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La sequía golpea a la sidra asturiana: los productores de manzana alertan que el 30 por ciento de la cosecha podría perderse este año

El sector denuncia que trabaja con pérdidas económicas y se se integra en la Unión Rural Asturiana (URA) para exigir "referencias objetivas de costes de producción, como la carne y la leche

Manzanas en el llagar de Sidra Castañón, de Quintueles (Villaviciosa).

Manzanas en el llagar de Sidra Castañón, de Quintueles (Villaviciosa). / Luisma Murias

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Luján Palacios

Luján Palacios

Viella (Siero)

La falta de lluvia empieza a amenazar seriamente la próxima cosecha de manzana de sidra en Asturias. Los productores advierten de que, si las precipitaciones no llegan en las próximas semanas, la sequía podría provocar la pérdida de al menos un 30 por ciento de la producción, comprometiendo una campaña que depende especialmente de las lluvias de agosto y septiembre para que el fruto alcance el volumen necesario antes de la recolección. "Los árboles tienen ya estrés hídrico. Las lluvias de agosto determinarán la producción", señala Jesús García de la Escosura, uno de los representantes de los productores de manzana recién integrados en Unión Rural Asturiana (URA).

La situación añade un nuevo elemento de incertidumbre a un sector que ya afronta desde hace años un problema estructural de rentabilidad. Borja Fernández, secretario de Unión Rural Asturiana, presentó ayer la incorporación a la organización de varios productores de manzana de sidra acogida a la Denominación de Origen Protegida (DOP) vinculados hasta ahora a la Asociación de Manzano de Asturias (AMA), con el objetivo de que sus reivindicaciones tengan presencia en las negociaciones con la Administración y con el resto de operadores de la cadena. Fernández puso el foco en los bajos precios de la manzana, que, según denuncian los productores, no permiten cubrir los costes de unas explotaciones que soportan además el incremento general de los gastos de producción.

Por la izquierda, Eduardo Cortés, Jesús García de la Escosura, Borja Fernández y Pedro Díaz, en la sede de URA

Por la izquierda, Eduardo Cortés, Jesús García de la Escosura, Borja Fernández y Pedro Díaz, en la sede de URA / Luján Palacios

García de la Escosura concretó la magnitud del desequilibrio. Un estudio encargado por el Consejo Regulador de la DOP a la Universidad de Oviedo sitúa en 57 céntimos por kilo el coste medio de producción en las pomaradas asturianas, actualizado a 2025. Sin embargo, el precio medio percibido por los productores ese mismo año fue de 48 céntimos, diez céntimos por debajo del coste.

Los agricultores alertan de que esta diferencia amenaza la continuidad de las explotaciones, toda vez que menores ingresos significan menos capacidad para invertir, mantener las pomaradas o renovar las plantaciones y, en última instancia, menos producción. "Es un círculo pernicioso", explicó García de la Escosura, que advierte de que el proceso puede desembocar en el abandono de explotaciones, una tendencia que los productores aseguran que ya se viene produciendo desde hace casi dos décadas.

Referencias colectivas

La reivindicación de URA pasa por que el Principado establezca "referencias objetivas de los costes de producción de la manzana", al igual que ya se hace en otros sectores como la leche y la carne. Los productores consideran que contar con un indicador elaborado por profesionales independientes permitiría disponer de una referencia para negociar precios y avanzar hacia la viabilidad económica de las explotaciones. También reclaman la creación de mesas permanentes en las que estén representados los distintos eslabones de la cadena.

La cuestión del precio se suma ahora a una campaña condicionada por la meteorología en la que la falta de precipitaciones ya está provocando estrés hídrico en los árboles y algunos productores han comenzado a observar caída prematura de manzana. Agosto resulta decisivo para el fruto que se recogerá en octubre, mientras que las lluvias de septiembre serán determinantes para la manzana de noviembre, señalan. Y si no llueve a tiempo, el fruto puede caer antes de alcanzar el tamaño necesario y reducir de forma importante el volumen final de la cosecha.

Y a mayores, más allá de la cosecha actual en riesgo, los productores consideran que garantizar la rentabilidad de la manzana asturiana es también una forma de proteger la propia cultura sidrera declarada como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. "La cultura sidrera no existiría sin productores ni manzanas asturianas", sostiene García de la Escosura.

Los productores piden, además, que los consumidores distingan entre la sidra elaborada con manzana asturiana amparada por la denominación de origen y otras elaboraciones. La contraetiqueta de la DOP, explican, permite garantizar la trazabilidad del producto y conocer, mediante su identificación, el origen y la variedad de la manzana utilizada.

La reivindicación se produce, además, en un momento en el que los productores consideran que el valor generado por la sidra no se está repartiendo de forma equilibrada. Eduardo Cortés, otro de los productores, recuerda que, mientras el precio de la materia prima ha permanecido prácticamente estancado, el de la botella ha seguido aumentando. "Así no se sostiene", concluye.

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