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Valentín Pérez, médico jubilado: "La Fresneda fue un referente internacional en promoción de la salud"

"Cuando llegué, en la primavera de 1994, me encontré un vecindario joven y dinámico. Había una sensación en el aire de estar creando un espacio y una forma de vida nuevos", asegura

Valentín Pérez

Valentín Pérez / Pablo Solares

Luján Palacios

Luján Palacios

Valentín Pérez ha sido el médico de La Fresneda por excelencia. No en vano, el facultativo, recién jubilado, ejerció en la urbanización durante más de treinta años, tiempo en el que la vio cambiar y crecer, compartiendo siempre con sus pacientes desde la cercanía y el trato individualizado. Llegó cuando todo era mucho más pequeño y vivió el paso del viejo consultorio al nuevo centro de salud, con cada vez más movimiento y proyectos de mejora comunitaria.

Cuándo llegó a La Fresneda, ¿qué se encontró?

Creo que fue en la primavera de 1994, ya llovió un poco... Era un vecindario joven y dinámico. Creo que había una sensación en el aire de estar creando un espacio y una forma de vivir nuevas.

¿Ya era una comunidad activa?

Sí. Recuerdo, por ejemplo, que fueron tiempos con personas muy implicadas y comprometidas en la asociación de vecinos.

¿Qué supuso el nuevo centro de salud para profesionales y pacientes?

Previamente, había un consultorio, todo era más pequeño e intimista. Pero el nuevo centro de salud abrió posibilidades de gestión, de dinamización comunitaria...Población y profesionales lo afrontamos con ilusión. Estuvimos entre las tres primeras unidades de gestión clínica en Asturias, iniciamos un proceso de acreditación de calidad y pusimos en marcha el Proyecto Fresneda, que colocó a nuestra localidad como un referente internacional en promoción de la salud. Fue un proceso, todo él, muy compartido por la gente, por la comunidad.

¿Qué balance hace de su paso por La Fresneda?

Es difícil para mí contestar a eso. Ahora, visto con perspectiva, me produce sentimientos encontrados. Dediqué tanto de mi vida a la salud de esa población que una buena parte de lo que soy como persona se gestó a lo largo de decenas de miles de horas compartiendo y acompañando a esas personas a construir vidas mejores, más felices, más saludables. Así que, en un cierto sentido, la vida de miles de vecinos de La Fresneda dio forma a mi propia vida. Por ello, siento gratitud y satisfacción. En el otro lado de la balanza está la sensación de que tengo muchas cosas por vivir, que quedaron en espera durante esos más de treinta años dedicado a un modelo de liderazgo sanitario en promoción de la salud que, desde luego, el SESPA y las instituciones sanitarias ni apreciaron ni aprecian, ni tiene ningún futuro en ellas. La salud de las personas durante décadas seguirá siendo una cosa personal. Los servicios de salud se están orientando y se orientarán cada día más y más hacia el tratamiento de las enfermedades.

¿Cómo ha sido la relación con sus pacientes?

De eso es de lo que me quedan las mejores sensaciones. Es un privilegio, un placer y un profundo aprendizaje entrar tan a fondo en la vida de las personas. Y el vínculo y la gratitud que sea crea son intensos y recíprocos.

¿Sigue siendo La Fresneda un ecosistema singular?

-Creo que cada vez es menos singular, es un tipo de desarrollo urbanístico que en todas partes está en crecimiento. Yo creo que es por el atractivo y el beneficio para la salud de vivir en entornos verdes.

¿Cómo pronostica que será La Fresneda del futuro?

Lo más probable es que sea muy parecida a lo que es hoy. Pero podría ser algo mucho más interesante a mi juicio para sus residentes si diera un giro más rural y más comunitario. Ahora mismo, estoy trabajando en un modelo de sistema agroalimentario local basado en producir los alimentos que se consumen allí en el entorno rural inmediato e ir creando vínculos entre esos dos mundos. Y eso es algo que se hace si la gente quiere.

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