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Los primeros del Carmín se pegan el madrugón tras la resaca del Mundial: "Es clave venir pronto al prau para coger sitio con sombra"

Grupos de amigos y familias acotan desde bien temprano sus zonas en La Sobatiella y llegan dispuestos a quedarse ya todo el día

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Luján Palacios

Luján Palacios

Pola de Siero

No hay Mundial que pueda con el Carmín. Decenas de personas tomaron los praos de la Sobatiella desde mucho antes de la apertura oficial del recinto para la tradicional operación de coger sitio, algo nada baladí cuando se esperan decenas de miles de visitantes en la gigantesca romería de esta tarde. Este año más de uno llegaba de doblete tras la noche finalista ante Argentina, pero "todo sea por la fiesta, esto hay que mantenerlo y estar en buen sitio es fundamental", señalana el saregano Jonathan Rimada, martillo en mano, acotando la parcela para su pandilla. Este año "más floja, una docena. Es que estamos muchos divorciados, debe ser cosa del agua", bromeaba el romero junto a su amigo Toño Martínez tras desplegar un cenador para evitar insolaciones y orbayos.

Como ellos, decenas de grupos se desplegaron por el prau con cintas, mazas y todo tipo de artilugios para hacerse un hueco. Los hay que ya llevan muchos años ocupando el mismo espacio, como la enorme pandilla de Pablo Cueto, "LPJ, la Peña el Jarru", con "unos 75 integrantes, posiblemente de las más numerosas de la fiesta, con gente de Valdesoto, la Pola y Carbayín". La noche fue larga, y "sólo hay que mirar las caras que hay por ahí", pero obligación manda y los peñistas ya tenían puesto todo: parasoles, mesas, carteles con chascarrillos y la sidra. Mucha sidra. "Calculamos que tendremos una caja de sidra por persona, no está mal", apuntaba Cueto, con una pila de garrafas de agua congelada ya dispuesta para enfriar la bebida. "Para que cuando llegue la gente a las cinco la sidra ya esté fría y poder empezar a pasarlo bien cuanto antes", relataba. La comida eso sí, esperará hasta las tres, en la segunda remesa de preparación.

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La hora oficial de apertura de la Sobatiella eran las diez de la mañana, pero "llegamos a menos veinte y ya estaba lleno de gente cogiendo sitio; algunos ya vinieron hasta el viernes pasado", explicaba Iyán Gutiérrez. Pese al espíritu festivo no faltan las "movidas" entre peñas, que van bailando sitios. "Llevamos quince años en esta parcela, fuimos moviendo el sitio, y hoy nos topamos con que nos habían quitado parte del espacio, pero nos apañaremos con la gente del Roble, que los tenemos de vecinos y siempre nos llevamos muy bien", cuenta el poleso. Por si acaso, ya se iba a quedar toda la mañana para alargar la fiesta y echar un ojo junto con Elisabeth Giraldo, de Toledo, que debuta este año y tenía previsto "alucinar" con el mogollón. Todo ello rodeados de cajas de sidra y con "un sueño enorme; a quién se le ocurre poner la final del Mundial cuando el Carmín", bromeaban los amigos.

La fiesta llega a Toledo y cruza los mares, concretamente hasta Manchester. El matrimonio formado por el británico David McBride y Diana Fernández, de Pola de Laviana, lleva un año residendo en la Pola pero ya se sabe de memoria el ritual del Carmín. Tanto que a las diez de la mañana ya estaban como clavos para poner su cenador a la sombra, porque "tenemos un bebé", y necesitan un hueco más recogido para su pandilla de siete. "En Inglaterra no hay fiestas tan grandes como esta, pero me encanta", apuntaba David, disfrutando de su segundo Carmín y a la espera de que "aguante el tiempo".

A unos pasos, se daban mañana los polesos César Vázquez y Efrén Sánchez, con un grupo de 20 amigos, tras sortear "a quién le tocaba madrugar; ya lo hicimos antes de la final del Mundial y cada año le cae a uno", bromeaban. Forman parte de la peña de un bar poleso, y tienen claro que "siendo muchos es fundamental coger sitio, porque luego llegas y donde puedas". El mejor sitio "es a la sombra de los árboles, pero esos siempre están ya cogidos", explican. Y si la final hubiera sido hoy lunes, lo tienen claro: "la seguimos desde aquí, aunque sea por la radio".

Y como ellos, Aimara Álvarez y Begoña García apuraban la colocación de sus carpas, decoradas con banderas de Asturias. Cuentan con ser unos 16, y aunque "veníamos de chavalinos, luego hubo un parón y ahora los críos quieren venir. Solos no puede ser, así que volvimos todos", indicaban atareadas entre mesas y sillas, a la espera sólo de subir al prau con la comida, en desfile y, como siempre en el Carmín, desbordados de alegría.

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