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Ramón Camino fue uno de los primeros en trasladarse a vivir a La Fresneda: "Una casa con jardín aquí era más barata que un piso en Oviedo"

"Soy ovetense a rabiar, pero aquí alcancé la felicidad completa; la urbanización jamás se concibió como espacio elitista", defiende

Ramón Camino en La Fresneda

Ramón Camino en La Fresneda / L. P.

Luján Palacios

Luján Palacios

Ramón Camino conoció la Fresneda cuando no era más que una mancha de prados salpicados de varias casas y hórreos. Él fue uno de los fundadores del Club de Campo, la primera operación ejecutada en La Fresneda, y se trasladó a vivir a la urbanización, en diciembre de 1988, cuando la zona residencial estaba en fase embrionaria. Fue, en definitiva, uno de los pioneros. "Éramos muy pocos, doscientos o trescientos vecinos", recuerda Ramón, quien apostó por el cambio desde un piso en su Oviedo natal para instalarse en el Camino de los Arces, la misma calle en la que sigue residiendo casi cuatro décadas después. No se ha movido de allí, "ni me ha hecho falta", sentencia con una sonrisa satisfecha.

Su decisión de mudarse no fue fruto del azar. Había razones prácticas como el precio y el espacio, y razones familiares. "Por lo que aquí me ofrecían, en Oviedo solo me daban la mitad de metros", explica. Compró una vivienda de 144 metros cuadrados, con jardín, amplitud y un bajocubierta donde sus hijos, músicos, podían ensayar sin molestar a nadie. "Tenían que tocar el violonchelo y el violín; en Oviedo nunca hubo quejas, pero podía ocurrir. Así que lo tuve claro: me gustó la zona y ya tenía algunos buenos amigos que se habían instalado antes que yo", rememora.

Ramón tuvo claro desde el principio que La Fresneda no respondía al cliché que pronto comenzó a circular. "Nunca nació como un sitio elitista, jamás", afirma con rotundidad. Ese supuesto "pijotismo" fue, a su juicio, una etiqueta injusta, porque "eran casas buenas, sí, pero no era ese el concepto. Aquí vivía gente normal que buscaba calidad de vida".

Y eso fue lo que encontró en el Camino de los Arces, "un cambio maravilloso" para pasar de un piso en la ciudad a vivir "a nivel de calle", con jardín, con espacios amplios y, sobre todo, con una convivencia intensa. "Aquí se recuperó la esencia del pueblo. Yo soy ovetense a rabiar, pero aquí alcancé la felicidad completa", afirma convencido.

Sin embargo aquel pequeño núcleo de La Fresneda pronto entendió que el futuro no estaba garantizado por sí solo y empezó a pelear por contar con mejoras. "Nos dimos cuenta de que el Ayuntamiento de Siero no nos hacía caso", recuerda, porque "de nuevo pesaba el prejuicio, el creer que era una zona elitista que no necesitaba nada", recuerda. La respuesta a estas demandas llegó con la creación una asociación de vecinos de la que él mismo fue presidente durante ocho años, y más tarde, la Plataforma Vecinal, en la que Ramón Camino lleva desde el inicio.

La iniciativa de la Plataforma fue tan ambiciosa como eficaz: crear un partido local que permitiera tener representación directa en el Ayuntamiento. "Para registrarlo hacían falta quinientas firmas. Y tuvimos cola para firmar", rememora, para reafirmarse en que desde entonces todos los nuevos vecinos saben que "tienen detrás a un colectivo que pelea por ellos". Desde entonces, La Fresneda siempre ha logrado colocar uno o dos concejales en el Ayuntamiento, asegurando una interlocución directa y constante.

"La clave fue trabajar, hablar con quien había que hablar y presionar con buen estilo", resume. No hubo manifestaciones, sino insistencia y argumentos. Gracias a ello llegaron el transporte, las tiendas, el colegio, el instituto, el centro de salud y los equipamientos básicos que acompañaron a un crecimiento continuo.

Hoy, La Fresneda ha dejado atrás aquel aire primigenio. "Ya no somos aquel grupo que se veía todos los días", admite Ramón. La población supera, según sus cálculos, los 6.000 habitantes en la actualidad, y "somos un pueblo grande, o casi una villa", remarca, consciente de que la relación vecinal ya no puede ser la misma.

Hay más anonimato, más gente que "vive aquí pero no participa", porque trabaja fuera y hace su vida al margen del día a día comunitario. Sin embargo, Ramón subraya que el sentimiento de pertenencia sigue intacto: "Se nota en las elecciones. La gente vota a la Plataforma, aunque no participe mucho. Sabe quién defiende lo suyo".

Ramón Camino considera que el reto ahora es acompasar el crecimiento con servicios, especialmente en las zonas más nuevas. "Para comprar un kilo de azúcar tienes que venir hasta la zona de la Plaza", ejemplifica. Echa en falta comercio de proximidad, bares, pequeños puntos de encuentro. "El barín, la tienda, el periódico… eso también hace pueblo, y nos vendría bien tener un restaurante grande, con espacio suficiente", propone.

Aun así, el balance es claramente positivo. Destaca hitos como la construcción de la Plaza, que dio la oportunidad a los vecinos de hacer compras de cercanía y tener puntos de encuentro, o el Centro Sociocultural, donde se organizan actividades para todas las edades. Además de la asociación de mayores que "funciona muy bien", las fiestas patronales, la cabalgata de Reyes o un Halloween que se ha convertido en referencia en Asturias. También presume del Ochote Asturias de La Fresneda, fundado por él mismo y que cumple ahora 20 años.

Cuando piensa en el futuro, Ramón Camino se muestra optimista. "Tenemos el mejor emplazamiento de comunicaciones de Asturias", afirma sin dudar. Oviedo, Gijón y Avilés están a un paso; los parques, el Club de campo, las instalaciones deportivas y la autonomía de los niños en un entorno en el que las zonas verdes tienen un gran peso hacen, a su juicio, de La Fresneda "un lugar extraordinario para vivir".

"Ser niño en La Fresneda es un regalo", concluye. Una frase que resume cuatro décadas de historia y la mirada de uno de sus primeros vecinos, testigo y protagonista de cómo una urbanización se convirtió, poco a poco, en comunidad.

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