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Ana Paz Paredes, Guisandera de Oro: "Las cocineras nos devolvéis a las madres y abuelas que nos alimentaron y nos enseñaron quiénes somos"

La periodista reivindica el papel de las mujeres que sostienen la tradición en la cocina y que "aún no son bien visibilizadas"

Ana Paz Paredes, Guisandera de Oro: "Las cocineras nos devolvéis a las madres y abuelas que nos alimentaron y nos enseñaron quiénes somos"

Luján Palacios

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Luján Palacios

Luján Palacios

Valdesoto (Siero)

Entre pucheros y lumbres se ha cocinado en Asturias un importantísimo patrimonio gastronómico del que las guisanderas son guardianas y transmisoras. Mujeres que desde hace 28 años componen un club sólido, al que se entra por méritos propios y por lazos de cariño, respeto y lealtad. Como le ha sucedido a Ana Paz Paredes, periodista jubilada que desarrolló buena parte de su trayectoria profesional en LA NUEVA ESPAÑA y que desde este miércoles es Guisandera de Oro por su labor de cronista de caleya, topógrafa de las cocinas y notaria de las historias de tantas mujeres que dieron lo mejor de sí entre fogones.

La periodista, que durante años recorrió pueblos, casas de comidas y restaurantes para contar la Asturias menos visible, recibió el principal reconocimiento del Club de Guisanderas de Asturias en una emotiva gala celebrada en Valdesoto, bajo la gran panera de la Casona de Leceñes y en un acto en el que las lágrimas de emoción fueron el condimento.

Ana Paz Paredes, en su intervención

Ana Paz Paredes, en su intervención / Luján Palacios

La presidenta del Club, Amada Álvarez, fue la encargada de abrir una ceremonia en la que reivindicó la fuerza de una asociación que, casi tres décadas después de su nacimiento, sigue creciendo y defendiendo una cocina que "busca emocionar, contar quiénes somos y convertir cada comida en un recuerdo". También recordó a quienes ya no están, con una mención especialmente sentida para Manel, esposo de la guisandera Ángela, fallecido recientemente, y para Tilina, una de las grandes referencias de la cocina asturiana.

La entrega de la Guisandera de Oro fue el eje central de una jornada en la que el colectivo quiso reconocer a una profesional que ha dedicado buena parte de su carrera a rescatar historias que, de otro modo, "correrían el riesgo de perderse". Entre los méritos de Ana Paz Paredes, ataviada para la ocasión con un dengue de la zona occidental y una faltriquera de Cabrales, se enumeró "su capacidad para documentar la cocina de siempre, escuchar a sus protagonistas y otorgar protagonismo a quienes durante décadas trabajaron en silencio, lejos de los focos y de los grandes reconocimientos", una labor de décadas que cristalizó en la edición de varios libros, tras la visita a la friolera de 800 locales hosteleros en el Principado.

La homenajeada respondió con un discurso largo, cálido y personal, para recordar que que su pasión por contar historias nació en casa. De su padre, Manuel Paredes, periodista, heredó el amor por la lectura, la escritura y el oficio periodístico. De su madre, Pacita, recibió el apego por la aldea, las raíces y el mundo rural. "Era feliz en el pueblo, en Carbajal, en Llanera", donde dejaba de ser la niña modosa que estudiaba con las monjas para querer aprender a segar, subirse a la tenada a leer cuentos y robar lechugas para dárselas a los conejos.

Aquella infancia, explicó, le permitió comprender el valor del campo y de quienes viven y trabajan en él, una sensibilidad que más tarde trasladó a su labor periodística. Y así, durante años recorrió Asturias para contar historias de emprendedores, pequeños negocios familiares, bares y restaurantes repartidos por toda la geografía regional. "Las caleyas fueron mi oficina", resumió, agradeciendo a LA NUEVA ESPAÑA la libertad que siempre tuvo para elegir historias y personajes.

En ese recorrido aparecieron inevitablemente las guisanderas. "Qué lujo entrar en vuestras cocinas, veros trabajar y aprender incluso de los silencios", señaló Ana Paz. Porque, a su juicio, el valor del colectivo trasciende lo estrictamente gastronómico : "Sois guardianas de una memoria culinaria construida por generaciones de mujeres que simultaneaban los fogones con el trabajo en el campo, la crianza de los hijos, la atención a las personas mayores y la gestión de negocios familiares", indicó en su intervención.

Reconocimiento

Paredes recordó que la historia de la cocina tradicional asturiana está escrita fundamentalmente por mujeres cuya aportación no siempre ha recibido el reconocimiento merecido. "Vosotras representáis a todas ellas", afirmó dirigiéndose a las integrantes del club. "A las de entonces, que apenas fueron visibilizadas, y también a las de hoy, que todavía no lo son lo suficiente". Y lejos de quedarse en la nostalgia, la periodista animó a las guisanderas a seguir teniendo un papel activo en la sociedad asturiana. Así, les propuso participar en actividades educativas con escolares, colaborar con centros sociales y residencias y seguir transmitiendo conocimientos que forman parte del patrimonio colectivo. Incluso lanzó una idea que despertó sonrisas entre las asistentes: la elaboración de un libro conjunto entre guisanderas y productores asturianos que sirviera para mostrar el vínculo entre quienes cultivan y elaboran los productos y quienes los transforman en los fogones.

Amada Álvarez, Aida Rosales y Ana Paz Paredes

Amada Álvarez, Aida Rosales y Ana Paz Paredes / Luján Palacios

También tuvo un recuerdo para su madre Pacita, que batía los huevos "con ritmo, maestra de la percusión culinaria"; que cocinaba el pote sin fabes "porque siempre lo hice así, como los de Mieres" y elaboradora de arroz con leche requemado con un tenedor al rojo vivo al que le faltaba un diente. "Lo que hacéis no es sólo cocinar rico, ni sólo cocinar nuestras raíces", afirmó dirigiéndose a las guisanderas. "Lo que hacéis es devolvernos por unos instantes a esas madres y abuelas que nos alimentaron y nos enseñaron quiénes somos", indicó en una intervención seguida de una larga ovación y un agradecimiento sincero: "No hay persona más feliz hoy aquí que yo", aseguró Ana Paz Paredes emocionada.

La ceremonia sirvió además para rendir homenaje a Mayte Fernández, del restaurante La Costana, con motivo de su jubilación. Fernández, muy satisfecha, aseguró sentirse orgullosa de haber formado parte de las guisanderas y definió al colectivo como "un tren" que sigue avanzando gracias al trabajo y la unión de todas sus integrantes.

Otro de los momentos más emotivos llegó con el nombramiento como Embajadores Permanentes de las Guisanderas de Asturias de Nieves Zapico y Álvaro Egea, responsables de la Taberna Asturiana Zapico, en Toledo. Ambos recibieron la distinción visiblemente conmovidos y no pudieron contener las lágrimas al agradecer un reconocimientoque es ya un vínculo permanente con la tierra que llevan años difundiendo desde Castilla-La Mancha a través de la cocina asturiana.

Una celebración de la cocina de raíz, de la memoria compartida y de quienes han dedicado su vida a conservarla. Entre ellas, desde ahora y para siempre, Ana Paz Paredes. La periodista que recorrió Asturias para contar las historias de los demás y que este miércoles vio cómo eran las guisanderas quienes escribían la suya.

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