vuelto a aparecer nadie y yo no los conozco".

El vecino recuerda que en los buenos tiempos el terreno era una pomarada y también había algunos cerezales, pero ahora ya han crecido árboles "que ni siquiera se sabe de dónde han salido". De hecho, "los cerezos se han podrido y se han venido abajo y los pomares ya no se pueden ver porque están completamente tapados por la maleza", indica. Recuerda que "hace algo más de cinco años estuvo por aquí un tractor que dejó la zona muy limpia, pero desde entonces, nadie ha hecho nada más y esto sigue creciendo".

Reconoce que ha presentado varios escritos al Ayuntamiento de Siero y que la Policía Local también se ha pasado por la zona. "La última vez que vinieron dijeron que iban a pasar el informe a los técnicos municipales, pero yo ya no me fío", señala. Rufino Meana tan solo quiere que alguien se haga cargo de la limpieza del terreno: "Creo que, en este caso, el Consistorio debería ponerse en contacto con los propietarios actuales y tomar algún tipo de medida", valora.

Su teoría es que desde el Ayuntamiento "tienen que saber quién es la persona que paga la contribución" o, al menos, "si es que no la pagan, quién debería hacerlo". No entiende "por qué les es tan difícil ponerse en contacto con ellos para que se hagan cargo". Advierte que, si bien su intención no es la de denunciar a nadie, "me veré obligado a llevar al Consistorio a los tribunales para que tomen alguna medida de urgencia".

A Rufino Meana le ha dado mucha pena tener que abandonar su casa, pero "no me han dado otra opción". Aun así, todavía mantiene la esperanza de que alguien se haga cargo de la limpieza del terreno y poder "pasar el verano en ella", concluye.

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