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Lugones abre el Carbayu con un emotivo pregón de Roberto Nicolás centrado en las fiestas de hace medio siglo

El representante de la organización de la cabalgata de Reyes agradeció a la Cofradía de Nuestra Señora del Buen Suceso la designación: "Es un placer, algo con lo que no contábamos"

Roberto Nicolás, durante la lectura del pregón.

Roberto Nicolás, durante la lectura del pregón. / Sara Arias

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Lugones (Siero)

Lugones abrió ayer una nueva edición de las fiestas de El Carbayu, organizadas por la Cofradía de Nuestra Señora del Buen Suceso, con un pregón que miró al pasado de una de las celebraciones más arraigadas del concejo de Siero. Roberto Nicolás, en nombre de la asociación que organiza la Cabalgata de Reyes, fue el encargado de dar el pistoletazo de salida con un recorrido por aquellos años de finales de los sesenta y principios de los setenta, cuando los palenques sonaban desde primera hora, las orquestas llenaban romerías y verbenas y el conocido «paraguas» de luces iluminaba por las noches el recinto. "Para nosotros es un placer esta designación, algo con lo que no contábamos, siendo toda una sorpresa», señaló Nicolás, que agradeció el detalle a la cofradía y tuvo un recuerdo para quienes han contribuido con su «trabajo, colaboración, esfuerzo e ilusión» a sacar adelante la Cabalgata de Reyes.

El paraguas de luces

Buena parte de la intervención de Nicolás fue un viaje a la fiesta del Carbayu de hace medio siglo. Así recordó cómo los más jóvenes vivían los preparativos pendientes de la colocación de las banderas y atracciones que llegaban al recinto, mientras quienes ya empezaban a acudir a los bailes esperaban conocer las orquestas contratadas. De aquellas imágenes permanece en la memoria el popular paraguas de luces, formado por pequeñas bombillas envueltas en celofán de colores. En el centro se levantaba el escenario o templete, sustentado sobre grandes bidones de aceite, y a su lado estaba «el Topu», una caseta con gramola que ponía música durante los descansos de las orquestas. Eran también momentos para acercarse al «Cazuelu» a tomar unas sidras o un porrón de cerveza con gaseosa, subir a las lanchas o probar suerte en las casetas de tiro.

El domingo era el día grande, dedicado a Nuestra Señora del Buen Suceso. Los vecinos acudían con sus mejores galas a la misa y la procesión, acompañadas por la Banda de Música El Milán y por numerosos niños y jóvenes vestidos con el traje regional. Nicolás evocó especialmente el respeto con el que se seguía el recorrido, durante el que «reinaba un silencio sepulcral». Después llegaba el vermú y el pastelillo que la Cofradía ofrecía a sus socios, antes de regresar por la tarde a la romería y la verbena.

"La Kreme"

Y todavía quedaba un último capítulo: «La Kreme», que se celebraba habitualmente el sábado siguiente y ponía el broche a El Carbayu. Consistía en un baile en los jardines de la sala de fiestas Avenida, amenizado por una atracción del momento y una orquesta de prestigio, además de un sorteo de regalos. Era el cierre de unas jornadas que, recordó Nicolás, dejaban a los vecinos esperando ya con ganas la siguiente edición.

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