El comercio de Pola de Siero que no pasa de moda y resiste con surtido de buenas marcas: "Hay que saber adaptarse, ofrecemos cosas distintas"
La capital sierense cuenta con varios locales consolidados en los que conviven los escaparates físicos y los virtuales con excelentes resultados

Paula González, en su tienda polesa / Luján Palacios

De un tiempo a esta parte el comercio ha pasado a ser digital, Internet se lleva una gran cuota en las ventas de las grandes cadenas y la experiencia de irse de tiendas se ha reducido para muchas personas a hacer "scroll" en sus pantallas. Pero en Pola de Siero, un buen puñado de comercios, especialmente de moda, resisten a la nueva ola de tendencias de venta haciendo lo que siempre han hecho: atendiendo cara a cara, asesorando y generando confianza entre sus clientes. Aunque para ello también se han visto obligados a renovarse y adaptarse a los tiempos, complementando el escaparate físico con el virtual.
La pandemia fue el detonante para que comercios como la tienda de ropa infantil "Cascabel" dieran el paso hacia el comercio electrónico, "todo de forma casera, nosotras mismas hicimos la web, no quedó otra", explica Susana Menéndez mientras atiende a una larga fila de clientas. Su comercio es ya uno de los más veteranos de la Pola: este año cumple tres décadas y es toda una institución en el mundo de la ropa, complementos y accesorios de todo tipo para los más pequeños. Lo fundó junto con su socia Lucía Martínez hace 30 años "cuando nuestros hijos eran pequeñinos y nosotras trabajábamos como dependientas en otro negocio. Teníamos claro que queríamos vender para niños y que envolveríamos los paquetes con sumo cariño y con un cascabel de adorno. Ya sabíamos cómo se iba a llamar la tienda antes de tenerla", recuerda Susana con una sonrisa.

Susana Menéndez, en "Cascabel" / Luján Palacios
Durante todos estos años les ha ido bien, con la pandemia como punto de inflexión. "La Caja Rural nos ayudó mucho con sus bonos para que pudiéramos mantener la actividad", explica la responsable de la tienda. De aquellos días surgió la tienda online desde la que ahora mismo venden a destinos como Portugal o Italia, y a toda España. Y aunque es una forma más de dar auge al negocio, en su caso como en casi todos los veteranos, resisten por otro tipo de valor añadido: "La enorme variedad que tenemos, ropa de vestir y de sport, de comunión, de bautizo, para todas las tallas, con muchos complementos. La gente nos ha ido conociendo a lo largo de estos años y ahora ya vienen a comprar para sus hijos aquellos a los que vestimos siendo niños", relata. A la buena caída a la tienda desde localidades cercanas y desde la propia Pola se añade "el trato personal, asesoramos y ayudamos a los clientes, y eso en Internet no lo tienes", cuenta Susana convencida. La clave está en "dedicar tiempo, y en habermos hecho un hueco con los años y hasta que nos jubilemos, o eso esperamos", bromea.
Una cara amable
El contar con una cara amable tras el mostrador que pueda echar una mano con las compras es a juicio de Isabel Fernández, de "El rincón de María", una de las claves que la han ayudado a mantener el negocio durante los últimos 16 años en la Pola. Llegó a él por casualidad, tras haber sido despedida de su anterior empleo y para echar una mano a la persona que llevaba entonces la tienda. "Estuve quince días y surgió el traspaso del negocio, me di cuenta de que me gustaba y decidí quedarme porque me gusta mucho lo que hago", señala en su tienda.

