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José Antonio Coppen

Bitácora de Lugones

José Antonio Coppen Fernández

El placer de viajar

La rentable inversión de indagar, descubrir lo desconocido y despojarse de los prejuicios

Como nos encontramos en la época propicia para ir pensando y programando las vacaciones, no debemos olvidar que viajar es un auténtico placer. En nuestra opinión después de preservar la salud a cualquier precio, la inversión más rentable es aquella destinada al placer de viajar, por lo que tiene de enriquecedora.

Viajar es algo más que ir en busca del sol. Viajar es cambiar de ilusiones, escenarios y prejuicios. Sirve para conocer la cultura y costumbres de otros pueblos y para despojarse del prejuicio de que solo en el propio país se puede vivir de la manera que uno está acostumbrado. Viajar es indagar, descubrir personalmente aquello desconocido. Y cuanto mayor capacidad de observación y grado de curiosidad alimente el espíritu, más constituirá una fuente inagotable de placer.

Ni que decir tiene que la casa-hogar y el entorno habitual de nuestra cotidianidad producen monotonía, a veces casi imprescindible porque nos acostumbramos a convivir con ella, y segrega una carga de tedio interior. Es posible que la buena vida (para algunas personas) sea la vida regular y metódica, pero no deja de ser francamente muy limitada.

No debemos olvidar que la casa y la cama, comen, lo que contribuye a languidecer y marchitar la vida. Por eso viajar es ante todo romper la rutina.

Naturalmente que cuesta trabajo combatir la vida metódica, sacar los pies del propio hogar. Adquirir el hábito de viajar debe de figurar en la lista de nuestras inquietudes y, en función de los recursos económicos de cada cual, olvidarnos de los riesgos e inconvenientes que pueda suscitarnos. Cuando se proyecta un desplazamiento al extranjero, ni el idioma puede esgrimirse como excusa: que se sepa, por desconocerlo nadie ha dejado de regresar a su hogar.

Cada vez que se emprende un viaje, es como abrir las páginas de un nuevo libro en el que los viajeros son sus principales protagonistas, con todas sus aventuras y no menos ilusiones.

Al cruzar al regreso el umbral del hogar, el libro se acaba. Y ya se sabe que un buen libro es aquel que se abre con interés y se cierra con provecho.

Obviamente con la lectura de un buen libro se puede emprender el maravilloso vuelo directo de un viaje, cómodamente y sin mayores gastos, pero nunca seremos los protagonistas de las aventuras.

Nos convertiremos en simples espectadores y esta condición no nos permitirá experimentar las agradables sensaciones que produce el viaje que se desarrolla en vivo.

Tampoco nos permitirá archivar con toda nitidez en la biblioteca de nuestras mentes cuantas imágenes y conocimientos podamos adquirir durante la experiencia del viaje.

Luego hay también otra manera de viajar, sin costo ni riesgo alguno, que es a través de la utilización de la nave de los recuerdos. Pero, todo hay que decirlo, en este caso el placer ha de soportar el peso de la nostalgia y de la melancolía, al transformarse las imágenes al tono del blanco y negro con el paso del tiempo.

Perlas de la sabiduría.

El buen humor es el buen deber que tenemos para con el prójimo. (Wallace Stevens, poeta de Estados Unidos)

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