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El regalo de Carlos Soto para su familia: nueve hórreos en miniatura para una colección que este vecino de El Berrón tardó dos años en completar

“Leí muchos libros sobre ellos, pero para profundizar en cada tipo me dediqué a recorrer los pueblos y hablar con la gente mayor”, destaca

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Pablo Antuña

Pablo Antuña

El Berrón (Siero)

Hace unos años Carlos Soto empezó a darle vueltas a qué podía dejarles de recuerdo a sus hijos y nietos y se le ocurrió que fuera una colección artesanal. Empezó a elaborar miniaturas de hórreos asturianos con cobre, latón y bronce, y alguno de ellos también con características de los gallegos. Le llevó dos años, pero el resultado final le dejó un conjunto único, que guarda con mucho cariño en su casa de El Berrón, y que recientemente enseñó a vecinos de Siero y visitantes en el marco de la pasada Feria de los Quesos de su localidad.

“Los hórreos son una cosa que me sorprendieron siempre, me gusta el tema de las manualidades y por entretenerme un poco”, explica Soto sobre el motivo por el que eligió centrar en esta temática el recuerdo que quería dejar a su familia.

El proceso de elaboración le llevó cerca de dos años. Porque más allá de la construcción en sí, Soto tuvo que dedicarle un trabajo previo de documentación. “Leí muchos libros y revistas, pero al final me di cuenta que si quería profundizar en el tema de los hórreos tenía que recorrer los pueblos y hablar con la gente mayor”, indicó.

Detalle de uno de los hórreos confeccionados.

Detalle de uno de los hórreos confeccionados. / P. A.

Fueron horas y horas las que echó para conseguir un resultado final que llama la atención sin duda, porque no falta ningún detalle. “Intenté reflejar todo lo que aprendí. Por ejemplo, que los hórreos de montaña tienen más caídos los tejados. Y más ideas que fui recogiendo, que se fueron plasmando en todos ellos”, cuenta.

Carlos Soto, de 74 años, nació en Illano, pasó su infancia y juventud en Doiras (Boal) y lleva asentado desde hace 46 años en Siero, en El Berrón. El motivo por el que decidió utilizar materiales de cobre, latón y bronce fue la conservación. “No se oxida y dura una eternidad”, reflejó.

La influencia de haber vivido y crecido en el occidente se puede observar en algunas de las piezas, que detallan rasgos de las construcciones de la zona. Se observa por un ejemplo en uno típico “hecho de llámanas de pizarra”. Y otro menos conocido, que en vez de ser pizarra “es de lo que llaman de lágrimas, y con un corredor”.

Detalla de uno de los hórreos confeccionados.

Detalla de uno de los hórreos confeccionados. / P. A.

No falta en ese recorrido uno típico gallego. O también uno de la zona entre Cadavedo y Trevías, “que son de tejados de mitad de pizarra y la otra mitad de teja”. Y que tienen otra distinción, “porque el corredor es diferente, de tablas y es todo el corredor horizontal, para proteger de los vientos”.

Más piezas singulares: tiene también un cabazo, de la zona del Río Navia y el Eo. “Es el típico, de teja y con corredor”, explica. Y un viaje a la zona oriental, “con el llamado de beyusco, del entorno de Ponga, y que es de dos aguas”.

En alguno de ellos incluso, como se pueden desmontar, al estar confeccionado por partes, Carlos Soto introdujo “una cápsula del tiempo”, para que dentro queden recogidos algunos datos el momento de su elaboración: “Está mi nombre, apellidos, quién era presidente del gobierno, el Papa o El Rey, y hasta alguna moneda. Va todo envuelto en un paño de algodón”.

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