Isabel Fernández en "El rincón de María" / Luján Palacios
Resiste a los embates del comercio electrónico "poniéndole ganas y humor, tratando bien a la gente y adaptándose: hice una web a nivel casero a la que subo los productos y también llevo redes sociales. No se vende mucho por ese canal pero ayuda a darse a conocer", sostiene. Además, su tienda es punto de recogida de paquetes, otro extra que ha llegado con el comercio digital y que, en su caso, sirve "para que la gente que a lo mejor nunca entró aquí lo haga, y vea que tenemos cosas que igual no pensaba que había y así se acaban haciendo clientes". Otro de los puntos fuertes del negocio es el de haberlo convertido en un espacio "en el que hay de todo, mucha mercancía variada. Desde ropa y calzado hasta marcas de moda, juguetes que de repente se venden mucho y los traigo... trabajo mucho con las últimas tendencias", expone Isabel, sabedora de que "es una tienda que da trabajo y lleva muchas horas, pero me gusta".
Exigencia
Algo parecido le sucede a Vanessa Merlo, de "Vía Roma". Abrió sus puertas hace 26 años, "con el euro", y desde entonces ha ido evolucionando para llegar a sus clientas allá donde estén a través de Internet. "Hay que adaptarse a las modas. No vendo por redes sociales, pero ese es el gran escaparate en el que hago vídeos y publicaciones de todo lo que llega, de looks completos para orientar a las compradoras... Muchas ya vienen preguntando por tal o cual producto que acabo de subir y por los complementos que lleva cada prenda", relata Merlo. Es una labor "muy muy absorbente, porque atiendo 24 horas 7 días a la semana a través de las redes: me preguntan y si puedo ofrezco en directo un trato personal", afirma, de manera que "prefiero no hacer una venta a hacerla de forma incorrecta".

Vanessa Merlo, de "Via Roma" / Luján Palacios
Además de su labor de "personal shopper" en su tienda juega a favor "contar con poca cantidad de prendas pero que sean exclusivas, que no todas las clientas lleven lo mismo puesto", además de "un reajuste de precios, con marcas más asequibles para todo el mundo". Y todo ello, lanzado a través de las redes sociales, le va dando "buen resultado, aunque a costa de mucho trabajo para atender todas las consultas".
El escaparate digital es también el mejor aliado de Paula González, que puso en marcha la tienda que lleva su nombre en 1998 y que es todo un icono de la moda local. Veintiocho años de un negocio que nació fruto del destino, porque "mi madre siempre tuvo tienda en Arriondas y mi abuela era modista; crecí entre hilos y botones de colores", explica la dueña con el mismo entusiasmo del primer día. Montó el negocio con el respaldo familiar, y porque "de aquella quería estudiar para ser azafata. A mi padre le daba pena porque eso significaba que me iría lejos, y entre todos me propusieron la idea de poner una tienda de ropa, con la ayuda de mi madre que siempre ha estado ahí para todo", indica Paula emocionada. Salió bien y después de tanto tiempo sigue al frente de un comercio que ha pasado por tres locales y se ha hecho un hueco de confianza entre polesas y llegadas de toda Asturias.
"Antes vendíamos mucha ropa para bodas y eventos, traía prendas de Londres, de Italia... fueron años dorados. Ahora eso se fue perdiendo y fuimos evolucionando, con otro tipo de producto", cuenta la empresaria. Ha sido la forma de convivir con las grandes marcas, cadenas y centros comerciales, ofreciendo "cosas diferentes" con un nivel de atención personalizada que hace que "a veces conozcamos tan bien a las clientas que aunque estén en Madrid mandamos las prendas que compran a arreglar a ojo, y lo clavamos".
Ha sido gracias a que "ven las prendas en redes sociales, aunque no tenemos tienda digital". Las interesadas se ponen en contacto con Paula para reservar o pedir consejo, y entre todas han hecho que el negocio siga en marcha y con buen resultado en un mundo cada vez más uniforme.

Por la izquierda, María Martín y Vanessa Sánchez, en "Mancha de Mora" / Luján Palacios
En "Mancha de Mora" trabajan desde hace 13 años en la Pola con la diferenciación como enseña del negocio: "Tenemos marcas españolas diferentes, estampados muy marcados, se trata precisamente de eso, de ofrecer cosas distintas", apunta Vanessa Sánchez, que debutó con la tienda tras haber sido dependienta y ha hallado en las redes sociales, de nuevo, un gran aliado para traspasar los límites de su tienda. "La web es un escaparate y un buen punto de venta con el que llegamos a Madrid, Barcelona, Galicia...." Casi igual que las grandes marcas, pero con una gran diferencia: ella y su empleada María Martín atienen a las clientas, establecen una relación de confianza, asesoran y miman a las compradoras, aunque sea a distancia. Y de nuevo "lleva muchísimo tiempo hacer los vídeos y mostrar la mercancía", aseguran.
Eso sí, Instagram es para ellas "imprescindible, porque la gente ya no tiene tiempo a venir de tiendas". Un arma de doble filo que, bien utilizada, hace que los pequeños negocios locales tengan en ellas una ayuda, y no un impedimento.
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