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Las orquestas "están por las nubes" y sube todo: las romerías de Siero acusan el alza de precios pero garantizan que "habrá fiesta, aunque sea con gaita y tambor"

El dinero de cuotas o ayudas no llega para cubrir costes y algunas comisiones se plantean reducir días o cambiar a los DJ's, que son más baratos

Las fiestas de la Virgen de la Cabeza en Meres

Las fiestas de la Virgen de la Cabeza en Meres / Luján Palacios

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Luján Palacios

Luján Palacios

Pola de Siero

La cuenta atrás para las romerías ya ha comenzado en Siero, pero este año las comisiones de fiestas miran menos al cartel y más a la calculadora. La temporada arranca el próximo día 22 con la Virgen de la Cabeza de Meres y, tras ella, llegará un calendario que atraviesa concejos y parroquias hasta el final del verano. El problema es que organizar una fiesta popular cuesta hoy mucho más que hace apenas unos años. Las orquestas se han encarecido, la bebida y la comida han subido de precio, aumentan los gastos de electricidad, seguridad o permisos y los ingresos tradicionales, sobre todo la barra, ya no sostienen el modelo como antes. El resultado empieza a notarse: algunas comisiones reducen actuaciones, sustituyen orquestas por DJs o ya hablan abiertamente de acortar celebraciones en el futuro.

En Meres, donde en breve lanzan el chupinazo, hay procupación. “Hacer una fiesta económicamente siempre fue duro, pero de unos años a esta parte se está haciendo muy cuesta arriba”, resume Tania López, integrante de la comisión organizadora. La romería mantiene una apuesta por actuaciones musicales de calidad, porque “creemos en la música en directo e intentamos mantener el nivel de siempre”, señala. Pero el precio de sostener ese modelo no deja de crecer.

Las orquestas continúan siendo el principal desembolso, aunque no el único. “Todo subió, absolutamente todo: refrescos, sidra, lomo, chorizos…”, enumera López. Uno de los que más sorprendió este año a la comisión fue el hielo: las bolsas de diez kilos pasaron de costar unos 4,5 euros a 6,5. “Nunca solemos pedir muchos presupuestos para eso, pero este año tuvimos que valorarlo porque el gasto se dispara”, explica. Y como consecuencia, la barra de la fiesta que ellos mismos expoltan, históricamente uno de los principales motores de financiación, ya no basta. “Con lo que sacas en la barra no llega para pagar todo. Tienes que inventar”, resume la organizadora. En Meres lo hacen con actividades durante todo el año, como comidas campestres, eventos puntuales o rifas, para mantener viva una celebración con más de cuatro décadas de historia.

La fiesta de El Carbayu en Lugones

La fiesta de El Carbayu en Lugones / Luján Palacios

El diagnóstico se repite, con matices, por todo Siero. En Lugones, Noelia Fernández, presidenta de la comisión de fiestas de El Carbayu, calcula en torno a 100.000 euros el coste de cinco días de programación. Y eso con ajustes ya aplicados, porque "antes podíamos traer dos orquestas; ahora no da el dinero salvo el día del bollo”, explica Fernárndez. Los domingos y lunes han sido sustituido orquestas por DJs para contener el gasto.

Orquestas por las nubes

La música es, de largo, el mayor quebradero de cabeza. “Por menos de 8.000 euros ya no encuentras una orquesta”, afirma Fernández. A ello hay que sumar costes crecientes en iluminación, electricidad o generadores: Solo la luz del prau y la energía que requieren las orquestas supera la cuantía del convenio nominativo municipal que recibe la fiesta, cifrado este año en 14.240 euros. Además, gastos antes asumidos por el Ayuntamiento como la limpieza del recinto ahora recaen en la organización.

Pero el aumento de costes no es el único enemigo de las fiestas tradicionales. El fenómeno del botellón ha alterado las cuentas de muchas comisiones. “Hace diez años el bar se vendía por el doble de lo que vale ahora”, lamenta Fernández. Muchos jóvenes acuden con bebida comprada fuera, reduciendo el consumo dentro del recinto festivo, y eso además conlleva preocupaciones de seguridad asociadas.

La tentación de cerrar los espacios o cobrar entrada existe, pero nadie tiene claro que sea la solución. “La opción es cerrar el prau, pero es peligroso, porque la gente seguirá reuniéndose alrededor de las casas y perjudicas a los vecinos”, sostiene la presidenta de El Carbayu. La apuesta, de momento, pasa por intentar gestionar el problema desde dentro, con seguridad privada y presencia de Guardia Civil.

