La sorprendente historia de un llagar de Siero: La Morena lleva 170 años dando "cariño" a la sidra en Viella
Alfonso Prado, quinta generación al frente del negocio, considerado el decano del sector en la región, defiende la DOP y alerta de que el sector va a necesitar más manzana para crecer

Alfonso Prado, delante de su sidrería. / Juan Plaza

«La clave para una buena sidra es hacerla con cariño». Así resume Alfonso Prado, actual propietario y quinta generación vinculada a Sidra La Morena, la filosofía con la que este histórico llagar de Viella, considerado el decano del sector en Asturias, mantiene viva una actividad cuyos orígenes se remontan mediados del siglo XIX y le permite lograr destacados premios a la calidad 170 años después. Entre sus últimos reconocimientos figura, por ejemplo, el título de mejor sidra natural tradicional DOP de Asturias del pasado año, logrado con la marca Prado y Pedregal.

Afonso Prado, con las botellas de la sidra que elabora. / J. A. O.
La historia de La Morena arranca en la década de 1850. No existe una fecha exacta documentada, debido a la desaparición de antiguos archivos durante la Guerra Civil, pero el transcurrir de las generaciones permite reconstruir parcialmente la antigüedad del negocio. «Siempre escuché a mi padre decir que había documentos para saber fijo cuándo empezó la familia a hacer sidra, pero cuando la guerra se quemaron los archivos del Ayuntamiento de Siero y nos quedamos con las ganas de saber cómo fue exactamente».
Bar y estanco
Lo que sí se sabe con precisión es que la actividad nació vinculada a la conocida como Casa La Morena, fundada por una familia dedicada tradicionalmente a la agricultura, la ganadería y la elaboración de sidra. El negocio incluía un bar y un estanco. El actual edificio principal, el que alberga la sidrería con restaurante, supera ya ampliamente el siglo de antigüedad. Prado recuerda que un tío de su padre, conocido como «Pepe la Morena» , fallecido con más de noventa años, todavía conservaba recuerdos de las obras para levantar este inmueble. «Él nos decía que se acordaba de que siendo un guaje empezaron a construirlo», señala.
El edificio que hoy es la sidrería restaurante y que se levantó hacia 1900 ha sido conocido por la familia como el «llagar nuevu», porque junto a él había otro anterior, denominado el «llagar vieyu», lo que da cuenta de la antigüedad de las instalaciones originales.
Modernización
La recuperación contemporánea de la actividad llagarera se produjo en 1984. El abuelo de Alfonso, Emilio Prado, conocido como «Emilio la Morena», había abandonado el negocio por problemas de salud y fue entonces, hace cuatro décadas, cuando Alfonso Prado padre decidió volver a poner en marcha la producción sidrera. En aquellos primeros años todavía elaboraban con materiales y sistemas tradicionales. «Una prensa antigua y toneles de madera», rememora el actual propietario. Pronto comenzaría la modernización progresiva del llagar. Primero, llegaron nuevas prensas. Después, los depósitos de fibra. Más adelante se afrontó la ampliación de las instalaciones y la renovación de la maquinaria.
El llagar produce ahora alrededor de 400.000 litros anuales. Mantiene dos prensas hidráulicas, una neumática y una línea de embotellado que ha sido renovada recientemente. Elabora sidra natural tradicional bajo la marca La Morena y también la sidra DOP Prado y Pedregal.
Palmarés
La firma reúne un notable palmarés. Entre sus reconocimientos figuran el primer puesto en el certamen Gijón de Sidra 2013 y la Meyor Primer Sidre l’Añu de 2016, 2019 y 2024, además del premio DOP de Asturias en 2025.
Alfonso Prado es un firme defensor de la denominación de origen (DOP)y considera que tiene todavía un importe recorrido. «Es muy importante tirar por la DOP. Con la calidad de manzana que tenemos aquí, hay que apostar por ella» señala el llagareru sierense, quien advierte también de los problemas que afronta el sector en relación con la producción en las pumaradas y el relevo generacional en el campo. A su juicio, «dentro de unos años puede que no haya manzana suficiente para todos». Por tanto, pide al Principado que tome medidas, porque «hay mucha gente mayor que va a dejar las fincas y no hay quien las coja».
Materia prima
En opinión de Prado, las administraciones deberán implicarse más en esta cuestión si el objetivo es seguir incrementando la producción con denominación de origen. «Si queremos incentivar que la gente beba sidra de Asturias, hay que regularizar esto de otra manera», sostiene el llagareru, convencido de que la materia prima resulta fundamental para lograr una sidra de alta calidad. «Este año la manzana vino muy sana. Hacía mucho que no veíamos una campaña tan regular» subraya Prado, que también estima «fundamentales» los trasiegos, la limpieza y el control de la fermentación.

Alfonso Prado, espichando un culete de sidra. / J. A. O.
El actual titular de La Morena señala que la bebida más asturiana experimentó un importante salto de calidad con la modernización técnica de los procesos de elaboración que se produjo hace unos años. «El sector cambió mucho cuando empezamos a pasar al acero inoxidable y a la fibra», afirma. Sin embargo, pese a esa evolución, el representante de la quinta generación de La Morena reconoce que el sello propio de cada llagareru sigue siendo vital. «La sidra necesita mucho cariño», resume.
Con la perspectiva de que da más de siglo y medio de trayectoria, en La Morena también trabajan en nuevas líneas de producto. Así, el pasado año comenzaron a elaborar la sidra espumosa que comercializan bajo la marca «Ancestral». «Se embotella con un porcentaje de azúcar dulce del propio mosto y esa fermentación provoca una burbuja muy fina, como un espumoso», explica Prado, que estudia también ampliar el negocio hacia el sidroturismo, abriendo las instalaciones a visitas y actividades vinculadas a la cultura del llagar. El principal obstáculo vuelve a ser la falta de personal, un problema que, según indica, afecta tanto a la hostelería como al sector sidrero. «Estás animado a hacer cosas y luego no encuentras gente», lamenta. Pese a ello, Alfonso Prado mantiene una visión optimista sobre el futuro de la bebida regional: «La sidra seguirá conservando un fuerte componente social y cultural en Asturias, estoy convencido».
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