Isabel Rivera dirige el instituto más moderno de Asturias: "Viviendo en La Fresneda, las familias saben que sus hijos harán todo el recorrido educativo sin salir de la urbanización"
El centro abrió sus puertas en el curso 2021/2022, después de una larga "demanda histórica", y prevé seguir creciendo

Isabel Rivera, en el IES La Fresneda / L. P.

La Fresneda llevaba décadas esperando por un instituto, y ahora están a un curso de graduar a su primera promoción completa. Desde los primeros años de la urbanización, cuando el colegio público comenzó a llenar de vida las aulas infantiles, las familias reclamaban una continuidad educativa que evitara que los adolescentes se marcharan cada mañana en autobús hacia otros concejos para cursar Secundaria. Aquella reivindicación vecinal, persistente y casi generacional, se convirtió finalmente en realidad en el curso 2021/2022 con la apertura del Instituto de Educación Secundaria de La Fresneda, un centro que hoy se ha consolidado como uno de los grandes hitos en la historia del núcleo residencial.
"Era una demanda histórica", recuerda Isabel Rivera, directora del centro desde su primer curso de funcionamiento. "Ya cuando nuestros hijos estaban en el colegio se hablaba del instituto. La gente quería que La Fresneda fuera algo más que un lugar para la infancia: queríamos comunidad, continuidad y futuro", señala.
El proyecto del instituto se redactó en 2015, impulsado por la Plataforma Vecinal de La Fresneda, que llevó la reivindicación hasta la Consejería de Educación del Principado. Fue el entonces consejero Genaro Alonso quien dio luz verde a una infraestructura pensada inicialmente para tres líneas educativas. Los plazos se alargaron más de lo previsto, primero por cuestiones administrativas y después por el impacto de la pandemia, pero el centro echó a andar finalmente en septiembre de 2021. La inauguración oficial llegaría un año después, ya con el instituto plenamente operativo.
Polo de atracción
Hoy, apenas cuatro cursos más tarde, el IES de La Fresneda es mucho más que un edificio escolar. Con cerca de 450 alumnos y un claustro de 56 docentes —36 de ellos con plaza fija—, el centro se ha convertido en un auténtico polo de atracción para familias que buscan un entorno residencial con servicios educativos completos y de calidad. "La existencia del instituto ha cambiado por completo la percepción de La Fresneda", explica Rivera. "Ahora las familias saben que pueden venir a vivir aquí y que sus hijos podrán hacer todo el recorrido educativo sin salir de la urbanización, y eso ha sido fundamental porque también ha ayudado a consolidar la sensación de comunidad; podemos decir que hay cantera, que los jóvenes siguen aquí con su grupo de amigos y con su pandilla. Ha sido clave para construir esta identidad que nos encanta, y que es la de La Fresneda como un pueblo en el que nos conocemos todos", relata la directora.
Ese efecto llamada se ha intensificado tras la pandemia, cuando muchas personas optaron por trasladarse a entornos más abiertos y residenciales. La llegada constante de nuevos vecinos, las promociones de vivienda en marcha y el empadronamiento continuo durante todo el curso escolar han generado, eso sí, nuevos retos. "El centro nació con una previsión que se ha quedado corta", admite la directora. "Ahora mismo somos línea tres, pero ya hemos tenido cursos de línea cuatro y seguramente volveremos a crecer. El colegio también está al límite, y necesitamos garantizar que todos esos niños van a tener continuidad en el Instituto, la ampliación es algo en lo que tenemos que empezar a pensar", subraya.
Más allá de las cifras, el instituto ha contribuido decisivamente a reforzar el tejido social de La Fresneda. Por primera vez, los adolescentes viven su etapa educativa y vital en el propio barrio, creando vínculos estables y una identidad compartida. "Antes, a partir de los 12 o 13 años, cada uno se iba a un sitio distinto: Lugones, Posada de Llanera, Oviedo o centros concertados", insiste Rivera. "Ahora los ves juntos en el parque, los fines de semana, haciendo pandilla. Eso no pasaba".
El proyecto educativo del IES de La Fresneda apuesta desde sus inicios por metodologías activas, el trabajo por proyectos y la colaboración entre departamentos, organizados en grandes ámbitos de conocimiento. "Queríamos un instituto que mirara al futuro", señala la directora. "Nuestros alumnos saben expresarse, presentar trabajos, usar la tecnología con criterio. El hecho de haberse criado aquí, de haber estado juntos desde el colegio en un entorno conocido y controlado, se nota mucho en su manera de estar y de relacionarse", asegura.
Ese enfoque se extiende también al entorno. El centro mantiene una relación estrecha con asociaciones vecinales, el Ayuntamiento y entidades sociales de la zona. Iniciativas como los proyectos intergeneracionales con la residencia de mayores de La Fresneda pueblo o los talleres impartidos por la asociación de personas mayores refuerzan el papel del instituto como agente activo de la comunidad. "No queremos ser un centro aislado, sino estar en el meollo de la vida del barrio", resume Rivera.
Movilidad en tren
La reciente apertura de la pasarela peatonal que conecta La Fresneda con Lugones ha supuesto otro impulso importante, facilitando la movilidad del alumnado y el profesorado, y reforzando la conexión con el resto del área central asturiana. "Ahora nuestros alumnos se mueven en tren, salen, entran, tienen otra autonomía", apunta la directora, encantada con esta nueva forma de romper la "burbuja" en la que las carreteras habían convertido en cierto modo a la urbanización.
Aún joven, el instituto afronta el futuro con el objetivo de consolidar su proyecto educativo y crecer de forma sostenible. "Estamos en nuestro quinto curso y seguimos ajustando muchas cosas", reconoce Rivera. "Pero sentimos que vamos por el buen camino", afirma, con el deseo de que "el proyecto se asiente y siga creciendo; el equipo de docentes es muy dinámico, y también las familias", valora la directora del centro.
Cuatro años después de su puesta en marcha, el IES de La Fresneda ha demostrado ser mucho más que una infraestructura educativa: es una pieza clave en la madurez de la urbanización, un símbolo de arraigo y un argumento decisivo para quienes buscan en La Fresneda no solo un lugar donde vivir, sino un lugar donde crecer.
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