Eugenio y Teresa llegaron hace un año a La Fresneda y están felices: "Aquí hacemos todo a pie"
La familia, que regenta un restaurante en Tudela Veguín, destaca que vivir en la urbanización "es como hacerlo en el campo, pero con todas las comodidades de la ciudad"

Eugenio Fernández, con su mujer, Teresa Camacho, y sus nietos Telva y Bruno Rodríguez. | pablo solares
En mayo del año pasado Eugenio Fernández y su mujer hicieron las maletas y dejaron atrás Oviedo para instalarse en La Fresneda. No era un salto al vacío ni una decisión improvisada: un año antes su hija, yerno y nietos ya habían dado el paso y ellos decidieron seguirlos. "Son nuestros únicos nietos y queríamos estar cerca", resume. Pero la proximidad familiar fue solo el detonante: la elección, asegura, tiene también mucho que ver con el modelo de vida.
La familia reside en la zona de El Cielo de La Fresneda, uno de los desarrollos más recientes del núcleo, y su vivienda es un adosado, una tipología que ya conocían. "Vivimos en una urbanización similar en Sevilla en el 89. Sabíamos que nos iba a gustar", explica Eugenio, encantado con la decisión. De hecho, esa experiencia previa influyó en la percepción de seguridad y comunidad que buscaban.
La Fresneda ofrece en palabras de Eugenio "lo mejor de dos mundos". "Naturaleza, tranquilidad y vida de barrio, pero con servicios urbanos consolidados. Sabes que en diez minutos estás en el centro de Oviedo, aparcas y es como si vivieras allí, pero sin el agobio del tráfico ni el ruido", afirma.
La familia regenta un restaurante en Tudela Veguín, a las afueras de la capital asturiana, y el trayecto diario no se ha complicado con el cambio de residencia. "Tardamos lo mismo desde aquí que desde Oviedo. Todo es autovía hasta la puerta", indica. La conectividad es uno de los factores que más valoran, junto con la cercanía al aeropuerto y a otros núcleos como Lugones o Gijón.
Pero si hay un aspecto que destaca por encima del resto es la gran calidad de vida para los niños. Sus nietos, de ocho y tres años, estudian en el entorno próximo. El mayor cursa tercero de Primaria Soto de Llanera, tras haber estado antes escolarizado en Meres. "Ahora tiene el colegio al lado y su mejor amigo vive a unos metros", relata el abuelo, mientras que la pequeña acude a la escuela de 0 a 3 años en el mismo centro.
A la facilidad de acceso se suma una muy amplia oferta de actividades de las que disfrutar en familia, con los niños como principales protagonistas. El Club de Campo, considerado el mayor del norte de España, concentra disciplinas deportivas como tenis, pádel, fútbol y natación, además de organizar campamentos durante todo el año, incluidos los periodos vacacionales cortos. Y no sólo eso: la proximidad de otras poblaciones ofrece una oferta complementaria para exprimir a tope todas las posibilidades. Su nieto Bruno, por ejemplo, acude semanalmente a clases de robótica en el vecino Centro Polivalente Integrado de Lugones.
La seguridad fue para la familia otro factor clave a la hora de trasladarse a La Fresneda. En niño "baja solo al parque, que está al lado de casa. Eso es impensable en otros sitios", apunta Fernández. En la urbanización los pequeños circulan en bicicleta, juegan en la calle y se mueven con una libertad que la familia considera un valor diferencial frente a la ciudad compacta.
Para los adultos el entorno también ofrece ventajas. "El centro de salud próximo, iglesia, zonas verdes, comercios de proximidad y grandes superficies especializadas. Aquí lo hacemos todo andando", subraya el vecino. "Incluso los restaurantes de referencia están a distancia razonable", añade.
Eugenio Fernández reconoce que el acceso a la vivienda puede suponer una barrera inicial, pero matiza la percepción de que vivir en La Fresneda es más gravoso que hacerlo en Oviedo. "Una vez que estás instalado, no es más caro. La diferencia está en poder acceder a la compra", explica. Además, la promoción reciente de viviendas en distintas tipologías —adosados, unifamiliares y bloques en tres alturas— ha ampliado el abanico de perfiles residentes.
La familia no echa de menos su anterior residencia. Antes de llegar a Oviedo habían vivido en Barcelona y el recorrido vital ha sido, en cierto modo, de progresiva reducción de escala urbana. "Cada vez más pequeño", bromea Eugenio. Pero la sensación no es de renuncia, sino de elección consciente: "estamos encantados".
El crecimiento sostenido del núcleo refuerza esa percepción. Nuevas rotondas, mejoras en la conexión ciclista con Lugones y desarrollos residenciales en marcha muestran que La Fresneda continúa expandiéndose cuatro décadas después de su creación, y lo que hace años parecía periferia hoy se integra en un entramado cada vez más consolidado.
"Es como vivir en el campo con las comodidades de la ciudad", insiste Eugenio. Una fórmula que, al menos para su familia, ha resultado acertada. Y para seguir.
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