La última edición de las carrozas de Valdesoto

La última edición de las carrozas de Valdesoto / Irma Collín

En Valdesoto, donde San Félix moviliza cada verano a miles de personas, el presupuesto de la fiesta alcanza los 120.000 euros. Solo el desfile de carroces cuesta alrededor de 15.000 entre premios, permisos y organización, según explica Andrés Berdayes, presidente de la comisicón. “No genera beneficios; al revés, cuesta dinero”, señala. Tampoco los premios compensan lo invertido por los participantes: una carroza ganadora puede gastar 7.000 euros para recibir un premio de 2.000.

El esfuerzo económico se extiende también a los vecinos. La comisión tuvo que subir recientemente las cuotas de socios, de 15 a 20 euros en adultos y de 7 a 10 en niños, para sostener unos costes crecientes. La lotería, tradicional salvavidas financiero, se ha convertido en pieza esencial para cuadrar las cuentas. “Gracias a que nos tocó lo jugado estos dos últimos años logramos empatar gastos”, reconoce Berdayes.

El doble

Las cifras son menores, pero el problema idéntico, en otras parroquias. La comisión de El Berrón calcula un presupuesto de unos 40.000 euros y admite subidas de precios “casi del doble” en algunos conceptos respecto al año pasado. En Tiñana, la Sociedad Cultural y de Festejos Nuestra Señora de la Visitación habla de incrementos del 8 al 10 por ciento en proveedores en apenas un año, muy por encima del IPC. Allí ya tomaron una decisión significativa: sustituir hace dos años una de las dos orquestas por un DJ.

“El año pasado perdimos unos 500 euros, algo asumible, pero este año estimamos pérdidas de unos 2.000”, advierte Benigno Maújo, presidente de la sociedad. El menaje (vasos, platos o cubiertos) lleva años encareciéndose, al igual que papel, tinta, carne o bebidas. Para amortiguar el golpe, en Tiñana reservan las orquestas de un año para otro nada más terminar las fiestas, intentando blindarse frente a nuevas subidas.

Fiesta en Tiñana

Fiesta en Tiñana / Luján Palacios

En La Fresneda, donde la asociación vecinal organiza las fiestas del Corpus en junio, el presupuesto roza los 50.000 euros pese a una programación “sin grandes excesos”, explica su presidenta, Sara Orille. Frente a ese gasto, el convenio municipal asciende a 9.000 euros, una cuantía que, lamenta, quedó rebajada durante la pandemia y nunca recuperó niveles previos.

En su caso "echamos mil horas para organizar, y está muy bien, pero un poco más de ayuda no vendría mal", reflexiona Orille. Para la fiesta sacan 21.000 euros de cuotas de los socios, hacen una revista y piden a los bares de plaza. "Yo entiendo que tampoco es la finalidad del Ayuntamiento el promover festejos, pero las fiestas de prau y las fiestas de los pueblos siempre ha sido un punto de encuentro para todos los vecinos; debería fomentarlo igual un poquito más", reflexiona, con muchas ideas en mente como concursos de cocina o carreras en bici "para las que ya no podemos optar a más ayudas, porque ya nos dieron 9.000 euros".

Ambiente en la fiesta de La Fresneda

Ambiente en la fiesta de La Fresneda / L. R.

Las ayudas públicas son otro frente recurrente. Varias comisiones denuncian que las subvenciones no crecen al ritmo de la inflación y, en algunos casos, impiden optar a otras líneas de apoyo. El convenio de El Carbayu ronda los 14.000 euros; Valdesoto recibe 10.000 para el desfile de carroces; Tiñana asegura que las ayudas no cubren ni el 5 por ciento del coste de la fiesta.

Burocracia

A eso se suma una burocracia cada vez más compleja. Permisos, seguros, memorias económicas, autorizaciones de feriantes, certificados eléctricos, proyectos de ingeniería o controles de seguridad ocupan meses de trabajo voluntario. En El Carbayu, donde participan 24 feriantes, cada uno debe presentar entre ocho y diez documentos. “Hay muchas fiestas que pagan una asesoría; yo lo hago personalmente y son muchísimas horas”, explica Fernández. Y con ello, el desgaste humano empieza a pasar factura. "Muchos estamos a punto de tirar la toalla todos los años", reconoce la responsable de El Carbayu. En Santa Isabel de Lugones, Candela García admite que cada edición supone “un reto constante” para cuadrar presupuestos y buscar precios más rentables. “Cada año queremos dejarlo, pero no aparece relevo y nos negamos a que Lugones quede sin fiestas”, resume.

De fondo aparece una pregunta incómoda: si el modelo actual es sostenible. Algunas comisiones ya asumen que las romerías del futuro quizá sean más cortas, con menos días o menos grandes orquestas. “Tenderá a hacerse fiestas de un par de días o volver a un paso atrás y traer dúos en lugar de grandes espectáculos”, auguran desde El Carbayu. Y pese a todo, nadie contempla rendirse del todo: “Las fiestas seguirán aunque sea con gaita y tambor”.

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