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José Antonio Coppen

Bitácora de Lugones

José Antonio Coppen Fernández

El placer de leer

Sobre un hábito cuyo beneficio radica más en la calidad que en la cantidad de los libros

Quedó atrás la festividad del libro, que bien podría decirse que esta celebración debería de ser los 365 días del año. Y nuestro primer deseo es iniciar este artículo con el mensaje que nos dejó Sócrates: “Dedica tu tiempo a mejorarte por medio del escrito por otros hombres y así llegarás finalmente a lo que otros han conseguido luchando”.

También se ha dicho: “Leer y entender es algo; leer y sentir es mucho; leer y pensar es cuanto puede desearse”.

La mejor manera de dar brillo a la mente es practicando la lectura. Se hace mucho ejercicio físicos en los gimnasios, son miles los hombres y mujeres que acuden a estos centros, pero poca gimnasia mental a través de la lectura y, quien tenga la afición, también a través de la escritura. Hemos de añadir que hay que amar la lectura, pero sin desmesura, porque su abuso puede llegar a convertirse en un vicio, y este anula el pensamiento. A Alonso Quijano del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio, señala Miguel de Cervantes en “El Quijote”

La lectura debiera de suscitar principalmente en el lector el afán de abastecerse de material para pensar. Leer sin pensar puede que resulte un buen entretenimiento pero no nos conduce a cultivar y enriquecer el pensamiento. Prestar mucha atención y lograr su retención son condiciones muy provechosas en la lectura y hasta puede que se convierta en un diálogo.

El beneficio que podemos obtener radica más en la calidad que en la cantidad de los libros. Es importante realizar correctamente la digestión del alimento de la lectura. Seleccionando libros alentadores del espíritu, nuestra memoria e imaginación tendrá un sentido más práctico de la vida.

Bueno es crecer entre libros, que es como crecer en un ambiente familiar agradable, rico de sensaciones y vidas ejemplares estimulantes de emular.

En efecto, el mundo está lleno de libros, pero no es menos cierto que está bastante huérfano de lectores. Por eso toda orientación que permita promocionar la práctica de la lectura, además del beneficio personal contribuirá a lograr una sociedad mejor.

En la medida en que a cada cual se lo permitan las circunstancias, hay que combatir la cómoda actitud de instalarse en el diván de la pasividad, como la de aquellas personas que, por dejadez, sustituyen la lectura por el vicio fácil del espectador televisivo, que anula peligrosamente la gimnasia mental que proporciona la lectura, imprescindible, por otra parte, a partir de cierta edad para que no se atrofien las neuronas.

Por último, conviene añadir que, de la misma manera que no debemos comer como un fin exclusivo para engordar o estar fuertes, sino como alimento imprescindible para el organismo y también como placer gastronómico, no hemos de leer con afán desmedido para alcanzare la sabiduría, paraíso reservado para los elegidos. Hay que ejercitar la lectura como enriquecimiento del pensamiento y disfrute del espíritu.

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