José Luis Fernández Polvorosa, un padre para La Fresneda: "Empezamos el culto en un módulo metálico en el parque"
El que fuera párroco durante 34 años, ahora canónigo en Covadonga, relata con memoria prodigiosa su labor en la urbanización sierense

José Luis Fernández Polvorosa, ante la iglesia parroquial de La Fresneda, donde luce el cartel del aniversario.

Cuando en La Fresneda apenas despuntaban las primeras calles y los chalés se abrían paso entre el verde, los vecinos soñaban con un lugar de encuentro para el culto católico en una urbanización que empezaba a latir. Y cuarenta años después del nacimiento de La Fresneda, resulta difícil entender su historia sin detenerse en el que para muchos es uno de sus hitos fundacionales: la creación de la parroquia de Santa María, que suma a día de hoy miles de fieles.
Antes de que el templo actual se alzara junto a la avenida principal, hubo un módulo metálico prefabricado instalado en el parque, junto a la calle Acacias. Corría el año 1991 y aquel espacio —fabricado en Pravia, con teléfono, aseo, sacristía, luz eléctrica y hasta generador cuando era necesario— fue el primer hogar espiritual de los vecinos. Y el primer párroco de la recién creada parroquia fue durante 34 años José Luis Fernández Polvorosa. El año pasado pasó a un nuevo destino, con casi 94 primaveras a sus espaldas: ahora es canónigo en Covadonga, pero sigue llevando "siempre" a su querida parroquia en el corazón. "Viene mucha gente a verme casi todas las semanas, estoy muy agradecido", relata desde la Basílica.
Un centenar de sillas
En el primer templo prefabricado en La Fresneda había un centenar de sillas y, como recuerda el entonces párroco, "para lo que había entonces, era casi un lujo; en algunas parroquias de las que yo venía teníamos menos comodidades". Fernández Polvorosa llegó el 15 de septiembre de 1991, tras su nombramiento semanas antes como responsable de la zona, con una misión clara: poner en marcha la parroquia. "Me enviaron ya con la idea de hacer esta iglesia y organizar la comunidad", explica. Entonces, añade, "no había casi nada, apenas la calle principal y los primeros chalés, pero sí había ilusión".
La colaboración fue inmediata, y el sacerdote recuerda sus primeras gestiones como si hubieran sucedido ayer: "Lo primero que hice fue ir a ver a Rufino Orejas, de Constructora Los Álamos, para preguntar si había un local donde empezar. Me prometió que ese mismo año podríamos celebrar la Misa del Gallo en La Fresneda y no solo se cumplió, sino que fue antes". En noviembre de 1991 ya se celebraban cultos en el módulo metálico, símbolo de una comunidad que comenzaba a estructurarse.
Desde el principio, los vecinos se implicaron. "Siempre hemos contado con un grupo de feligreses muy activos; sin ellos no se habría hecho nada", subraya Fernández Polvorosa. Con esa colaboración se empezaron a adquirir los primeros elementos litúrgicos con vistas al templo definitivo, como "el altar, la imagen de la patrona y el sagrario que los compramos al principio para luego trasladarlos a la iglesia nueva; trabajábamos pensando en el futuro", rememora.
Sencillo y emotivo
Ese porvenir empezó a concretarse en 1994, cuando el Arzobispado encargó el proyecto del nuevo templo. En 1996 se firmó el contrato y un año después comenzaron las obras en una parcela junto a la avenida Principal, a un paso de la Plaza Mayor. La inauguración y consagración del templo y del altar se celebraron el 20 de septiembre de 1998, en un acto presidido por el entonces arzobispo Gabino Díaz Merchán. "No fue una gran fiesta, fue algo sencillo, pero muy emotivo", matiza el antiguo párroco.
Aquel día quedó grabado en su memoria por otro motivo: la llegada de las reliquias de San Melchor de Quirós, único protomártir asturiano. "Están en una urna bajo el altar; se colocaron a las cinco de la tarde de aquel día. Fue un momento muy especial", relata con memoria prodigiosa. Desde entonces, el templo no solo es centro parroquial, sino custodio de una referencia histórica singular.
La construcción incluyó también la residencia del párroco, la sacristía y varias dependencias bajo la iglesia, que celebró hace casi tres años por todo lo alto sus bodas plata. "Tenemos salones que nos permiten celebrar hasta siete reuniones a la vez; eso dice mucho de la vitalidad de la parroquia", señala Fermández Polvorosa. Porque si algo ha caracterizado a Santa María de La Fresneda en estas cuatro décadas ha sido su dinamismo. La urbanización ha duplicado su población y ha cambiado su perfil demográfico, y aunque bajó la natalidad en estas décadas, generaciones enteras han seguido acudiendo al templo, regido ahora por Sotero Alperi y Alfredo de Diego.
Actividad intensa
Hoy, la parroquia mantiene una intensa actividad: catequesis, poscomunión, confirmación, grupo de Biblia, grupo de oración, porque "la parroquia no es solo el templo; es la gente y el compromiso con los demás", resume el antiguo párroco.
Con capacidad para más de 600 fieles, el templo ha sido escenario de bautizos, bodas y despedidas; celebraciones y momentos de duelo compartido. "He tenido la suerte de ver crecer esta urbanización casi desde cero. A veces digo en broma que debo de ser un cura constructor y edificante", comenta entre sonrisas el sacerdote desde Covadonga. Y no es broma, porque gracias a él, entre otras cosas, se consiguió poner en marcha en la urbanización un skate park para los jóvenes, que no tenían entonces espacios de reunión para divertirse juntos.
Al cumplirse 40 años de La Fresneda, la parroquia aparece como uno de sus pilares fundacionales. No solo por su dimensión religiosa, sino por su función vertebradora. "Cuando empezamos, esto era un proyecto. Hoy es una comunidad consolidada. Y la iglesia ha ayudado a que así sea, y siempre con muy buena relación con el Ayuntamiento. A Cepi lo quiero mucho", concluye. De aquel módulo metálico en medio de un parque al templo actual han pasado décadas de trabajo silencioso y constancia. Cuatro décadas en las que la parroquia de Santa María no solo acompañó el crecimiento urbanístico, sino que contribuyó decisivamente a forjar identidad y arraigo para todos.
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