Lidia Martínez se jubila tras 40 años como cajera de la primera gran superficie que tuvo Asturias: "La inmensa mayoría de la gente con la que traté fue maravillosa"
Sus compañeros del antiguo Pryca de Lugones, actual Azabache, la sorprendieron con un homenaje que incluyó un recibimiento en el que caminó entre aplausos, globos y sin que le faltara su habitual sonrisa

L. M.
L. Rodríguez/P. Tamargo
Ha trabajado durante 40 años en la misma empresa, siempre con una sonrisa y no queda duda de que ha sido una persona muy apreciada: hace solo unos días, con motivo de su jubliación, sus compañeros le hicieron por sorpresa un homenaje protagonizado por los aplausos, las emociones y la demostración de cariño de compañeros y jefes. Ella es Lidia Martínez, natural de Fonciello, en Llanera, que tras algo más de cuatro décadas desempeñando labores de cajera en el centro comercial Carrefour Azabache (Siero), la primera gran superficie que hubo en Asturias, finaliza su etapa laboral con los 65 años recién cumplidos.
"Yo tenía 22 años cuando empecé a trabajar aquí", cuenta. "Fue mi primer trabajo y el primer contrato que me hicieron fue para los sábados de 14.00 a 22.00 horas". De hecho, cuando Martínez inició su vida laboral "el centro se llamaba Híper y no fue hasta aproximadamente tres años después cuando se convirtió en Pryca", recuerda.
"Entonces las familias hacían una compra grande al mes"
En octubre de 1977 el que hoy es centro comercial Azabache abría sus puertas en Lugones. Lidia Martínez comenzó a formar parte de la plantilla tan solo seis años después. Desde entonces hasta ahora son muchas las cosas que han cambiado. Empezando por los hábitos de consumo. "Éramos la única gran superficie que existía y todo el mundo venía a comprar aquí", señala. "Por aquel entonces, las familias hacían una compra grande al mes, no como ahora, que hacemos muchas más y más pequeñas".
Martínez comenta que "venir a comprar era como un día de fiesta, algo especial". Tanto es así que "al centro comercial acudía casi toda la familia, los padres con los hijos e, incluso, a veces, hasta con los abuelos".
"Se notaba cuando cobraban los mineros"
Recuerda especialmente los días en los que se lanzaban ofertas especiales con productos básicos como el azúcar o el café. "Cuando salía el palé del producto, la gente se tiraba dentro, hasta el punto que hubo clientes que llegaron a hacerse daño". También era muy significativo cuando cobraban los mineros. "Ellos cobraban el día 10 y aquí también se notaba mucho, porque venía toda la gente de la zona del Caudal y se marchaban con unos carros impresionantes".
"Había días que desde que empezaba el turno hasta que terminaba las colas en todas las cajas llegaban hasta la mitad de la tienda", comenta. Por aquel entonces "éramos 350 empleados y se trabajaba muchísimo".
Una de las ventajas que Lidia Martínez señala de ser tantos compañeros es que "al final, muchos de ellos acababan convirtiéndose en mucho más que eso". Del trabajo desempeñado en los últimos 40 años destaca que "siempre nos hemos llevado todos muy bien y ha habido muy buen ambiente de trabajo".
"Muchos buenos momentos"
De aquí se lleva, además de amigos, "muchos buenos momentos", a pesar de que el trabajo de cara al público no es fácil, ni mucho menos. Con todo, reconoce que "la inmensa mayoría de la gente, te voy a decir un 99 por ciento, es maravillosa, súper agradable, súper amable, que valora tu trabajo y te respeta por el puesto que tienes". "No se puede pedir más", señala.
A partir de ahora, Lidia Martínez tendrá que acostumbrarse a su nueva rutina. "Es un cambio de vida absoluto", comenta. "Antes hacía las cosas con más prisa para poder llegar a trabajar y ahora lo hago todo más tranquilamente". Por eso asegura que "lo primero que tengo que hacer es acostumbrarme a esto. Aterrizar, como se suele decir".
Disfrutar de la vida con su marido, también jubilado, y de sus nietos, son unas de sus primeras opciones. Pero mientras lo hace, sueña con "hacer voluntariado y apuntarme a un club de lectura". Eso sí, con mucha más calma y sin perder la sonrisa, las ganas de hacer cosas y mantenerse activa que la han caracterizado siempre.
A su vida laboral ha dicho adiós a lo grande, con el respeto y el aprecio de clientes y compañeros. Su último día oficial de trabajo fue el 1 de febrero, curiosamente el día de su cumpleaños, aunque el efectivo fue el 23 de enero, pues para cerrar este ciclo tenía algunos días pendientes de disfrute. Aunque ya había habido momentos de despedida, la llamaron para acudir al centro el día 5 de febrero.
Algo se esperaba, aunque el recibimiento no lo olvidará nunca: dispuestos en hilera, con globos decorando la escena, la esperaban sus compañeros entre aplausos y con flores para ella. La emoción fue indescriptible, aunque se había prometido a sí misma "no llorar". No lo hizo, porque lo que quería era "disfrutar" de un momento especial, el reconocimiento a una vida laboral caracterizada por el buen hacer y con la marca personal siempre de su sonrisa.
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