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La Nueva España de Siero

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José Antonio Noval Cueto

José Antonio Noval Cueto

Alcalde de Siero (2010-11) por el PP

Una de espías

No soy muy lector de novela negra ni de los géneros afines (agentes secretos, espías, ciencia ficción, terror…). Siempre la he vinculado más con intereses comerciales  que con la buena literatura, aunque hay excepciones que evidencian mi error o mi imprecisa y limitada concepción de la novela, a la que siempre he asignado el papel de radiografía de la sociedad de su tiempo y un buen muestrario de los móviles y conductas humanas, con sus grandezas y sus miserias… De ahí la importancia que siempre tiene la literatura para conocer al ser humano, móviles y aspiraciones, y la sociedad que le toca vivir.  Entre esas excepciones recuerdo las bien narradas  novelas de Francisco García Pavón en la persona de Plinio, jefe de la Policía Local de Tomelloso,  con sus aventuras y preocupaciones diarias, y más recientemente las novelas de Leopoldo Padura, especialmente “El hombre que amaba a los perros”, en la que se mezcla la historia, guerra civil española y sus protagonistas Trotsky y Ramón Mercader, su asesino, el suspense, la trama novelesca y sus fundadas disertaciones junto con una envidiable calidad literaria que facilita su lectura, y en esa misma línea es de mencionar las muchas influencias del género negro que tiene el libro de fama mundial de Umberto Ecco “ El nombre de la rosa”…, que enriqueció este género y que abrió nuevas posibilidades a la novela. Y todo ello en un país de avispones o soplones profesionales que aún perduran en la actualidad con gran fuerza , y que ya aparecen muy bien descritos en la Sevilla cervantina del señor Monipodio, y todo en un país como el nuestro, en el que uno de nuestros mejores escritores de todos los tiempos, como es Francisco de Quevedo, tuvo que huir de Nápoles con gran peligro de su vida, al descubrirse sus actividades de espionaje sobre la República de Venecia.

Uno pensaba que el espionaje era cosa de otro tiempo, quizás de la llamada  guerra fría, pero observas que desde que se generalizo la sociedad digital, éste ha ido a más. Hay espionaje político, industrial, militar, científico, matrimonial, filial… Y todo bajo el pretexto de que uno no puede dormirse, que la información es poder. Tomas un vino en un bar y apenas sales ya te pregunta el móvil o celular si te gustó el vino y si el servicio fue de tu agrado. Si wasapeas o tecleas alguna información o deseo, al poco tiempo te llegan ofertas comerciales que se comprometen a convertir en realidad, y rápidamente, tus apetencias…Si hablas por teléfono tu conversación debe ser banal, intrascendente, protocolaria, pues puedes encontrarte con alguna sorpresa o grabación que tense tu descanso, que dañe tu tranquilidad…ya ni a comer puedes ir a un restaurante, pues puedes encontrarte micrófonos o ‘caracoles’ donde menos esperas…Un día tras otro tu ayuntamiento y el vecino hablan de las ventajas que ofrecen las cámaras de seguridad instaladas en las calles…

Este es el mundo que nos encontramos, en el que hay personas en la cárcel que tienen más poder que el mismo poder, pues si hablan, si sueltan la lengua harían añicos muchos poderes, personas o instituciones…Omito dar nombres, son de sobra conocidos y sabemos que su prisión es relajada, amorosa, culinaria, complaciente a la espera de su prometida y justificada oportunidad…¡Hay muchas personas que tienen el tejado de vidrio y con esa zozobra tienen que vivir ayudados de todo tipo de ansiolíticos…!

Esta pequeña radiografía del tipo de sociedad que impera da pie a pensar que cada vez somos menos libres, que cada vez somos menos las personas que podemos decir “sí” o “no”, y esto tiene su peaje y genera esa desesperanza que atrofia la sociedad que vivimos, en la que ya tenemos bastante con protegernos del virus y de las nefastas consecuencias económicas de la guerra de Ucrania…

Pero los acontecimientos vividos esta semana con los espionajes de “Pegasus”, ya realizados por el CNI , ya por algún Centro Externo según palabras del ministro Bolaños, han elevado nuestra inseguridad hasta límites insospechados, y nos han dejado boquiabiertos y tensos a los españoles sensatos, que somos la mayoría,  sea cual sea la ideología de cada uno. ¿Alguien cree oportuno y necesario que los secretos de Estado se divulguen y lleguen a conocimiento de nuestros adversarios y enemigos, que los tenemos? Si se han hecho referéndums para justificar nuestra entrada en la Unión Europea , en la OTAN… ¿Cómo es que se permite, que en aras de un apoyo parlamentario, se divulguen y den a conocer los documentos o información sensible que nos sostiene y mantiene como Estado?

Ya llevamos tiempo pasando la línea roja del sentido común ¿Qué se busca o pretende? ¿Por qué se pone en peligro la seguridad de todos? Esto no tiene justificación ni encaje y alguien tiene que dar explicaciones, a no ser que el Estado de Derecho de facto no exista. Hay demasiados silencios. ¿Esto es de verdad política? Yo siempre creí, ingenuamente, que la política debía estar al servicio del bien común y beneficio de todos, que debía ser previsible, consensuada, especialmente en política exterior, pero visto lo visto y oído lo que estos días hemos oído, uno se abochorna, se avergüenza y ya no sabe a qué atenerse. Es el mundo al revés y esto no trae nada bueno y si no que se lo pregunten a los más de 700.000 españoles que están en lista de espera para operarse.

 

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