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Una "ciudad lineal" en las márgenes del Nora: La Fresneda, Lugones y La Corredoria van camino de sumar 40.000 vecinos que comparten ocio y servicios

El territorio que sería ya el quinto concejo de Asturias en población si fuera parte de un mismo término municipal sigue creciendo, con suelo para al menos 2.800 viviendas en las localidades sierenses

Manuel Alba, vecino de Lugones; Eva González, Lucía Marcos y Estefanía González, en la Farmacia Corredoria; José Manuel García, vecino de La Corredoria; y Sara Orille, de La Fresneda .

Manuel Alba, vecino de Lugones; Eva González, Lucía Marcos y Estefanía González, en la Farmacia Corredoria; José Manuel García, vecino de La Corredoria; y Sara Orille, de La Fresneda . / L. P.

Luján Palacios

Luján Palacios

La Corredoria/ Lugones/ La Fresneda

Durante cientos de miles de años, el valle del río Nora ha sido un espacio de vida. Mucho antes de que hubiera carreteras, hospitales o promociones de vivienda, numerosos grupos humanos se asentaban ya en sus terrazas fluviales, aprovechando un entorno fértil y estratégico como atestiguan los vestigios arqueológicos. Aquel corredor natural, que articulaba desplazamientos, recursos y asentamientos, ha cambiado de forma, pero no de función: hoy el río Nora sigue siendo un eje vertebrador. Solo que ahora sostiene una realidad distinta: una ciudad lineal de casi 40.000 habitantes que se extiende, sin apenas interrupciones, entre La Corredoria (en el municipio vecino de Oviedo), Lugones y La Fresneda. Traducido en cifras comparativas, esta aglomeración pasaría a ser casi el quinto concejo de Asturias, en un empate técnico con Langreo (39.630 vecinos) y por delante de Mieres, que ronda los 36.300 habitantes.

La transformación es reciente, pero de una intensidad poco común en Asturias. En apenas cuatro décadas, La Corredoria ha pasado de ser una parroquia de carácter rural, con menos de 2.000 habitantes en 1986, a convertirse en el barrio más poblado de la capital, con cifras que ya superan los 20.000 vecinos. Su crecimiento ha sido sostenido, primero al calor de las promociones de vivienda social y, más tarde, impulsado por el desarrollo urbanístico privado y la proximidad al Hospital Universitario Central de Asturias. Hoy presenta una singularidad demográfica en el contexto regional: una población relativamente joven, con un peso notable de familias y niños, y con una gran multiculturalidad.

Lugones, polo de desarrollo

Al otro lado del río, en el concejo de Siero, Lugones se ha consolidado como el principal polo residencial del municipio. Con más de 13.600 habitantes, su crecimiento reciente responde a una lógica metropolitana: proximidad inmediata a Oviedo, buenas conexiones y una oferta de vivienda cada vez más demandada. No quedan apenas pisos libres, según coinciden las inmobiliarias, en un núcleo que funciona de facto como prolongación urbana de la capital.

A escasa distancia, La Fresneda ha seguido un camino paralelo, aunque con un modelo distinto. Nacida como urbanización planificada en los años ochenta, ha superado ya los 6.000 habitantes y se ha consolidado como una de las áreas residenciales más valoradas del centro de Asturias. Su crecimiento, más ordenado, responde a la búsqueda de calidad de vida en un entorno abierto pero conectado, lo que ha atraído a población trabajadora del área central.

Sumadas, estas tres piezas dibujan un continuo urbano que roza los 40.000 habitantes. Una cifra que, trasladada al mapa administrativo, equivaldría a concejos como Langreo y superaría ampliamente a otros como Villaviciosa, Llanes o Cangas del Narcea. Pero aquí no hay ayuntamiento propio ni nombre común. Solo una sucesión de barrio, villa y urbanización que, en la práctica, funcionan como una única realidad.

Movimiento natural

Los límites se desdibujan, y los vecinos de los tres núcleos se mueven entre ellos de forma natural. Muchos de los que viven en la Corredoria trabajan en Lugones, y al revés. Como en el caso de la farmacéutica Estefanía González, que aunque es natural de Valdesoto, reside en Lugones y trabaja en la vecina Oviedo. “Es lo más común, hay mucho intercambio de gente de uno y otro concejo que al final no se sabe bien de dónde son”, reflexiona.

La pasarela entre Lugones y La Fresneda

La pasarela entre Lugones y La Fresneda / Luján Palacios

La propietaria de la Farmacia Corredoria, Eva González, señala cómo “por aquí pasa mucha clientela de Siero y especialmente de Lugones; estamos al lado y en un punto de paso para mucha gente que va a Parque Principado, al HUCA… eso favorece mucho la movilidad. Y en los supermercados de la Corredoria, igual: hay muchísimos residentes en Lugones que vienen aquí a comprar”, señala. Y añade otro punto clave: la creación de un mercadillo semanal los sábados en La Corredoria: “vienen cantidad de vecinos de Lugones, es un flujo constante de gente entre ambos concejos”.

