El viaje de Hera: de Kazajistán a Siero para un final muy feliz que la ha llevado a un hogar en Gijón
La perrita, de tan solo nueve meses, fue rescatada en el país asiático y tutelada por la Fundación Protectora de Animales del Principado de Asturias para encontrarle una familia que la adoptara

Lucía Rodríguez
Lucía Rodríguez
Tiene tan solo nueve meses, pero ya conoce lo que es el miedo, el sufrimiento, la falta de cariño y el calor de un hogar. "Tosya" llegó hasta la Fundación Protectora de Animales del Principado de Asturias, con sede en Paredes (Siero), procedente de Temirtau, en Kazajistán. Se quedó bajo la tutela del refugio hasta que Pilar González y Alejandro Nava, madre e hijo y residentes en Gijón, conocieron su historia y decidieron que "Tosya", rebautizada ahora como "Hera", "tenía que formar parte de nuestra familia".
Alejandra Mier, coordinadora de la protectora, cuenta que la historia comenzó cuando un chico asturiano le contactó por correo electrónico. "Me contó que estaba trabajando fuera, en un lugar donde no se mueven muchas adopciones, y que si había posibilidad de que ayudáramos a alguno", recuerda. "Nos habló de esta perra, que además es más pequeña que los animales que solemos tener en el albergue, y me pareció genial, porque es un tamaño de mascota que la gente nos demanda bastante".

La cartilla sanitaria de Kazajistán, con los datos de "Hera". / L. R.
Mier no puede evitar reír cuando cuenta que "en mi cabeza, me hice a la idea de que Alfonso trabajaba en alguna otra comunidad de España, como Extremadura o Castilla y León, donde el tema de las adopciones está mucho más complicado que en Asturias". Sin embargo, "cuando empezó a decirme alguno de los trámites que tenía que seguir para poder traer a "Tosya", como ponerle la vacuna de la rabia, fue cuando le pregunté dónde estaba la perra". La respuesta, aunque sorprendente, no le hizo dudar: "Tira pa acá con la perra", le dijo.
Tras un viaje de 24 horas, dos días de cuarentena y cerca de un mes en la protectora, fue cuando Alejandro Nava y Pilar González se interesaron por "Tosya", para ellos "Hera", y en su domicilio de Gijón lleva ya algo más de una semana aprendiendo, conociendo y, sobre todo, volviendo a confiar.
Un amor a primera vista
Fue en Navidades cuando Alejandro Nava y su madre, Pilar González, decidieron que querían adoptar una perra que le hiciera compañía a su otra mascota, "Rumba", de siete años, que "también es mestiza y adoptada", cuenta. Nava estuvo buscando en numerosas protectoras, hasta que dio con "Hera" en el albergue sierense. "En cuanto vi su foto me llamó la atención y supe al instante que tenía que conocerla". El joven explica que siempre ha sentido un cariño especial por los animales, así que "la idea de adoptar era algo que tenía muy claro".
Este cocinero y adiestrador canino cuenta que "me despertó una ternura enorme; tenía una mirada que pedía una oportunidad. Quería ayudarla a encontrar una familia, incluso sin conocer todavía su historia". Y, al final, hubo algo más difícil de explicar: "esa sensación inmediata de que encajaría con nosotros, como si ya formara parte de la familia antes incluso de llegar a casa", apunta.
El primer contacto de "Hera" con su nueva familia fue una mezcla de ilusión y preocupación. "Su miedo era evidente. No se dejaba acariciar y mantenía siempre la distancia", recuerda el gijonés. Los primeros días en su nuevo hogar tampoco fueron fáciles. "Se pasó los dos primeros días escondida debajo de mi cama, prácticamente sin comer ni beber". Así que Alejandro Nava decidió "darle su espacio" y, finalmente, la segunda noche, "apareció en la cocina con nosotros y empezó a seguirnos por la casa". Sin forzarla y dejándole su ritmo, surgió la magia. "Mientras estábamos en el salón, se subió al sofá y se acurrucó a mi lado. Fue un gesto sencillo, pero para nosotros significó muchísimo. Era la señal de que empezaba a confiar, de que poco a poco estaba encontrando su lugar en casa y en nuestra familia", recuerda.
Con "Rumba" los comienzos fueron un poco tensos. Pilar González y Alejandro Nava indican que "desde que "Rumba" llegó a casa con tres meses, nunca había convivido con otro perro en casa, pero fueron entendiendo que ninguna era una amenaza para la otra". Ahora ya juegan juntas, se buscan y se respetan. "Ver cómo han pasado de los celos iniciales a compartir la casa con total naturalidad es una de las cosas más bonitas de este proceso".
Un proceso en el que no solo "Hera" ha conocido, por fin, el calor de un hogar, sino en el que su nueva familia también ha encontrado, en cierta manera, un salvavidas.
Una ayuda mutua
"Hera" llegó a la vida de Alejandro Nava, no solo para hacerle compañía a "Rumba", sino también para ayudarle. El año 2025 fue especialmente duro para el joven. "Estuve lidiando con un problema de salud que todavía no tiene una explicación clara y que me afectó mucho, también a nivel mental". A eso se sumaba que llevaba cinco años arrastrando un duelo complicado por la muerte de su padre, que falleció con solo 48 años en un accidente. "Era un cúmulo de cosas que me pesaban demasiado y necesitaba algo que me ayudara a desconectar, a no quedarme atrapado en mis propios pensamientos", cuenta.
La llegada de "Hera" fue justo esa ayuda que no sabía que necesitaba. Ella encontró en ellos una nueva familia, un hogar estable y seguro, después de haber pasado por tanto. Pero "su presencia me obligó a centrarme en ella, en sus miedos, en su adaptación, en sus pequeños avances". Le ofreció a Nava una distracción sana, una rutina nueva y, sobre todo, "una compañía que reconforta sin pedir nada a cambio". "Cuidarla me ayudó a cuidarme a mí mismo", reconoce.
Alejandro Nava y Pilar González sueñan con que "Hera" pueda disfrutar ahora "de una vida tranquila, rodeada de afecto y juegos con su compañera "Rumba" y que sea feliz". El futuro se ve esperanzador y esperan que "nunca más tenga que volver a empezar de cero", porque una cosa tienen clara: "este es su hogar definitivo, eso seguro", concluyen.
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