La faba resiste en Argüelles con las empresas de los últimos productores, solo cuatro de los más de veinte que llegó a tener la parroquia de Siero
Manuel Álvarez y Natalia Lastra lideran el proyecto de una firma «gourmet» que cocina y conserva lo que ellos mismos siembran y cosechan

Manuel Álvarez y Natalia Lastra, con sus productos. / Tania López

En Argüelles, zona de Siero de afamados cultivos de fabas, ya solo quedan cuatro productores de los más de veinte que hubo hace años, en los buenos tiempos en los que todas las tierras estaban sembradas. La gente que se hizo mayor fue retirándose, sin relevo, el número de agricultores fue bajando y hasta hoy, un momento en el que son pocos los que resisten, aunque lo hacen con ganas, innovando y dando valor añadido a lo que comercializan. Es el caso de Manuel Álvarez y Natalia Lastra, matrimonio que han apostado por no perder la tradición que les viene de familia y, que pese a las dificultades, han creado una marca propia y hasta una propuesta gourmet que los diferencia.
"La gente de siempre, la de mayor edad, fue abandonando, otros marcharon y ahora somos cuatro, literalmente. Bajó también mucho por ello la superficie que se cultiva, antes eran muchas hectáreas y, ahora, entre los que somos, se sembrarán cinco, seis hectáreas...", explica Manuel Álvarez. "Seguimos los pocos que ya quedamos en estos últimos años, guantando ahí como podemos, porque bueno la cosa está viniendo ahora un poco fea con el calor, estas temperaturas tal altas que hacen que vaya todo un poco retrasadín este año", añade.
Viene de una saga familiar de Argüelles, que usa la misma semilla desde hace más de 40 años, guardando una parte de la cosecha para la próxima siembra. Así han conseguido "una faba grande, perfecta y suave, mantequilla para el paladar". Tal vez por el trabajo, la tradición y el amor a la tierra, este matrimonio, lejos de rendirse, comenzó hace pocos años a darle vueltas a la idea de hacer "algo más, de darle un toque a las fabas". Y así nació un proyecto con el que han dado un paso más. No solo cultivan y cosechan su faba Vegargüelles sino que la cocinan, la conservan y la ofrecen un producto delicatessen que distribuyen a través de su tienda online y que también está a la venta en tiendas gourmet.
"Semilla germinada, brote"
Su firma se llama "Guañu", palabra en asturiano que como ellos mismos explican significa semilla germinada, brote. Después de mucho pensar, del esfuerzo, del papeleo, las pruebas y las autorizaciones, lanzaron en 2023 su fabada gourmet, que es un homenaje "a nuestras madres", explican sobre una elaboración que hacen "con paciencia y mucho amor". Y no es lo único que preparan: han sacado al mercado también pote y una tarta de queso con coulís de manzana que destacan igualmente por la calidad de ingredientes y proceso, por la apuesta por lo propio y la materia prima de Asturias.

Las fincas de Argüelles de Manuel Álvarez y Natalia Lastra. / Tania López
El pote lo elaboran con berzas y patata que también cultivan y la tarta de queso está hecha con afuega'l pitu. En todos los casos de estos productos gourmet, también en el de la fabada, hay otra innovación además de la garantía de origen de los ingredientes. Con la incorporación de una máquina autoclave han conseguido que las elaboraciones con fabas y berzas duren hasta 4 años. En el caso de la tarta son dos años.
El matrimonio tiene la tierra en Argüelles y sus instalaciones para la producción de estas propuestas gourmet en Lieres. No es fácil sacar adelante este tipo de propuestas, pero Manuel Álvarez y Natalia Lastra siguen apostando por convertir lo bueno que da la tierra en un producto con valor añadido, al que se une un packaging con un diseño que llama la atención junto al propio envase de la fabada y el pote, de vidrio y con forma de pequeña pota, que deja ver una elaboración que entra por los ojos y convence en el paladar.

La fabada gourmet de "Guañu". / Tania López
Son platos tradicionales de Asturias, que para "nosotros siempre fueron gourmet", explica esta pareja que los cosecha, cultiva, cocina, conserva y presenta como lo que merecen, una "delicatessen" en toda regla. Por el momento, Manuel Álvarez tiene otro trabajo, porque es complicado poder vivir de esta actividad en exclusivo. En todo caso, "nos gustaría llegar a ese punto" con "Guañu", que significa semilla germinada, brote, y en este caso es también el nombre de una esperanza para un proyecto que trabaja duro para prosperar.
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