Andrea Díaz, consejera dermatológica en la misma farmacia, apunta cómo tiene “muchísimas clientas de Lugones”, y lo mismo le pasa a la peluquera Lucía Marcos, con “mucha gente de Siero, yo misma vivo cerca de Lugones y trabajo en la Corredoria, mi hijo viene aquí al colegio y hasta para venir al parque lo hacemos aquí; no hay fronteras”, sostiene.

José Manuel García, vecino de La Corredoria

José Manuel García, vecino de La Corredoria / Luján Palacios

Basta un paseo por la denominada “ruta del colesterol” entre ambos núcleos para comprobar cómo la riada de personas es continua, en coche o a pie. “Yo bajo muy a menudo a Lugones aunque soy de la Corredoria, porque mi yerno tiene allí un negocio”, señala José Manuel García. "Venir a Lugones es un paseo desde que hicieron la senda al lado del río; antes era ir al quinto pino y ahora en 20 minutos estamos aquí y no cuesta nada”, remata.

La pista peatonal ha sido un nexo de unión que ha estrechado aún más los lazos entre vecinos de uno y otro lado, como Esther Fernández y Sagrario Fernández, que la transitan a diario si hace bueno desde Oviedo y que aprovechan para hacer vida en Lugones: “allí voy al dentista”, explica Esther.

Manuel Alba, de Lugones

Manuel Alba, de Lugones / Luján Palacios

Manuel Alba, de Lugones, hace la ruta hacia Oviedo con mucha frecuencia, pasa por la Corredoria y llega a veces hasta la pista finlandesa, porque “tengo que caminar, me rompí una pierna y me quedó mal por una negligencia médica”, sostiene. Así que en el camino se encuentra “a muchísimos caminando que pasan de un lado a otro, somos multitud”. Y aprovecha para agradecer la labor del alcalde de Siero, Ángel García “Cepi”: “Tenemos al mejor alcalde del mundo, pena que no esté en el Principado”, reivindica el vecino.

El desarrollo hacia La Fresneda refuerza igualmente la sensación de estar ante un mismo espacio urbano. Infraestructuras recientes han terminado de coser también en su caso ese territorio: la pasarela peatonal entre Lugones y La Fresneda ha estrechado aún más los vínculos cotidianos entre vecinos de la urbanización y la urbe. “Los usuarios consideran que no es solo un puente bonito, sino una solución a un problema real. Son dos localidades que están muy cerca pero estaban separadas por una gran barrera como es la AS-17, lo cual obligaba a rodeos y cruzar zonas peligrosas”, reflexiona la presidenta de la Asociación Vecinal de La Fresneda, Sara Orille.

Sara Orille, a la entrada de la pasarela desde La Fresneda

Sara Orille, a la entrada de la pasarela desde La Fresneda / Luján Palacios

La sensación común entre los vecinos es la de que su construcción ha roto el aislamiento y creado un itinerario seguro para peatones y ciclistas, dando cumplimiento además a una demanda de años por parte de los residentes en ambos márgenes, haciendo de ella “una conexión excelente tanto para Lugones como para la urbanización”, sostiene Orille.

Son muchos los que cruzan diariamente el paso elevado para trabajar o hacer la compra al otro lado, tanto en Lugones como en La Fresneda. "Venimos a hacer alguna compra, estamosmuy conectados y hacía mucha falta", señala Isabel Villanueva, de La Fresneda. "Sobre todo para personas mayores, estaba muy peligroso y ahora podemos caminar por zonas seguras, rematan Tere Alonso y José Antonio Fernández, "encantados" con "esta nueva forma de comunicarnos".

En el instituto de La Fresneda cuentan con cada vez más alumnos de Lugones, una quincena en la actualidad, para los que el paso se ha convertido en un punto más de unión, en un «pegamento» entre localidades que ya casi se dan la mano y que no dejan de crecer. EnLugones, en el entorno del bulevar y de La Ería, hay suelo para levantar 2.000 nuevas Viviendas.En La Fresneda, aún se pueden construir otras 800. Y hay intención de desarrollar las posibilidades que ofrece el actual planeamiento de Siero.

Centralidad

Las claves de este crecimiento son múltiples, pero convergen en una misma idea: centralidad. Este corredor urbano con el Nora como espina dorsal se sitúa en el corazón del área metropolitana asturiana, conectado por grandes ejes como la A-66 o la AS-II, y próximo a equipamientos estratégicos: polígonos industriales, centros comerciales y numerosos servicios jalonan el terreno. A ello se suma la disponibilidad de suelo y una demanda residencial sostenida, especialmente entre población joven que trabaja en Oviedo, Gijón o el entorno central. Frente a la pérdida de habitantes en otras zonas, aquí la tendencia es inversa: crecimiento constante y concentración.

El resultado es un modelo territorial en plena construcción. Una ciudad que no figura en los mapas, pero que ya existe en términos funcionales y demográficos. Y un eje, el del Nora, que sigue cumpliendo la misma función esencial que hace miles de años: organizar la vida a su alrededor.

Quizá la diferencia es que, donde antes había asentamientos dispersos de cazadores-recolectores, hoy se alza una ciudad sin nombre. Una ciudad lineal que crece ajena a las fronteras administrativas, y que se ha convertido ya en uno de los fenómenos urbanos más relevantes de la Asturias contemporánea.

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