Contemplo en la recién nacida edición digital de Siero de LA NUEVA ESPAÑA el proyecto de la escuela para bebés que se ubicará en el antiguo cine de La Pola. Tiene un aire de cápsula espacial, a la vez que conserva los elementos de la fachada del edificio, reconocible para muchos de nosotros, ya que supuso el epicentro del ocio en la temprana adolescencia. El Ayuntamiento parece confiado en poder iniciar en meses las obras y pienso que ha pasado mucho tiempo desde que desapareció el viejo cine. Su cascarón ha permanecido mudo durante años, en los que yo siempre lo he contemplado como quien observa un fantasma de su propio pasado.

Gasté muchas tardes de sábado en aquel cine, que ya encaraba su agonía. A veces uno acudía con la pandilla de amigos y confiaba en tropezarse acaso con la chica del colegio que le gustaba. Otras, también muchas, iba solo, a la sesión de las ocho de los sábados. Ya entonces estaba muy extendida la vieja leyenda de que se oía corretear a las ratas por el patio de butacas, pero he de decir que yo nunca las escuché. Sí recuerdo haber visto “Beltenebros”, de Pilar Miró, en perfecta soledad, una noche de tormenta.

Hace un cuarto de siglo, el municipio vivía algunos hitos que permitían aventurar un cambio de época y que también despertaban numerosas incertidumbres

Este año se cumplirán 25 desde que comencé a trabajar como corresponsal de este diario en Siero. Llegué a este oficio un poco por casualidad, pero ya puedo afirmar que es aquello a lo que más tiempo he dedicado en mi vida. Hace un cuarto de siglo, el municipio vivía algunos hitos que permitían aventurar un cambio de época y que también despertaban numerosas incertidumbres. Recuerdo las reuniones de comerciantes que vaticinaban el fin de las tiendas locales por la apertura de Parque Principado, cuyas obras aún no habían comenzado; el debate sobre el impacto que tendría la prolongación de la Autovía del Cantábrico, que entonces moría en Pola de Siero. Por aquel entonces escribí aquella noticia que parecía delirante de que en Bobes se crearía el mayor polígono industrial de Asturias. Siero era punta de lanza de muchas cosas, pero también salvaguardaba orgulloso sus tradiciones e identidad.

Hoy Siero vuelve a estar de moda y las miradas regresan a un concejo ecléctico, en el que caben todas las Asturias y que constituye un microcosmos que refleja los anhelos e inquietudes de toda una comunidad autónoma, como pasó antaño. Cruce de caminos y cruce de destinos.

Por aquel entonces escribí aquella noticia que parecía delirante de que en Bobes se crearía el mayor polígono industrial de Asturias. Siero era punta de lanza de muchas cosas, pero también salvaguardaba orgulloso sus tradiciones e identidad

Bien pensado, quizás ningún sitio mejor que Siero para explorar la novedosa y acertada apuesta que supone una cabecera digital de un periódico cuya hegemonía en esta región ya va camino del siglo. Dónde mejor para vislumbrar el futuro con los pies firmes en el suelo de la experiencia y la memoria.

Solo uno de cada tres sierenses ha nacido en el concejo, pero estoy seguro de que el cien por ciento lo consideran propio; incluso los que ya no vivimos allí pero indefectiblemente lo sentimos con la autoridad que conceden las raíces: aquel lugar que sabe a guiso de madre y sueños infantiles, a primer amor y a tránsito a la madurez.

Mis dos hijas son polesas hasta el tuétano: “La Pola es el mejor lugar del mundo”, dice Valeria, la mayor. Veo en sus ojos esa fascinación que conlleva el despertar de la vida allá donde creces

Mis dos hijas son polesas hasta el tuétano: “La Pola es el mejor lugar del mundo”, dice Valeria, la mayor. Veo en sus ojos esa fascinación que conlleva el despertar de la vida allá donde creces. A veces les cuento que donde hoy está el parque de La Habana yo maljugaba al fútbol con mi hermano Alejandro, mi desaparecido primo Quique Montes y su hermano Isaac. Que hubo un tiempo sin móvil, ni Whatsapp, ni Youtube, ni Amazon, en el que lo más moderno que había era el Apple Mcintosh de Juanjo Camino, a cuya casa peregrinaba para ver películas de miedo y comer palomitas cuando superábamos los exámenes del instituto. Que con José Cezón, Patri Canga, Valentín Loredo (el del “Abre César”) y el gijonés Carlos Alonso hicimos derrapar a un coche de la Policía Local delante de la iglesia de San Pedro y convertimos el antiguo Banco Siero en un Saloon del Far West para el rodaje de “El idiota”. A veces les pongo películas en casa y me dicen que deje de pasarles títulos “del milnovecientos”. Tienen razón: el viejo cine será mañana una escuela para niños hasta tres años. El pasado ya es futuro. El futuro está presente. Bienvenidos a Siero.